DE HECHICEROS, CURANDEROS, INTELIGENTES Y SOBADORES

Juan Ramón Martínez

Francisco Cruz Castro fue un médico, político y diplomático hondureño que fue Presidente interino de la República de Honduras en 1869-1870

Esta historia me la conto mi madre: 

En las últimas semanas notó que no hablaban aunque comían juntos. Hacía diez años que se habían “juntado para vivir juntos”. Siempre había sido muy conversador, alegre; y contador de anécdotas. Ahora, comía en silencio, no levantaba los ojos del plato. Apenas decía gracias cuando empujaba la silla de la mesita del comedor. Tenían cuatro hijos. Y su vida sexual había sido muy activa; pero – que coincidencia – por esas mismas fechas, dejó de interesarle la cuestión. Por la noche, se acostaba primero; al rincón; y ponía la cara hacia la pared dándole las nalgas a ella, Amelia, su mujer. Eso no le gustó. Y le preocupo. Se lo contó a la comadre Fidelina y esta con alguna preocupación; pero dándole seguridad que la cuestión se arreglaría, le recomendó que consultara con don Marcial Berrios, el del Tránsito que sí sabe de estas cosas. Dos días después le visitó. Le escuchó con atención. Le hizo varias preguntas que Amelia no les vio sentido. Pero bueno, él es el que sabe por dónde se costura, pensó. Le prestó atención: a partir de hoy, se baña le dijo con agua y jabón de olor antes de acostarse, un día si con agua fría y al día siguiente con agua caliente; y sacando de una alforja que tenía al lado, le dio dos botellas: una roja y otra verde. Se toma todas las mañanas, medio día y tarde, dos cucharaditas, de cada una de las botellas. Y venga dentro de un mes. Al fin del mes, llegó muy alegre y feliz, con la sonrisa de oreja a oreja, ella llegó al Tránsito, diciéndole don Marcial, ¿cuánto le debo?. El problema está resuelto?. Claro que sí. Estamos como si nos hubiésemos casado ayer. Muchas gracias. Págueme lo que usted le parezca, le dijo. Y ella, abrió su portamonedas y le entregó con gusto, todo lo que llevaba adentro.

La semana pasada un grupo de universitarios de la UNAH, leyeron una investigación muy interesante sobre este tema, en el periodo del gobierno del general Carias Andino. Tomaron como base las publicaciones de la Policía Nacional, donde se publicaron denuncias en contra de brujas, hechiceras, lectoras de cartas y expertas en amarres amorosos.

En la década de los cuarenta había pocos médicos en Honduras. Una parte trabajaba con el gobierno. La mayoría atendía sus clínicas privadas. De modo que eran frecuentes las denuncias por prácticas en las que en el manejo de la medicina, se hacía contra personas que sin tener los conocimientos para ello, ofrecían y daban servicios. Eran los curanderos, que algunos llamaban con mala intención, hechiceros. La mayoría mujeres. Su presencia no era inexplicable. La población tenía necesidades -- no solo las  relaciones inter familiares--, sino que también tratarse las enfermedades más comunes de entonces: el paludismo, afecciones nasales y bronquiales, los malestares estomacales y lo que casi no se conocía como tales, las ulceras que se  desarrollaban en el estómago, el colon o en el esófago. Es decir que además de la falta de médicos, estos eran poco accesibles, relativamente caros, estaban en Tegucigalpa y SPS; y solo eran accesibles para las personas que tenían recursos. El resto tenía que echar mano de otras personas que, incluso en algunos momentos se les llamó “inteligentes”. En Teupacenti, El Paraíso, vivía para entonces el curandero más famoso de Honduras.

En Trojas Tres, campo bananero del distrito de Coyoles Central, Olanchito vivían juntos Filiberto Isaula y Adelaida Almendárez. Corría el año 1946. El, un hombre alto de unos 1.87 centímetros, olanchano de armas tomar. Ella, inteligente mujer, diligente y trabajadora, muy sociable y originaria de una familia pobre de Olanchito. Por cosas de la luna, dijeron, Filiberto empezó a entristecerse, quería llorar, veía aparecidos apenas apagaban la luz de los candiles; y para evitar que lo vieran y le faltaran el respeto usaba el sombrero de pelo de ala ancha, tirado sobre la cara, de forma que no se le veían los ojos aguados de sus emociones descontroladas en los pocos días que se permita salir por breves momentos y en horas de la tarde. Prefería estar acostado y triste en su cuarto. Una sobrinas suyas – dos mujeres galanas, alta y de menos de veinte cinco años y de rostro alegre-- que habían llegado del Rosario, Olancho estaban hospedadas en el barracón de Isaula, empezaron murmurar y a explicar las causas de la enfermedad de Filiberto. De boca en boca, creció la especie: a Filiberto le han hecho mal. Y cuando preguntaban quién era la autora, era inevitable reconocer que la primera sospechosa era su mujer, Adelaida.

