Contracorriente: CONVERSANDO CON MARÍA ANTONIETA MEJIA

Juan Ramón Martínez

En un viaje a España, hable con colegas cooperativistas de Valladolid. Celebraron el verbo. Dijeron: Con, significa “hacia adentro; versar, era hablar de diferentes cosas, sin buscar convencer o incomodar”. “Es un placer oírte decir conversar” dijo. Lo recuerdo ahora que los diputados discuten el tema de la ENEE. No conversan. Cada uno cree que tiene la verdad y descalifica al otro. Lo hacen mutuamente. Como verdad revelada, declaran la superioridad de lo público sobre lo privado. En un clima para prepararse para matarse. En términos de política, lo público es todo lo que hace posible el bien común. Entendido como el conjunto de circunstancias -en las cuales-, cada uno cumple y logra sus objetivos, dentro de la ley; sin dañar los derechos de los demás; y sin amenazar la existencia de la comunidad. 

No sé las causas. Es probable que tenga que ver con el dominio de las redes sociales. Pero ahora estamos conversando menos. Algunos evitan el saludo. No conversan. La charla en las tardes tranquilas, ha desaparecido. 

En el último periodo de JOH, el gobierno lucia más dialogal. Incluso, entre los opositores, había más comunicación. Hay una foto en donde aparecen reunidos Mel y JOH, conversando amigablemente. “Comen en el mismo plato”, escribió alguien.

Durante el gobierno de Xiomara Castro, no hubo dialogo. Su repetido monólogo contando los años del “golpe de estado” y las maldades de la dictadura, terminó fastidiando. No vi a Xiomara nunca como gobernante. Más bien sentí –en las agresiones recibidas– una directa hostilidad por el ejercicio de la crítica que hice a su gestión. 

El gobierno de Asfura creía que sería más dialogal. Pero me sorprende el silencio de la mayoría de quienes –cada quien en su área— tiene la obligación de mantener un dialogo con la ciudadanía. Mario Fumero se queja que quienes eran sus “amigos”, -hoy altos funcionarios- no le responden el teléfono. Contertulios que me animaban, dándome información y sugerían temas durante la campaña, ahora no abren los artículos que les envió. El Secretario de Comunicación me citó, a iniciativa de Roberto Martínez Lozano, para que compartiera mi experiencia en el tema de la comunicación institucional. Por la forma de invitarme, me abstuve de asistir. Me disculpe.

Pero no todos son iguales. María Antonieta Mejía, si me responde y conversa. Por lo ejemplar comparto el intercambio. Pienso que puede ayudar a que algunos tímidos u otros deslumbrados y borrachos de poder, rectifiquen y entiendan que gobernar es conversar con los gobernados que en democracia, son los dueños del salón, propietarios de la música; y parientes de las bailarinas. Mejía reacciono al artículo “Gobierno de Integración”. “Entiendo su artículo. Entiendo que la idea central es que el resultado electoral obliga a construir un gobierno de integración para aislar a Libre, porque los problemas nacionales son demasiado graves para gobernar únicamente desde una lógica partidaria. Y gracias por usarme como ejemplo”, dice de entrada. 

“Si bien existe –continua diciendo la Designada Presidencial– un mandato ciudadano no necesariamente es para gobernar juntos. Que la diferencia electoral sea estrecha no necesariamente significa que el electorado votó por una coalición de ambos partidos. Puede significar que tenemos un país dividido. La suya es una interpretación política, no necesariamente una consecuencia automática. Es mi punto de vista. Que el interés nacional debe prevalecer sobre los intereses partidarios es un hecho que es difícil discutirlo porque nadie puede estar públicamente en contra del interés nacional. La pregunta verdadera es otra. ¿Cuál es la mejor manera de proteger ese interés nacional?”.

De acuerdo respondo. Pero divididos somos más frágiles y vulnerables. Es puro pragmatismo el mío. Unidad frente al enemigo común.

“La duda es si los funcionarios liberales son o no, parte del éxito del gobierno. Aquí se da por sentado algo que precisamente está siendo debatido. Porque una cosa es colaborar institucionalmente y otra distinta, compartir responsabilidades políticas. Para mí siempre es un placer leer sus artículos. Pero era importante en este caso siendo su portada dar mis puntos de vista con humildad. Y finalmente, no creo que cualquier discusión pública ponga en riesgo la estabilidad. Aquí discrepo. Los gobiernos democráticos necesitan debate. La estabilidad no depende del silencio sino que de reglas claras. Coincido que la ruptura nunca debe ser el objetivo. La unidad es más sólida cuando se construye sobre claridad y convicciones compartidas, no sobre la ausencia de discusión. Gobernar también exige la valentía de conversar lo difícil. Saludos y quedó siempre a sus órdenes”. ¡Saludos señora Designada Presidencial¡. Mis respetos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Contracorriente: ¡MEL NO ENTREGARA EL PODER!

Carta: RAFAEL PINEDA PONCE SEÑALA QUE MEL ZELAYA ES TRAMPOSO (*)

Contracorriente: ¿QUIEN DIJO QUE SERIA FACIL DERROTAR A MEL?