Contracorriente: HONDURAS: CIUDADANOS Y POLÍTICOS
Juan Ramón Martínez
Muchos han indagado sobre el atraso. Rafael
Heliodoro Valle escribió que “la historia de Honduras se puede escribir en
una lagrima” responsabilizando al bochinche, la refriega armada y la
“guerra entre hermanos” por el atraso nacional. Los intelectuales de la
dictadura, buscando legitimidad a los métodos de Carias Andino para frenar la
violencia fueron los primeros en acercarse a la falta de calidad del hondureño,
como la fuente de los males nacionales. El resto ha encontrado el camino más
fácil. El primero y que más daño ha hecho fue, paradójicamente el Padre
Bartolomé de las Casas. Su tesis del “indio” bueno, lleno de cualidades
destruido por el “encomendero” español, inició una historiografía que las
nuevas generaciones no han tenido oportunidad de revisar.
Desde mis años iniciáticos en la Escuela
Superior del Profesorado con Mayes Huete, Paz Ardón, Pineda Portillo, empecé a
dudar del “victimismo” de los indígenas de Honduras. “El Costos de la
Conquista” de Linda Newton, me parece en términos de cifras, exagerados. La
“Leyenda Negra”, los estudios de los galos justificando la disputa
conquistadora contra España por Francia, me parecieron sesgados. Iguales que
otras explicaciones del atraso de Honduras por factores exclusivamente externos.
En 1965, mi tesis para graduarme en Ciencias
Sociales fue sobre “La Población de Honduras”. La digo no para aportar
hallazgos, sino mostrar el origen de mi interés en el tema de la población. Y
sin saberlo –porque lo acabo de descubrir – que buscaba darle
vuelta a los orígenes del atraso, como San Agustín, -a quien no había estudiado
entonces-, que descubrió que para pagar los pecados y justificar la salvación,
había que establecer su ubicación. Y definirlo mientras se “alimentaba” en el
interior de la conciencia humana.
Los estadounidenses, – con
universidades más inclinadas a la investigación –, han explorado el porqué
del atraso de unos países y las razones del éxito de otros. En “Porque fracasan
los países”, la tesis central es porque no tienen instituciones permanentes,
pasando por alto que las instituciones son creadas por hombres, respetadas por
hombres; y defendidas por hombres. Esta reflexión me llevó a buscar en la
cultura, el espacio para explorar y buscar respuestas. Y por ello, casi he
llegado a la conclusión –todavía debo reflexionar más– que el problema de
Honduras, son los hondureños.
Si el espacio físico que ocupamos hace más de
mil años, hubiese sido dominado por japoneses, no nos pareceríamos a la
sociedad económica y política que tenemos. Porque no es que los hondureños
sean peores o mejores que los japoneses. Es que somos diferentes.
Igualmente, si la población inicial de los
Estados Unidos, no hubiesen sido europeos amantes de la libertad religiosa,
austeros protestantes que buscaban la salvación de sus almas predicando y
sosteniendo la austeridad en todos los actos de su vida, Estados Unidos no
sería la nación que es. Por supuesto, esta tesis tiene sus fisuras y su
aplicación en otros lugares, demasiada cercanía con el imperialismo, el
expansionismo; incluso con el “Destino Manifiesto”. Y lo peor, mucha vecindad
con el mecanicismo “comtiano” y el materialismo histórico de Marx y Engels.
Julio Raudales, me obsequió esta semana su
libro, “Que hacer”. He empezado su lectura. Es muy interesante. Cree que lo que
nos ha faltado es planificación, saber para dónde vamos, buenos conductores,
líderes competentes; y tiempo favorable. Por mientras entro en la
maravillosa ruta suya explorando la selva de las posibilidades, me interrogo,
posiblemente haciéndome eco a las preguntas de Oscar Lanza Rosales; ¿quién
planifica?, ¿quién escoge a los conductores?; y ¿quién da las órdenes? para
que la nave se enrumbe segura hacia la mar.
Aquí en la hora suprema –como se dice en
tauromaquia– hay que rematar que el problema de Honduras son los hondureños.
Por su escasa calidad humana, su inconciencia existencial, su falta de sentido
estético, su escaso compromiso con la vida, su inconsciencia histórica y su
infantil incapacidad para escoger a los “pilotos” idóneos. Ferrera,
Guardiola, Medina, Carias Andino, López Arellano, Mel, Carlos Flores, Lobo y
JOH, no nos cayeron del cielo enviados por Dios como castigo. Los
escogieron los hondureños. Los celebran los hondureños. Los adulan los
hondureños.
De modo que en un simple ejercicio matemático, si en la ecuación suprimimos al hondureño y los sustituimos por afganos, chechenos; o luxemburgueses, el resultado se alterara. Porque la variable independiente, mayor e insustituible es el hondureño. Solo ellos quieren a Mel. Solo ellos soportan a Carlos Flores. Solo los hondureños. En otro país los dos serían apenas “guardias” bancarios. ¿De acuerdo?

Comentarios
Publicar un comentario