Contracorriente: LIBERALISMO, IDEAS Y TOLERANCIA

Juan Ramón Martínez

Hannah Arendt

Las ideas, las modas y la modernidad siempre llegan tarde a Honduras. Los cambios en el mundo se sienten poco. Antes por falta de medios. Ahora porque a la clase política le interesa poco lo que ocurre fuera. Ha terminado por creer que somos una isla. Que nada de lo que ocurre tendrá efectos sobre nosotros. Pero se equivocan. Valle, Molina, Herrera y Morazán, descubrieron el error.  Poco pudieron hacer.

El primero tuvo más conciencia del mundo. Los otros, más limitada. Valle conoció la Ilustración. Molina, Herrera y Morazán sintieron la revolución francesa; pero no conocieron el liberalismo maduro. Fue hasta 1830 que en Europa hizo su aparición. Enfrentado a las posturas monárquicas y sensible ante el capitalismo y sus efectos demoledores en las relaciones económicas dentro de las sociedades. Ante la conciencia de sus defectos, reconocieron que no era suficiente “dejar hacer y dejar pasar”. Esta libertad para hacer y atropellar sonó bien a algunos. El capitalismo tardaría en aparecer en el horizonte hondureño traído por los inversionistas que sustituyeron a los españoles y sus tesis mercantilistas. 

Los teóricos del liberalismo europeo “aceptaron que el conflicto entre lo moral y lo material no podía ser eliminado de la sociedad sino tan solo contenido”, frenado, controlado parcialmente “y quizás encarrilado de manera fructífera”. Reconociendo que tenía sentido “la hostilidad hacia el poder no sometido a control, ya se trate de poder político, el económico y el social”. Y tenían “fe que los males sociales podían ser curados y que la vida humana podía mejorar”. De allí que era fundamental “el respeto, respaldado por la ley, que tanto el Estado como la Sociedad deben mostrar hacia la vida y los proyectos de las personas, independientemente de lo que estas crean y de quienes sean”. (Edmund Fawcett, “Sueños y pesadillas liberales en el siglo XXI”, Pagina Indómita, Barcelona, 2018).

En resumen, la postura liberal aporta otra trilogía: Conflicto, Poder, Progreso y Respeto. El énfasis no está en la igualdad. Está en la libertad individual. Que preserva a la persona humana asegurando el control del gobierno, imponiéndose el imperio del respeto a la ley.

La Ilustración confiaba en la razón. El siglo XVIII respiraba ilusiones. Los pensadores europeos eran muy optimistas. Creían que, acabando las tinieblas del oscurantismo, arrinconando la fe ciega y el miedo a la condena eterna, podían iluminar “al género humano con la luz del pensamiento”.

Creyeron en la razón hasta que Kant arremetió con sus críticas demoledoras. En Honduras, Ramón Rosa inicio la crítica de la fe, el rechazo de la teología. Encumbro la ciencia y la razón como fórmulas para crear sociedades modernas y desarrollar a Honduras. Planteo problemas e insinuó soluciones que el tiempo confirmo que no eran exactos. Especialmente la creencia que solo bastaba la ciencia y sus aplicaciones para desarrollar la sociedad. Los marxistas trajeron otra oleada de optimismo. Se equivocaron. No basta conocer la sociedad para transformarla. Y la tentación totalitaria, al privilegiar los fines, no siempre dio buenos resultados. Por ello los liberales se enfrentaron en el siglo XIX con el conservatismo y el socialismo, “así como el fascismo y el comunismo en el siglo XX y de sus competidores del siglo XXI: el autoritarismo, el populismo de derechas e izquierdas, las teocracias y el capitalismo estatal de partido único”.

Los caudillos no necesitan ideas. Les parece una pérdida de tiempo pensar. En el Olanchito de mis mocedades el líder “liberal” era el dueño de las haciendas, donde pastaban de vacas de ubre mayor. Cada vez que preguntábamos porque las cosas eran como eran, se burlaba. Decía que la vida nos enseñaría a obedecer. “Los libros no enseñan nada”, decía riéndose. “Es la vida la maestra”, concluía sin oírnos.

Mel, Nasralla, Cálix y Azcona no son hombres de ideas. Azcona, el más formado tiene intereses prácticos. Sabe de metas y como planificar su logro. Pero la política es más que ingeniería, sociología e historia. Combina el arte y el conocimiento empírico. Es una combinación que requiere imaginación, tolerancia y sabiduría. Aquí lo que más complica, es la falta de tolerancia. Y el poco gusto por las ideas.

Es explicable que Carlos Flores no teniendo con quien, “habla con los animales”. Los “liberales” no escuchan. Siempre tienen la razón. Ignoran la crítica de Kant. No indagan porque Villeda Morales hablaba de “imperativos categóricos”. Ignoran los “imperativos hipotéticos”. Les basta saber cómo ganar las elecciones. Como el “colorado” de Olanchito. Los meritorios son los ganadores. Lo demás es palabrería. No son liberales. Son “colorados”.

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