Mosaico Nacional: SAN PEDRO SULA, OTRO PAÍS
Jorge Fidel Durón
Hace mucho tiempo que no iba a San Pedro Sula. En 1958 estuve de paso por unas pocas horas pero fue muy poco lo que pude ver. Recuerdo que en mi primer viaje a los Estados Unidos de América –hace ya muchos años-, el viaje se hacía por tierra y la carretera no pasaba de Comayagua. Enseguida la ruta iba por Meambar y Santa Cruz de Yojoa, tierras ubérrimas e intocadas, paisajes que se extendían hasta Potrerillos, donde, en aquel entonces, la tela metálica del hotel no protegían de las nubes de mosquitos, durmiéndose con mosquitero.
Hago la añoranza porque esta vez hicimos el viaje en automóvil, a San Pedro Sula por carretera en el asombroso término de siete horas de camino efectivo. Durante el trayecto rememoré otro viaje de los años treinta, cuando todavía se cruzaba el Lago de Yojoa por “ferribote”. Indudablemente el mejor tramo, el más agradable, es entre Siguatepeque y San Pedro Sula y el menos grato es entre Tegucigalpa y Siguatepeque. El leitmotiv de este último es el polvo y la aridez, lo abrupto de la Boca de las Vueltas, el terror de la Cocona. En esta última pendiente conté más de veinte vueltas en empinadas pendientes. Y aunque el paisaje es avasallador, no se puede estar admirando la belleza del paisaje mientras el temor de un encuentro fortuito o un paso en falso significa una nueva cruz en el camino…
El Secretario del Consejo Nacional de Economía, Lic. Carlos H. Matute me habló hace poco de un proyecto de rectificación, de nuevos trazos, de más líneas rectas, de más lógicas rutas a un costo sino me equivoco, de ocho millones de dólares que se invertirían en este nuevo año de 1962. Ya era hora. Pero como explicaba a uno de mis hijos en el trayecto, la ruta actual tuvo su explicación en los tiempos que se construyó la Carretera del Norte lo más apetecido para enriquecerse en breve plazo, era hacerse contratista de carreteras.
Para nuestros “standars”, la carretera no esta mala pero tampoco esta buena. Por ejemplo, en todo el trayecto no vimos una sola cuadrilla de mantenimiento fuera de las que están empeñadas actualmente en la salida de la capital y las que trabajan en la pavimentada de Chamelecón y la de Búfalo a Puerto Cortes. Y hay partes que están muy, muy malas, con peligro para los que viajan y sobre todo para los camioneros que hacen el recorrido de ida y vuelta dos veces por semana.
Y no se debe pensar solamente en los que la transitan por la vía de negocios sino en las posibilidades del turismo pues, con las instalaciones de Agua Azul, a inmediaciones del atractivo Lago de Yojoa, -donde se come una de las corvinas más deliciosas que jamás hallamos probado- hay que ir preparando el terreno para esta nueva e inagotable fuente de ingresos. Nos sorprendió también el crecimiento de Siguatepeque, la inquietud comercial de sus habitantes. No se piden limosnas, se venden ricos productos regionales y su naranja no le pide nada a los deliciosos productos de Guinope.
Pero donde, a pesar de la agobiante potencia económica, se siente la prosperidad, se palpa un diferente espíritu del hombre hondureño es en San Pedro Sula que decidimos bautizar como “otro país”. Por algo el verde es el color de la esperanza, es el que prevalece en sus feraces y odorantes tierras. De Siguatepeque hacia el Norte ya es diferente la atmosfera. Del Lago arriba ya se ven bicicletas, el ganado es mejor, el abandono es menos.
La Quinta Amapa, de la Compañía Tela constituye una reserva de maderas preciosas para el futuro, predice su sombreada avenida de Tecas. El proyecto Cañaveral –27.000 kilovatios de energía en su primera etapa, costo total; cerca de treinta millones de lempiras— es un hermoso vaticinio que ojala no quede, como todo lo nuestro, como los del Taladro y lo del Coyolar. Y, sobre todo, las nuevas carreteras. “¡Esas si pavimentadas!”, dijimos a una sola voz. Las necesarias capas asfálticas, el cuidado necesario, el debido mantenimiento. El viaje a Puerto Cortes en 45 minutos desde San Pedro Sula, nos transportaba a las autopistas de Europa, a las de Venezuela, ¡a otro país¡
¡Aha¡, Que se pudiera, por una vez siquiera, ver el bien público y no le beneficio particular en nuestra construcción vial. Si no se repitieran leyendas verdaderas, como las de la famosa Millonaria, del Jaral hacia Potrerillos¡ ¡Si fuésemos todos honestos y patriotas, no solamente del diente al labio, entonces si podríamos convertir a toda Honduras, no solo a San Pedro Sula, en otro país, en un país digno donde puedan vivir cómodos y contentos, todos los hondureños¡….
Diciembre 30, 1961.

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