Los Nuestros: ALFREDO LANDAVERDE, POLÍTICO Y MÁRTIR
Juan Ramón Martínez
Lo conocí en las primeras horas de la noche, en un día impreciso del mes de
marzo en Goascorán, Valle en el año 1966. Llegó con un catre de tijera, bajo el
brazo y con la mirada me pidió ayuda; y, le abrí la puerta. Después que lo
coloco en el salón donde daríamos clases a los campesinos, me extendió la mano,
soy Alfredo Landaverde. Tu eres Juan Ramón, sí le respondí. Ya me habían
hablado muy bien de él. Sus amigos íntimos, lo llamaban
cariñosamente “el indio” por su pelo negro y abundante, liso y rebelde que
le caía sobre la frente. Era un hombre alto – de más de 1.80 y 200 libras de
peso--, fornido, cara de muchacho bien portado y una forma de caminar que
podría hacer pensar a quien lo veía por primera vez que estaba cansado. Éramos
casi de la misma edad. Había nacido un año antes. Era un magnífico conversador
y entre todos nosotros, gozaba de singular fama de lector que, pese a su edad,
conocía a muchos autores a los que citaba con soltura y naturalidad. Siempre se
acompañaba de un libro -el que leía en cualquier momento o lugar– y del que
hablaba, porque era un infatigable conversador que algunas veces abusaba porque
contaba varias veces las mismas historias. Con las inevitables variaciones,
porque también era muy imaginativo.
Gustavo Alfredo Landaverde Hernández, nació en La Lima, Cortes el 11 de
febrero de 1940. Era hijo de Carlos Alberto Landaverde y de María Romelia
Hernández. Su padre era de origen salvadoreño y fue un ejecutivo de campo de la
compañía frutera Tela Railroad Company, ocupando el cargo de Mandador de Finca
o Gerente de Plantación. Hizo sus estudios primarios en la escuela del campo
bananero La Travesía y los secundarios en el Instituto José Trinidad Reyes de
San Pedro Sula. Aquí se graduó de bachiller en Ciencias y Letras.
En 1962, viajó a México. Se matriculó en el Tecnológico de Monterrey. Poco
tiempo después interrumpió sus estudios porque su padre que le había ofrecido
cubrir los mismos interrumpió los envíos. En 1964 se trasladó a Tegucigalpa y
se matriculó en la escuela de ingeniería de la UNAH. Era un estudiante muy
aplicado.
Vivía en La Gatera, -barrio La Hoya, Tegucigalpa- una casa de estudiantes
fundada por el padre Fischer, jesuita que mientras vivió en Honduras hizo
trabajo pastoral con estudiantes universitarios católicos. Landaverde era muy
austero y vivía con muchas limitaciones. Junto con otros compañeros, formó
grupo bajo el liderazgo de Fernando Montes Matamoros, ex presidente de la FEUH,
que había creado CORDEH una organización con la que empezaron a animar la
organización de los campesinos en la zona sur, animándolos para el desarrollo
de sus comunidades. Los cursos para los campesinos se ofrecían los fines de
semana. Normalmente en los salones parroquiales de Goascorán, El Corpus,
Choluteca, Concepción de María, Namasigue y El Triunfo. En ellos participaron
como instructores Fernando Montes, Alfredo Landaverde, Carlos Martínez, Ramón
Velásquez, Antonio Casasola, Emilio López y Daniel Moran. Arístides Calvany,
que lo apreciaba mucho, los llamaba Gustavo Alfredo con noble acento caribeño.
En 1968, Alfredo Landaverde participó con catorce compañeros más en la
fundación del Partido Demócrata Cristiano. Desde entonces, consagró su vida a
la formación y organización de campesinos, creó la Central de Servicios, de la
cual fue el Gerente General, encargada de la entrega de servicios puntuales
para la operación agrícola de cooperativas y organizaciones o ligas campesinas.
