PUNTERO SEMANAL (73)

Número 73

Segunda época — Max Sorto Batres, fundador — Semanario “Patria”, 1962, Olanchito, Yoro.

I

El Presidente Asfura siempre ha parecido un hombre compasivo, católico ferviente y un político cercano que a nadie deja insatisfecho cuando le pide un favor. Pero sus declaraciones sobre si Honduras daría algún apoyo a Venezuela que enfrenta dos sismos nunca antes vistos en su historia, ha derribado esa visión de hombre bueno. ¡Mejor se hubiera quedado callado¡. Porque decir que no tenemos que dar, es una falta severa en contra de la verdad. Afirmar que primero son los hondureños y después los demás, es una versión asoleada del vicepresidente J. D. Vance que fuera censurada desde el Vaticano por el propio Pontífice León XIII. Y hacerlo en un tono político lo ha dejado muy mal, especialmente porque sus correligionarios, el alcalde Juan Diego Zelaya y Tomas Zambrano, han dicho que su postura no es correcta y que ellos, -fíjese usted lo que son las cosas- si colaborarán. Aunque no lo hagan, han dicho que no están de acuerdo con el presidente del país, que inexplicablemente en el peor momento, lució mezquino, anti cristiano más como árabe iracundo, que como un católico practicante. ¡Lástima presidente Asfura! Se resbaló en lo plano y con los zapatos amarrados.

II

Un país que no puede darse el lujo de perder el tiempo, en vista de los retos que plantean las realidades que enfrenta, ha usado el regreso de JOH, como tema político; e incluso como amenaza de alteración del orden institucional. JOH es un ciudadano común, que desempeño la titularidad del ejecutivo. Que se enfrentó a un juicio en Estados Unidos y después de ser condenado fue indultado por el presidente Trump de acuerdo con las leyes de los Estados Unidos. Su regreso es normal en vista que políticamente no tiene posibilidad de retornar al poder. La ley se lo prohíbe y los hondureños no se lo permitirán aunque lo apoye Mel Zelaya en la aventura ilegitima. Insistir en el tema es una pérdida de tiempo. Una movilización innecesaria de energía y un intercambio bobo de impresiones, declaraciones y estupideces de los que no quieren que las cosas sean manejadas de conformidad a las prioridades y en línea con la felicidad del pueblo hondureño. Mel Zelaya, el ave del mal, lo quiere usar para reverdecer sus secos laureles. Poniendo a JOH, al frente quiere iniciar una campaña electoral para buscar el poder, -constitucionalmente vedado también- fuera del que está demostrado que no puede vivir. Porque es un inútil para todo. 

III

Maribel Espinoza -- una distinguida abogada, con mucha experiencia en el ejercicio profesional--, es la que mejor se ha referido al asunto. Ha dicho las cosas con una claridad meridiana y con la valentía que la caracteriza, que está lista para enfrentar a los que quieran reverdecer los malos olores de una reelección presidencial –que igual que la elección de Xiomara Castro la falsa presidente de la república, que llevo escondido bajo la saya suya a su marido– fueron dos eventos muy dañinos para Honduras, dos formas que muestran la debilidad de la “clase política hondureña”, la falta de compromiso de quienes forman opinión pública y la pasividad del electorado que sigue mostrándose distante e indiferente, mientras los caudillos hacen y deshacen con su futuro. Maribel Espinoza es una figura política vertical que con declaraciones claras nos ha convocado para evitar que el regreso de JOH represente el retorno de los reeleccionistas al poder, porque ello conspira y le hace daño al destino nacional y a los hondureños. Además, independiente y de una valentía que pocos exhiben. 

