Contracorriente: JUICIO POLÍTICO Y NUEVO RUMBO

Juan Ramón Martínez 

La sociedad política hondureña es lenta, pachorruda, indolente. Poco informada; incluso infantil. No entiende que tenemos un nuevo gobierno. Y que no es solo cambio de caras, sino que modificación de discurso, nuevo magisterio, cambio de estilo, renovados paradigmas y mejores actitudes ante la política y los políticos. Los que no entiendan estas cosas simples; pero para algunos complicadas y alejadas de la acción, incurren en el error.

Ahora en Casa Presidencial tenemos otro gobernante. La “señora cautiva”, dominada por el “inútil marido”, ya no está en la casa del pueblo. Tenemos a otra persona que se mueve constantemente. Sale sin pedir permiso a nadie. Impone un estilo en que convierte a su Secretario Privado en un “Primer Ministro” el que encarga de las firmas y los tramites.  A Asfura le cuesta estar quieto en un escritorio. Prefiere estar  sobre tractores y motoniveladoras. Hablando con sus nuevos funcionarios y estrechando las manos de los ciudadanos. Pero esto, hasta ahora es cosmético. Asfura solo conoce la mitad de la realidad: que el pueblo quiere que cambien las cosas y que con seguridad “todo estará mejor”. El tamaño de la crisis no la conoce todavía.

Por ello urge que los políticos, los funcionarios y el pueblo entiendan que estamos en una nueva época que exige actitudes diferentes. No solo es el fin de Mel como caudillo. Es la derrota del Foro de Sao Pablo, la muerte de la revolución cubana, el desmantelamiento de los estados narcotraficantes. Y el inicio de una “nueva era” en que Estados Unidos consolida su hegemonía, dejando atrás la suavidad del imperio “que no quiere serlo”; que usa nuevas normas y exige a sus aliados con brusquedad.

De allí que el tema del juicio político es importante. No se trata de ser buen cristiano; o no. De renunciar a la venganza y de imponer vía el perdón, la paz entre las familias disgustadas. En este tema tenemos que hacer un ejercicio que indique un cambio de identidad. No se le puede seguir perdonando a Mel y sus acólitos, sus maldades, negligencias, robos y tropelías. Si alguien quiere seguir repitiendo las cosas, indultando a sus “amigos”, regalándole partidos y dándole nuevas oportunidades para que dañe al país, no anuncia muchos perjuicios. También está fuera de tiempo y de lugar.

Las vacilaciones del Congreso tienen que ver con la cultura política. Con las ansiedades de los diputados “refundidores” urgidos por forjar una nueva identidad entre su caudillo ganadero resbalando en su etapa final. Los liberales que, aunque “duermen juntos con los nacionalistas”, repiten que lo hacen en camas separadas. Los nacionalistas que siguen la línea de Asfura que, en campaña, ignorando que su tiempo como gobernante ha empezado a correr y debe actuar para confirmar que dirige un nuevo gobierno, deben construir un nuevo estilo. Que operara de acuerdo a la ley. Gobernando con el cerebro. No con el corazón. Ante un mundo que exige definiciones y posturas claras cada día que pasa.

Sino se aplica el juicio político y se castiga a Mel, Xiomara, Redondo, Hernández, Ochoa y Johel Zelaya, nadie creerá que hemos cambiado de gobierno. Seguirán creyendo –desde el exterior con Bukele burlándose de Honduras porque no ve diferencias– que aquí nada ha pasado. Que el discurso en contra de la corrupción es palabrería barata. Descubriendo que cuando pedimos ayuda para organizar la lucha en contra de la corrupción no es por falta de recursos sino porque no tenemos voluntad de hacer cosas diferentes.

Muchos ignoran que el escenario internacional ha cambiado. El discurso de Rubio en Múnich deja claro cuál es la manera como Estados Unidos tratara con el continente americano. Exigirá que sus aliados recuperen su identidad. Entiendan que tienen que caminar a su lado; y luchando contra los mismos enemigos: China y Rusia. Otra guerra fría. Y en esta lucha nos exigirá no solo persignarnos y repetir citas bíblicas para que vean que somos cristianos y buenos, sino que posturas claras en favor del ejercicio del trabajo para buscar la reactivación económica. Mostrando que ya no seguiremos con la mano extendida, pidiendo que desde afuera vengan a resolver nuestros problemas. Y que los gobiernos no serán, otra vez, instancias para expulsar población hacia el norte; o para transportar narcóticos hacia los Estados Unidos.

Los diputados del CN deben entender esto. Y empezar a actuar, desmontando el gobierno anterior, castigando a sus principales infractores. Y Asfura entendiendo que Estados Unidos le ayudara, si él se ayuda a sí mismo. Cambiando a Honduras.

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