Cosas del español (91): DEL DERECHO Y DEL REVÉS
Los palíndromos y los anagramas son ejercicios
que convierten el lenguaje en laboratorio para experimentos lúdicos. Son letras
viajeras que se miran al espejo y cambian la dirección de la lectura, que se
separan para agruparse otra vez y generar nuevos vocablos o nuevas oraciones de
significado diferente.
El palíndromo es una fuerte de cambio de ida y
vuelta entre los componentes de una oración o entre las letras de una palabra,
como resultado del cual unas y otras mantienen su sentido tanto si se leen de
izquierda a derecha como de derecha a izquierda. Uno de los ejemplos más
conocidos es dábale arroz a la zorra el abad. Un somero rastreo
en internet permite multiplicar el listado de estos «capicúas» del lenguaje,
que algunas veces consiguen formas muy logradas. No podemos hablar de
palíndromos sin hacer referencia al brillante y siempre crítico escritor
guatemalteco Augusto Monterroso, prolífico inventor de muchos -al margen de
maestro microrrelato-, que trató el tema en «Onís es asesino», texto que, con
título de palíndromo, forma parte de su ensayo Movimiento perpetuo.
El término procede del griego palíndromos,
que significa ´que recorre a la inversa´. Se ha querido atribuir su invención
al poeta satírico griego del siglo III a. C. Sótades, aunque los primeros
ejemplos conservados son posteriores. Como muestra de palíndromo múltiple, se
cita habitualmente el célebre cuadrado de Sator, hallado en las ruinas de
Pompeya, pero presente también en otros restos de edificios romanos, así como
en construcciones religiosas. Lo forman cinco palabras escritas en latín
dispuestas de tal manera que se repitan si se leen de izquierda a derecha o
viceversa, de arriba abajo y a la inversa:
S A T O R
A R E P O
T E N E T
O P E R A
R O T A S
Sobre su significado y simbolismo hay opiniones
muy diversas relacionadas con la religión, el esoterismo o la cábala.
El anagrama también fue popular en la
Antigüedad. Se trata de un cambio en el orden de las letras de una palabra o de
las palabras de una frase que tiene como resultado la creación de un término u
oración diferente. Es un juego lingüístico semejante al palíndromo, pero menos
exigente. Anagrama de armonización es, por ejemplo, romanización,
y cabría transformar murciélago en Camilo ruge. Las
posibilidades son múltiples.
Es indudable la utilidad del anagrama como
método para encriptar mensajes. En el ámbito literario ha enmascarado más de
una vez autorías sospechosas. Cortázar ha logrado resultados muy brillantes en
alguno de sus cuentos. Mención especial merece el Avida dollars,
anagrama de Salvador Dalí que ideara André Breton para caracterizar
despectivamente la deriva mercantilista de un pintor que, en su opinión, había
sacrificado sus dotes creadoras, movido por la sed de dinero.
(Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs., 227, 228 y 229).

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