Adelaida, --acosada por la maledicencia en una comunidad de veinte y cuatro familias, todas encabezadas por trabajadores de la Standard Fruit Co.--  mando a un cipote des confianza a Arenal a poner un telegrama triple a su cuñado Abel Isaula, en Concordia Olancho: Urge venga, tengo problemas Filiberto. Cinco palabras. Lo acostumbrado entonces.

Una semana después por el camino que viene de la bomba de riego encontramos a un hombre que caminaba con el ritmo de un hombre acostumbrada a las largas distancias, cubierto con sombrero de pobre, camisa de manta y pantalón descolorido que les dijo adiós con una voz suave, después de preguntarle por el barracón donde vivía Filiberto. Es mi hermano dijo. Me llamo Abel Isaula y vengo de Concordia. Allí, al frente, le respondieron. Llegó, se saludaron con su cuñada Adelaida, se abrazó con su hermano que estaba reclinado en la cama de su cuarto y comió abundantemente. Bebió mucha agua. Me parece diferente. Es que es de pozo, dijo Filiberto. Adelaida le informó del problema y Abel hombre de pocas palabras dijo: mañana salgo a buscar remedio.

En la mañana brumosa los peones que iban a sus tareas lo vieron a la distancia, con su paso tranquilo y su sombrero gastado, perderse tras las últimas matas del bananal que se limitaba por el río Yaguala y el cañón de la montaña verde y misteriosa. Contaba que caminó sin parar. Cinco días a pie hasta Concordia, con caites nada más; y después, atravesó las montañas camino a Teupasenti. Dos días más.

Foto del recuerdo del “Doctor” Jerónimo Murillo.

Allí vivió el doctor Jerónimo Murillo. Lo escucho con atención. No se preocupe, le dijo eso tiene solución don Abel. ¿Cómo es su hermano? Tiene 43 años, no sabe leer, usa pistola al cinto, dicen que es valiente, bebe poco, no es mujeriego; y tiene problemas para  dormir. La gente dice que le han hecho maleficio. Muy bien. Entró a su pequeña tienda de medicinas, preparó unas aguas, machuco varias hierbas olorosas y la echó en cuatro botellas: una de vidrio claro, otra verde, otra roja y la última amarilla. Se las entregó a Abel Isaula y le dijo, dígale a su hermano que se tome estas aguas en la forma siguiente: las aguas de vidrio claro y verde: un día y al otro día, las otras dos. Y que se bañe un día con agua tibia y el día siguiente con agua helada. Que no se preocupe. No le han hecho mal, apenas está con un ataque de nervios, por falta de vitaminas. Abel Isaula, regreso ocho días después.

La noche del regreso de su hermano Abel, Filiberto Isaula, empero al tratamiento. Durmió como un bendito. Al día siguiente en horas de la mañana las sobrinas de Isaula regresaron al Rosario apresuradamente. No dijeron porque lo hicieron tan de un día para otro.

En Teupasenti, en el centro del parque local, hay un busto en honor a Jerónimo Murillo. No está ni Morazán ni Valle, sino el del curandero mayor de Honduras, posiblemente el seguidor del más famoso naturista de Honduras don Francisco Cruz. Tan famoso Francisco Cruz que fue presidente de Honduras, sustituyendo en calidad de vice presidente de José María Medina en el Ejecutivo, cuando este después de sus borracheras dejaba el Ejecutivo y se refugiaba en Gracias donde tenía algunas vacas que ordeñaban sus parientes. La estatua de Jeronimo Murillo fue costeada por contribución popular de los miles de personas que encontraron solución a sus problemas en los conocimiento de este “médico descalzo” que durante muchos años compartió sus extraordinarios conocimientos con miles de personas de todo Honduras.

