Mirador: RUBIO EN MÚNICH
Juan Ramón Martínez
El discurso de Marco Rubio en la Conferencia de
Seguridad de Múnich, tranquilizó a los europeos. Dio pistas sobre el fin de la
guerra de Rusia contra Ucrania. Y elementos para proyectar la ruta de la
política exterior estadounidense. Exalto las raíces históricas comunes de los
Estados Unidos con Europa y su dependencia cultural. Habló de personajes
europeos y exalto a Colón como italiano, olvidando la epopeya española que creo
lo que pudo ser en el resto del continente, otra gran nación. Falto que no haya
hablado del idioma español y de Cervantes. Y que España y América Latina hayan
tenido pocas menciones en un discurso que sin duda es muy positivo.
No cabe duda que sobrevive las palabras de
Rubio el eco de la guerra fría. Confirmando que para los estrategas de
Washington no haya terminado. Que, si bien Rusia no es una gran potencia, sigue
teniendo un enorme poder nuclear con el que puede hacer mucho daño a Europa y a
Estados Unidos. Y que el reto ahora, lo representa China con la que Estados
Unidos tiene que competir y cooperar, inevitablemente. Porque ese será el
inevitable precio de la paz mundial.
Rubio sabe – fue obvio en sus palabras –
que Estados Unidos necesita recomponer sus relaciones con Europa para poder
tener éxito en esta nueva guerra fría contra China y Rusia. Y que tiene claro
que los aranceles y la no diferenciación en el trato con los aliados, dando la
impresión que todo es una simple operación de trueque comercial, han dañado
mucho la unidad del occidente cristiano. Por ello hablo del deterioro de
occidente. Aunque no fue muy adelante en la identificación de las causas puesto
que se quedó en el tema de inmigración; y el gasto en defensa, es claro que
tendió un ramo de olivo para que otra vez occidente pueda hacer un frente común
contra China. Asimilando la dirección unilateral de Trump.
Europa ha mostrado preocupación por el
expansionismo estadounidense. Y especialmente la brusquedad con que Trump ha
manejado el tema de Canadá, Groenlandia y Panamá. Al tiempo que no ha podido
entender la actitud contemporizadora ante el expansionismo soviético que hiere
la unidad europea; y que parece preocupar poco a USA. Igual la descalificación
de la ONU en el nuevo orden mundial.
Sin duda disminuirán las preocupaciones de los
europeos. Especialmente porque en los próximos meses, la fuerza de Estados
Unidos se centrará más en América Latina. Aunque aquí siempre ha intervenido y
asumido posturas imperiales, la diferencia es que ahora la lucha por el espacio
propio en el continente, lo personifica el rechazo a China. Y hace una pirueta
teórica para hacerlo dentro del esquema de la guerra fría, con lo que
tranquiliza a los militares estadounidense que pragmáticamente saben que no pueden
librar varias batallas y guerras simultáneamente. Tampoco deben comprometer
energías especiales en América Latina que siempre han manejado y sin mayores
problemas. Con la excepción de Cuba – cuya crisis parece que solo falta un
huracán para que el régimen se caiga automáticamente – Estados Unidos intervino
en Venezuela, con una fuerza mínima y usando más tecnología e información que
puso en ridículo a los militares venezolanos que terminaron comiendo en su
mano, creyendo que engañan a los líderes del Potomac.
Aquí España y Sánchez, son la excepción. España
parece estar adelantada. O fuera de lugar. El que Rubio no haya resaltado la
contribución cultural española y del mestizaje latinoamericano, indica que hay
grietas que reparar.
Con todo parece que se impondrá el sentido
común. Occidente caminará junto; y por el mismo lado de la calle. Con Trump o
sin Trump. ¡En una relación menos imperial!
La Prensa. San Pedro Sula, Honduras 19 de
febrero de 2026.

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