Con esta organización se abrió paso, dando asistencia técnica a los campesinos
de la Costa Norte. En el norte apoyado por Vicente Moravito, voluntario del
Cuerpo de Paz y por Rafael Corrales Tarrius, ingeniero agrónomo, en el Sur
En las visitas al sur de Honduras, era habitual contertulio en La Colmena,
donde se hospedaba. Infatigable en su magisterio formativo reseñaba
insistentemente las virtudes del campesinado al que creía sin lugar a duda o
fisuras que era la clase social que podía, convenientemente movilizada, ser la
columna vertebral del nuevo partido político. Tuvo tiempo de descubrir en las
elecciones de 1980, que los partidos políticos históricos, tenían mucho control
sobre las conciencias y capacidades decisorias de la clase campesina hondureña.
En 1969 contrajo matrimonio con Elvia Castellanos Romero, con la que procreó
una hija, Elvia María Landaverde Castellanos, su primogénita. Con Anabel Mejia,
tuvo otra hija, Ana Cristina Landaverde. Y en segundas nupcias, contrajo
matrimonio con Hilda Caldera con la cual tuvo una hija llamada Hilda Landaverde
Caldera.
Fue diputado al Congreso Nacional, por el departamento de Francisco Morazán
en representación de la Democracia Cristiana.
Cuando la FUSEP hizo crisis y el gobierno disolvió la estructura policial
corroída por el desprestigio, junto a otros compañeros y amigos, formó parte
del esfuerzo por la creación de una nueva entidad de protección ciudadana. El
esfuerzo cristalizó en una nueva Policía. Alfredo Landaverde siguió vinculado
al esfuerzo modernizador y se entusiasmó en la lucha en contra del
narcotráfico, convencido de los daños que recibiría el país si no se hacían
esfuerzos y se ponía imaginación y pasión en una lucha frontal en contra de los
narcotraficantes y sus redes de apoyo. Investigó profundamente, recibió
información abundante; y conoció de las estrategias usadas por la delincuencia
y el uso irregular de la policía para proteger rutas y cargamentos de cocaína
desde el sur hasta el norte del continente. Valiente hasta la temeridad, cuando
descubrió que la misma policía nueva estaba penetrada por el narcotráfico, en
vez de retirarse como habría sido lo conveniente, se involucró más y denunció
valientemente los grupos y personas que no honraban el uniforme. Denunció redes
y grupos familiares en la Costa Norte. Como no era hombre de acobardarse y
retirarse vencido, prefirió correr todos los riesgos antes que abandonar una
tarea crucial que al dejarla podía hacer creer a los delincuentes que les
habían derrotado.
Frontalmente enfrentado, miembros de la policía, coludidos con
narcotraficantes y delincuentes comunes, urdieron su asesinato. El 7 de
diciembre de 2010, fue emboscado y tiroteado junto a su esposa Hilda Caldera
que sobrevivió, solo afectada por uno de los disparos que iban dirigidos a su
esposo. Alfredo Landaverde recibió tres disparos que le cortaron la vida
instantáneamente.
Alfredo Landaverde, como todo un hombre valiente y convencido de la nobleza
de sus actos, es un mártir de la lucha en contra del delito. Su figura, su vida
ejemplar y su sacrificio personal, animan y dan fuerza a las nuevas
generaciones que aprendieron con su entrega generosa que para servir a Honduras
hay que estar dispuesto a dar la vida como lo hizo él. Predicaba y se exponía
valientemente. Porque como confirmaron los hechos, su asesinato fue planeado y
ejecutado desde el interior de la Institución Policial que había ayudado a
crear. Ludwig Cris Zelaya, acaba de regresar de Estados Unidos donde cumplió
prisión por delitos de narcotráfico, es una de las personas mencionadas en el
plan con el que terminaron con la vida de Alfredo Landaverde Hernández, un hondureño
vertical y de conducta política ejemplar. Una estatua levantada en el lugar
donde murió honra su memoria y una fundación dirigida por su viuda Hilda
Caldera mantiene su figura ejemplar, retando al viento y al olvido.

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