Busto en honor al “doctor”. Jerónimo Murillo en el Parque Central del Municipio de Teupasenti.

En las ciudades más grandes de Honduras en los años cuarenta: Tegucigalpa, La Ceiba y San Pedro Sula, los doctores eran los profesionales más respetados. Pocos; pero famosos. De modo que cuando alguien se refería a curanderos, y recomendaba a sus servicios que eran más modestos en sus pagos, los médicos ponían las denuncias respectivas; y la autoridad policial estaba obligada a proceder de conformidad. Y en lo que se refiere a las relaciones con el poder, no se conocen sino muy pocos casos. Posiblemente el caso más famoso es el del doctor Sánchez Urbina., doctor personal del gobernante Carias Andino que fuera muerto decían porque había participado o no había querido participar en la muerte del gobernante, mediante un inyección envenenada se dijo en el bando de los amigos y de los enemigos del longevo dictador. Todo quedó en el misterio que era la característica de la sociedad de la dictadura de Carias Andino. La muerte del médico nunca se esclareció satisfactoriamente.

En 1968 Luz Marina Barrios, socióloga venezolana hizo una investigación sobre la Religiosidad Popular en la Zona Sur de Honduras para uso de la búsqueda de soluciones de la Iglesia Católica de la Diócesis dirigida por Mercelo Gerin

En el curso de la investigación se identificó a curanderos, adivinos y hechiceros como personajes influyentes en las sociedades investigadas. Para entonces, el término hechicero había caído en desuso, solo útil para las telenovelas de los años setenta que venían de México. Los hallazgos del estudio de Barrios son interesantes. Los lugares con mayor concentración de “médicos descalzos”, curanderos y sobadores se identificaba a Orocuina, Apacilagua y Pespire. Era en este último lugar de mayor oferta de medicina alternativa y en donde residía residía un hombre singular que, aún ahora, muchos años después se debe investigar en forma más amplia, más allá de las publicaciones policiales. Era un curandero que además, “adivinaba el lugar donde estaba la vaca que se había perdido”, el caballo extraviado que lo habían oído relinchar en la media noche galopando descontrolado en los llanos del norte del río; las joyas que de la noche a la mañana habían desaparecido de la cajita donde las guardaba doña Mercedes; o el lugar donde tenían escondida a la quinceañera que se habían robado, hacía un par de semanas unos “húngaros” que habían pasado vendiendo latas brillantes y otros cacharros por el pueblo, contó la madre llorando.

Se llamaba Julián Baires. Tenía más de sesenta años, muy avejentado, que siempre usaba ropa que parecía que nunca había sido suya. Le quedaba muy holgada. Los pantalones siempre tenían los ruedos baja deshilachados porque los arrastraba al caminar. Atendía en su clínica a la orilla del río. Recibía a sus pacientes sentado en una silla de pino, pintada de blanco y una mesa de igual color con un mantel florido de flores rojas. En el centro tenía un cristo metálico de regular tamaño y desde la viga encima, perpendicular pendía un cordel metálico que al final tenía una pequeña esfera de diez centímetros de diámetro que se movía de un lado para otro; pero que cuando el paciente se sentaba el “doctor” Baires, la dirigía para que golpeara al cristo. De acuerdo con los golpes, después de sus preguntas: dónde fue la última vez que vieron la vaca, de qué color es el caballo que se le perdió; y cuántos años tiene la hija que se perdió cuando pasaron los gitanos, él daba las respuestas. Todas acertadas. Los consultantes regresaban convencidos, con los sonidos metálicos del péndulo sobre el Cristo Milagroso, que sus problemas habían terminado. La vaca aparecía milagrosamente en el lugar donde él había señalado. Y al caballo perdido, les recomendaba que lo esperaran cuando pasara, los días señalados, en las horas indicadas, en el paso de la Quebrada La Orejona. Lo mismo que los padres de la joven perdida, sabían dónde encontrar a la hija quinceañera que se la habían robado unos húngaros de mala cara, plácidamente esperándoles para regresar a su casa después de las aventuras amorosas en que se había comprometido.

Es decir que este hombre como muchos otros, resolvió problemas dando asistencia de psicología popular y además, resolviendo problemas al recuperar objetos perdidos. Y cobraba muy poco.