IV

Los liberales y los nacionalistas no se han unido -.- como algunos han creído -- para salvar al país de la amenaza mortal que representa Mel Zelaya y sus hordas. Solo se han opuesto de acuerdo para repartirse el presupuesto. Nosotros lo anticipamos desde el principio, en vista que no quisieron oírnos cuando recomendamos que se firmara un pacto nacional en el que se determinaran los objetivos para remover los obstáculos que frenan el desarrollo del país. Han hecho una simple distribución de cargos públicos para sus correligionarios desempleados. Lo rescatable es que cedieron la Junta Directiva del Congreso –y en donde debieron estar los liberales con cargos en la misma- y prestaron sus votos para el juicio político que castigó al Fiscal General y Mario Morazán; y bajo de la nube donde andaba Raquel Obando, ex presidente de la Corte Suprema de Justicia. Al final, ordenar órganos electorales, fue el último servicio nos liberales y nacionalistas. Después de allí se han resistido—negándose-- a atender valientemente el ordenamiento de la operación de la ENEE: la empresa pública que más dinero pierde y que más daño provoca porque es el obstáculo que más frena el despegue económico del país. Desde hace años tenemos en el país políticos poco serios indómitos irredimibles, acémilas sin dueño, que carecen de un marco referencial para ordenar sus conductas arbitrarias. Hace unos años teníamos a la Iglesia Católica, a las FFAA y al movimiento popular representado por los dirigentes obreros y los campesinos que, los controlaban poniéndolos en su lugar. Ahora a nadie le hacen caso. Actúan sin control. Estamos indefensos y expuestos a la conducta irregular de los que aunque elegidos por el pueblo, no trabajan por el pueblo. Esto es una lástima y una vergüenza.   

V

Aparentemente se ha iniciado una discusión pública sobre el problema de la ENEE. En vez de dividir el problema —como enseñan los maestros de la teoría del conocimiento– lo han condensado y simplificado. Y se ha iniciado una discusión basada en un dilema teórico falso: enfrentar lo público con el privado. Y además, convirtiendo lo primero en necesario y fundamental, al margen de aceptar que la legitimidad pública está basada en los buenos resultados. La peor manifestación la ha dado Dennis Rivera que faltando el respeto a los hondureños, ha tenido la habilidad para agregar un componente cínico: mostrar que lo público es fundamental porque es bueno para los funcionarios que trabajan en el gobierno. En una comparecencia en Canal 5, en vez de hablar de las dificultades de la ENEE, de su incompetencia para darnos servicios adecuados; y de su obligación ética de no seguir produciendo perdidas, se dedicó a anticipar literariamente lo que harán las personas que -que no sabemos quiénes serán– que se echaran encima la tarea de rectificar una operación terrible. Y que para efectos de manejo, se ha dividido: en generación, trasmisión y comercialización de la energía. Con enorme imaginación, el señor Rivera como Quijote desnortado, construyo un escenario en donde todos los diablos vendrán y se tomaran a una empresa que no es útil para el país –tal como está– y que los hondureños según Rivera debemos defender porque representa el pabellón y el escudo nacional. Celebramos la valentía de Rivera porque llegó a defender su forma de vivir. Su empleo. Tiene más de diez años de ser empleado de una empresa fracasada sin mostrar evidencias que haya hecho nada siquiera para evitar la sangría y el daño que le ha provocado a Honduras. Aunque no nos convenció, Rivera nos ha confiado de qué lado estamos los hondureños que queremos mejorar; y cuáles son los “universitarios” con los que podemos contar para resolver nuestras dificultades.

VI

La ENEE no nació con la Republica; ni con la llegada de la luz eléctrica a Honduras. Es fruto de un modelo estratégico fracasado, impuesto por los organismos internacionales que, impresionados por las operaciones a escala, recomendaron e impusieron la centralización que ahora constatamos que ha sido un fracaso. Antes de la ENEE, todas las municipalidades con capacidad –que entonces no eran muchas por cierto– operaban sus propios sistemas eléctricos. En Olanchito había una planta de diésel propiedad municipal. En Catacamas la municipalidad tenía una pequeña hidroeléctrica que daba servicio a casas y negocios. En Corquín un suizo había llegado e instalado una turbina movida por agua y producido energía puesta al servicio de la colectividad. En 1966 en Langue, Arístides Padilla Sierra tenía un motor que daba servicio a las personas, con energía que operaba desde las seis de la tarde a las 10 de la noche. Y en Tegucigalpa operaba la empresa de Agua y Luz, para satisfacción de sus habitantes. De tal manera que nadie puede afirmar que no podemos vivir sin la ENEE como nos quieren convencer algunos de sus funcionarios que temen perder el empleo. Olvidan que la voluntad de los ciudadanos, los líderes locales y las experiencias acumuladas, son una fuente de experiencias que debemos aprovechar para terminar con la ENEE que en este momento es el mayor peligro que tiene Honduras para enfrentar su inmediato futuro.

