Contracorriente: GUERRA DE ORIENTE MEDIO Y LOS HONDUREÑOS

Juan Ramón Martínez 

Los hondureños son una cosa en Honduras; y otra diferente en el exterior. La razón es que como ser social, actúa de acuerdo con los valores y reglas que moldean su comportamiento inmediato. En el caso de la guerra de Estados Unidos e Israel en contra de Irán, en lo interno, al hondureño le interesa muy poco. Desde Tegucigalpa, todos creen que vivimos demasiado lejos. Ello es falso. Ahora nadie puede decir que está lejos. Estamos articulados-. Vinculados e informados como nunca antes en toda la historia. El problema es el carácter huraño del hondureño, que ha creído que, con cerrar los ojos, las realidades cambian. Por ello pocos se interesan en lo que ocurre en el Oriente Medio, porque creen que pueden suprimir los efectos que el conflicto tiene en nuestras vidas, simplemente ignorándolos.

Porque, aunque muchos lo quieran, cada vez que un misil estalla sobre Irán o los países del golfo arábico -- aliados de los Estados Unidos--, aumenta el precio de la gasolina y el diésel en Honduras. Y empieza, en forma silenciosa, un proceso inflacionario que solo asimilan las clases media que tienen excedentes. El resto tenemos que clamar al cielo y pedirle al Gobierno –en una ingenuidad escandalosa– que nos saque de un bolsillo, dinero para que nos los ponga en otro como subsidio, produciendo la ilusión que tenemos las soluciones de los problemas, sin reconocer que nos engañamos deliberadamente.

Las guerras son acciones económicas que tienen –fuera de las defensivas– objetivos claros, cuyo logro determina el ganador. La II Guerra Mundial, tenía como objeto derrotar al Eje –Alemania, Italia y Japón– y restablecer la vida democrática en Europa y Asia. La guerra que El Salvador libró en contra de Honduras en 1969, tenía como objetivos castigar al gobierno de López Arellano por el maltrato a los salvadoreños residentes en Honduras; y suspender la expulsión de los mismos. Ninguno de esos objetivos logró. El Salvador conquistó temporalmente territorio; pero no consiguió detener la expulsión de salvadoreños del territorio nacional. En consecuencia, perdió la guerra.

Trump inició la guerra contra Irán sin objetivos definidos. Apoyar a Israel es un objetivo obvio. Pero derribar al gobierno de Irán y cambiarlo por otro e impedir, el desarrollo de su capacidad nuclear, aunque identificables, nunca fueron objetivos planteados en forma explícita. Veinte días después de la crisis militar se puede concluir que los objetivos de los Estados Unidos –y de repente también de Israel– no se han logrado. Mas bien se han producido resultados colaterales inesperados. El desajuste de la economía mundial, el aumento de las fisuras entre los aliados tradicionales con Estados Unidos -especialmente la Unión Europea– y beneficios para enemigos o adversarios de Estados Unidos: Rusia y China, no estaban previstos.   

El aumento de los precios del petróleo, la interrupción de las líneas de suministro por el cierre del Estrecho de Ormúz, la suspensión de las prohibiciones para que Rusia comercialice su petróleo; y el peligro que China no reciba el 80% que le vende Irán, anticipan una crisis económica de incalculables efectos negativos. No solo para los involucrados, sino que para todo el mundo. La inflación encarecerá los productos de exportación, volverá más costosos los bienes de capital. Incluso afectara las remesas que los compatriotas envían desde el exterior y que sostienen el país. Tendrán que trabajar un poco más o enviarán menos. No sabemos cuál es lo más probable.  Pero aquí sentiremos los efectos. Las medidas gubernamentales no bastan. Es necesario ir más allá de las visiones dependientes que seguimos manejando.

Debemos dejar de vernos los zapatos. Caminar erguidos aceptando que el mundo nos exige reaccionar. Debemos atrevernos y correr más riesgos. Ser menos dependientes y volvernos más agresivos, imaginativos y creadores. Las inversiones privadas deben aumentar y, la productividad debe mejorar aproximándose a la que exhiben los hondureños en el exterior. Fuera es más agresivo, trabajador y ambicioso. Aquí, es más “taimado”, dependiente, vividor y pedigüeño. La dependencia del gobierno, la falta de análisis de la situación mundial y su vinculación con los problemas domésticos, ocupan poco su atención. Pareciera que fuera más que producto de naturaleza genética, algo “aprendido” en una pedagogía del subdesarrollo que rige en el proceso de formación de recursos humanos desde hace bastantes años.

Tenemos que sentirnos parte del mundo. Y reaccionar como todos los demás. Buscando lo nuestro, cuidando nuestros aliados –pero sin exagerar servilismos— para buscar unidos como hacen ellos, lo nuestro. Así de simple, “compas”. 

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