Don Toño de la Unión, Atlántida, era tan bueno y oportuno que no había que ir a visitarlo, con solo una carta, que después de recibida tres días exactos ponía inyecciones en la noche – aquí tengo la señal decía la Tía Tila en Olanchito – que don Toño vino a ponerme. Y si no crees, cómo explicas que me quitó el dolor de cabeza que no me dejaba tranquila ni un ratito durante todo el día, concluía orgullosa. Fue hijo de un hombre “inteligente, originario de Copan, que también ejerció la medicina, nos contó su hijo – hermano de Luis Dubon—en un hiotel de Trujillo, donde residió.  Entre 1960 y principios del siglo XXI, el curandero mas famoso de Honduras fue don Luis Devon. Hombre alto, de voz grave, cara interesante y de mirada fija que vivio primero en la aldea Chiripa, Tocoa, Colon y después en la aldea El Paraíso, en el municipio de Jutiapa, Atlántida. Tuvo miles de clientes en todo el país.

Las cosas han cambiado mucho. Ahora hay doctores en todos los barrios de la capital. Vestidos de blanco y con su estetoscopio al hombro. Y la medicina la dan — cuando hay — en los hospitales. Los enfermos son ahora más dependientes de los favores del gobierno. Pero de repente hay un fragmento –menor que antes, aunque no estamos seguros  del todo – que todavía encuentran solución a sus problemas de salud y a las ansiedades de la vida en los curanderos y otras especies. De lo que sí estamos seguros es que los adivinadores de la suerte, los lectores de cartas o las vendedoras de oraciones a diversos santos todavía tienen su clientela. En los periódicos hay anuncios al respecto:

Dr. Amaro. El astrologo de Honduras- El me ayudo. Resolvió mis problemas. En tres horas te diré como recuperar a tu pareja y economía, empleo. Teléfono 94 515695. Llama  ahora¡¡¡. El doctor Amaro ha ayudado a miles de personas. Llama hoy ¡¡¡ 94 515695”.

Madam Claudia Chappell ya está en Tegucigalpa.¡ ¡Su más afamada TAROTISTA¡ Resuelve tu problema de amor, negocios, enemistades, envidias, viajes, infortunios, impotencia sexual. Se leen las barajas españolas, y del tarot. Limpias talismanes, amarres, ato desato. Trabajos dentro y fuera del país. Haz tu cita ahora; no te arrepentirás. Trabajos 100% garantizados 9916—9274. ( El Heraldo, Tegucigalpa 29 de abril de 20260). 

Hay muchos hombres que le tienen miedo a las mujeres, damas que dudan de la fidelidad de sus maridos. En el Olanchito de nuestros tiempos juveniles las más preocupadas eran las profesoras y las mujeres de los militares. Había una mujer inteligente de verbo florido que incluso los niños que tenían dificultades para hacer sus opciones sexuales, especialmente hijos de padres machos y arrogantes daba consejos a sus padres para para encontrar solución a sus problemas. Y era bastante efectiva. Atendía después por teléfono a clientes de Estados Unidos. Uno se sintió tan agradecido que le mando un automóvil del año.

No hay que creer que es cuestión de clase social o nivel educativo.

En el año 2022 el Br. Manuel Zelaya Rosales, expresidente de la Republica de Honduras y entonces asesor único de su esposa Xiomara Castro Sarmiento declaro a la prensa que Casa Presidencia, por la noche se oían ruidos y que crujían los pisos de madera, por lo que creía que había que buscar  alguna persona para que alejara los malos espíritus e hiciera una limpia. Muchos rieron; pero otros mas creyeron al Br. Zelaya Rosales. Y llamo a expertos para que hicieron el trabajo, de tal satisfacción que en el resto del periodo presidencial no se volvió hablar del asunto.

De repente  la diferencia es que a los doctores de ahora, no les preocupan estos servicios sanitarios alternativos. El gobierno no atiende tanto las peticiones de los sectores influyentes como en tiempos de Carias Andino. O no tienen tiempo como en los años del general Carias para denunciar a las hechiceras o curanderos. Ahora muchos andan en política que es más rentable que la medicina. Pero siendo importante el asunto hay que investigarlo en algún momento en el futuro y celebrar a los jóvenes estudiantes que se preparan para ser historiadores no en el ánimo de juzgar a los actores del pasado, para entender lo que ocurrió, como reaccionaba la gente y los grupos universitarios y que aprendió la sociedad en el periodo estudiado.

Tegucigalpa, abril 27 de 2026.

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