VII

Guillermo Peña Panting, Gerente de la ENEE, nos ha dicho la verdad. No son los empresarios privados, los consumidores domiciliarios; ni las iglesias católicas y protestantes los que no pagan los servicios de energía eléctrica. El mayor moroso de la ENEE es el Gobierno Central. Debe 14 mil millones de lempiras. Lo sospechábamos. Pero como los que más hablan del tema son los funcionarios públicos, tendrían que ser muy estúpidos para atribuirse la responsabilidad por el atraso y dificultades de la ENEE. Y disimular que el gobierno de Honduras es un “ogro filantrópico”, incompetente y mal intencionado que busca seguirnos engañando, pasando por alto que su legitimidad y respeto desde la ciudadanía, solo tienen sentido cuando cumple con su deber. El gobierno de Honduras es lo más incompetente que tenemos: desde 1963 no le ha dado el impulso que se merece al Seguro Social. No solo deja de pagar sus obligaciones, sino que además, se roba una gran parte o la totalidad de las aportaciones empresariales. Ha descuidado el manejo de los estímulos para mantener operando el modelo económico. No ha podido en los últimos treinta años construir un distrito de riego siquiera para evitar que los veranos echen a perder la producción agrícola, ni ha aumentado la velocidad promedio de los vehículos que circulan en la red de carreteras que cada día que pasa, en tanto aumenta el tránsito vehicular, especialmente en los ingresos a las ciudades es un caos. Aumentando los costos correspondientes. Y lo peor, en la medida en que pasa el tiempo –que poco le interesa a los gobernantes– la inseguridad ha aumentado, los espacios públicos están tomados por los delincuentes y una policía centralizada cada día que pasa es más inoperante, que solo sirve para levantar cadáveres. Y dar monótonas explicaciones sobre las mismas líneas de investigación en curso. Lo que no entendemos es porque algunos nos creen tontos y quieren que idealicemos lo público, que lo coloquemos en las nubes, mientras cada día nos dan ejemplo que no saben hacer las cosas, que los burócratas no respetan a los contribuyentes y que parece que no aman a Honduras. 

VII 

Los capitalinos son lentos para entender. Poco a poco han descubierto que al construir el aeropuerto en Palmerola y abandonar en el limbo a Toncotín, han aislado a la capital, reduciendo el atractivo principal que debe tener una capital moderna: su conectividad. Llegar a Tegucigalpa y salir de ella en una par de horas vía aérea, solo es posible usando helicópteros cuya oferta de asientos es limitada e inaccesible económicamente. Por ello es alentadora la actitud de Juan Diego Zelaya que ha anunciado que ordenara la revisión de la concesión de Palmerola y la razón por la que Tegucigalpa no tiene un sistema aéreo regional con el resto de las capitales centroamericanas y tampoco se le haya ocurrido a nadie unir a Toncotín con Palmerola con un taxi aéreo; o iniciar los vuelos desde Toncotín, haciendo aduana aquí y tomando los aviones mayores en Comayagua. Vivimos en un mundo de locos. Cuando uno regresa a Tegucigalpa, el avión tiene que aproximarse a los servicios de señalización de la torre de control de Toncotín porque no existen en Palmerola. Significa por lo menos diez minutos adicionales de vuelo, lo que explica porque los pasajes desde y para Honduras son más caros que en cualquiera otra ciudad del mundo. Algo se debe hacer. Por ello esperamos que el alcalde de Tegucigalpa, no pierda el ánimo y la voluntad para devolverle a la capital hondureña la conectividad que teníamos a nivel regional e internacional antes de inaugurar Palmerola. 

IX

Celebramos la decisión de dotar a las alcaldías del equipo mínimo para darle mantenimiento a sus calles no pavimentadas y para atender las vías que las unen con sus comunidades rurales. Pero no han explicado de donde sale el financiamiento, quien pagara; y cuanto es el costo total de la iniciativa; y lo más grave, no tenemos idea como las alcaldías –muchas de las que no tienen contabilidad siquiera– manejarán, mantendrán y protegerán ese equipo. Dar maquinaria a las municipalidades, sin asegurar su mantenimiento y conservación, es una irresponsabilidad que no debemos permitirnos. Esperamos que la Presidencia de la República, la Secretaria de Gobernación –no sabemos si todavía existe- y la Secretaria de Comunicaciones deben compartir con los ciudadanos las reglas técnicas y operativas que seguirán las municipalidades para asegurar el uso estricto de un equipo que financiado con dinero público, debe ser usado estrictamente para servicio público y no para repararle los caminos a las haciendas de los “caudillos” locales que sobran en Honduras y que dominan las alcaldías más pobres del país, que son por cierto la mayoría. Y la forma como se repondrá el equipo que caduque y sea obligatoria su sustitución.  

X

Hemos observado que cuando el presidente Asfura sale del país, no se emite el decreto que ordena la ley; y se nombra a uno de los Designados Presidenciales para que en su ausencia se encargue de la titularidad del Poder Ejecutivo. Fue Ricardo Maduro el último que si mantuvo esta subordinación a la ley. Desde entonces se cree en forma equivocada que la presidencia sigue al gobernante donde éste se traslade. Esto es así cuando está en el territorio nacional. Pero una vez que el gobernante deja el territorio hondureño, el Poder Ejecutivo queda sin cabeza. Hay que corregir esta anomalía, que sentimos que es “natural” en la deriva del irrespeto a la ley que exhiben los hondureños y que además de ser evidencia del deterioro colectivo, es la expresión que Honduras no da pie con bola y por ello, no recibe desde el exterior, el respeto que se merece. Cada vez que Asfura deja el país, la dirección de los asuntos públicos no puede estar en manos de su Secretario Privado; ni tampoco de sus amigos. Un país es una institución seria, que hay que dirigirlo de conformidad con las reglas que ordenan las leyes hondureñas. 

XI

Tomas Zambrano ha empezado a recibir rechazo publico. Ciudadanos de su departamento el jueves pasado se tomaron varios tramos de la carretera que conduce desde el Amatillo hasta Nacaome. Las justificaciones son variadas. Las que trascendieron localmente -porque a nivel nacional se ha silenciado el primer rechazo del Presidente del Congreso que, por los vientos que soplan, será candidato presidencial del Partido Nacional y por ello es el delfín de Asfura en el primer cargo del ejecutivo hondureño- son las siguientes: los cortes de la energía eléctrica que en estos tiempos de calor tiene de correr a los vecinos, los nombramientos de los correligionarios, las demandas de las nueve municipalidades; e incluso el supuesto sueldo que gana su esposa en el Congreso. Anticipamos que una campaña prematura no sirve a nadie y que más bien causa daños al país porque anima estas protestas. El Partido Nacional tendrá dificultades para volver a ganar las elecciones en el próximo periodo, excepto que el Partido Liberal –que todavía no ha resuelto sus problemas de liderazgo– no se recupere. O que Salvador Nasralla no se encamine por el buen juicio, dejando de creer que gobernar es igual que comentar a un partido de futbol, describiendo lo que todos,-- gracias a la televisión--, estamos viendo. Gobernar es más complejo. No todos los hondureños son tan mansos como algunos técnicos de Canal 5 que le obedecen todo lo que les ordena bruscamente Nasralla..

XII

El jueves fuimos a Choluteca. Le contaba a mis compañeros de viaje que en 1990, salía de Tegucigalpa y llegaba a Choluteca en dos horas. La carretera era más mala que ahora –que tiene un buen pavimento hidráulico– pero el tráfico era más fluido. Ahora muy pocas personas, -en días especiales y en horas que desconozco- pueden llegar en tres horas. Vamos para atrás. En vez de mejorar las cosas aquí, se complican. Se vuelven más lentas y costosas. Si antes –en el año 2000— un kilo de mercancía se movía a una velocidad de ocho kilómetros por hora desde Costa Rica hasta Guatemala, es probable que ahora se haya reducido a cinco kilómetros. Con esa velocidad, -y los costos que ello significa-, es imposible que Centroamérica puede elevar su velocidad de desarrollo, competir con las otras regiones; y darle a sus ciudadanos un mejor nivel de vida.

XIII

 “LA MATANZA DE LOS HORCONES”: “Memoria, Verdad y Justicia en Honduras”, llegara a los lectores a finales de este mes de julio. Estará disponible en las librerías más importantes, en “centros amigos de venta” y en algunas parroquias de sacerdotes y pastores evangélicos fraternos. El número de ejemplares es limitado. Los interesados pueden hacer sus reservaciones al teléfono de Mario Roberto Girón Matute, teléfono 9837-3301; o hacer sus pedidos a su dirección electrónica: roberto39matute@gmail.com. Pídalo desde cualquier parte del mundo y agréguele los gastos de envío; y lo tendrá 48 horas después en sus manos. Pronto estará en Amazon también.

Puntero Semanal 72 

CARTAS AL DIRECTOR

ed18conejo22@gmail.com / 9832-4757/ WorldPress.com

El viaje a San Pedro Sula

Gracias por compartir. Me trae recuerdos esa historia, pues con mi padre Emil Falk, todavía niñas, recorrimos esa carretera del norte en terracería: si en 8 horas. Pero se nos hacía divertido el viaje pues Don Emil nos comentaba en cada pueblo que producían allí y que admiráramos los bosques de Zambrano, la prosperidad de Siguatepeque a donde nos deteníamos a comer en un restaurante de un alemán amigo; y seguíamos al Lago, bello. Allí trabajo nuestro padre cuando construían la carretera. Y después de cruzar el lago, si ya estábamos cerca de la meta: San Pedro Sula. Y claro en el camino comprábamos a los vendedores en puestos sus productos regionales. Bellos recuerdos. Melba Falk, Guadalajara , México. 

Dialogo e ideas

Como repetía nuestro confraterno amigo Rodimiro Tomic, “unidad en la diversidad”. Las ideas no se matan, se debaten. Saludos. J. Enrique Mejía, Tegucigalpa.

Necesidad de un acuerdo nacional

Históricamente los acuerdos políticos y en nombre de la mal entendida democracia, se han hecho por las fuerzas políticas conservadoras para defender, mantener o aumentar sus privilegios e intereses económicos. Entre tantos casos que se han sucedido en nuestro país cito el Pacto de Unidad firmado el 7 de enero de 1971 entre los dos partidos tradicionales con el aval de las FFAA, el respaldo del COHEP y la CTH. Este pacto fue calificado en ese entonces por la Democracia Cristiana como un “tratado de no agresión y defensa mutua, para detener momentáneamente la irrupción de nuevas fuerzas políticas y sociales que puedan proponer alternativas adecuadas en el campo nacional e internacional”. En marzo del mismo año la DC volvías a señalar el fracaso de este pacto pues no conducía a la unidad del pueblo hondureño por ser excluyente, estar basados en intereses divorciados de los sectores populares y no ser un medio para cambiar las estructuras socio económicas vigentes”. Eliseo Vallecillo, SPS

Los Horcones

Saludos Juan Ramón. Tremendo ese artículo. Entiendo que está escribiendo un libro acerca de ese evento cruel de 1975. Adelante. Ese año yo ya estaba trabajando en Filipinas. Pero el hecho fue muy publicado. Le mando un abrazo. Hernán Posas, Olanchito

La familia Prats

Don Cristóbal Prats, el padre, fue un maestro constructor español que lo trajeron de Guatemala a construir el teatro Manuel Bonilla. Fue padre de Cristóbal ( el maître) y del ingeniero Francisco Prats Vives diseñador del Estadio Nacional, el Monumento de la Paz, la terminal del Aeropuerto Toncontin y multitud de obras en Tegucigalpa. Luciano Duron, Tegucigalpa.

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