100 AÑOS DE UNA CIUDAD LLAMADA SIGUATEPEQUE

Juan Ramón Martínez 

El señor Alcalde de Siguatepeque en la mesa principal con sus invitados de honor.

Antes que llegaran los españoles a los que ahora es Honduras, la altiplanicie central que ocupa Siguatepeque fue poblada por los lencas. Eran poblaciones numéricamente muy reducidas. Durante la conquista, en la zona en donde está ubicada la ciudad, probablemente se libraron escaramuzas de resistencia de alguna importancia y de mucho valor histórico. Su nombre proviene del náhuatl, que significa “cerro de mujeres” o “lugar de mujeres”. En el principio fue una ruta inevitable. Para ir de Tegucigalpa a San Pedro Sula y Puerto Cortés, aquí, entre sus pinares, agujas firmes al viento, se terminaba la luz del día. Y la noche obligaba a pernoctar. Era más frío que ahora y los vientos más molestos e incómodos. Una choza campesina desperdigada; una casa de vara en tierra; y después de bahareque, un par de perros acostumbrados a ladrar a los caminantes y las familias que daban hospedaje generoso a los cansados viajeros, solo cobrando a cambio “muchas gracias, le de Dios”. Al principio solo dieron espacio en el corredor para colgar las hamacas, después adentro para enfrentar el frío y defenderse del viento. Y al final algunas de las mejores casas empezaron a ofrecer hospedaje. También era la ruta inevitable de las contiendas guerreras. Por aquí, entre los ladridos de los perros y las caras asustadas de los niños y las fugas espantadas de las mozas en que despuntaba el sexo, pasaron los guerreros iracundos que disputando por el presupuesto nacional; y se mataban certeramente, los unos con los otros. Tras de los guerreros, llegaron los comerciantes y se establecieron las primeras haciendas. Había agua y pasto suficiente. La madera de los pinares atrajo a los dueños de los aserraderos. El clima era inmejorable, porque es una altiplanicie de las tres mejores de Honduras. Y la comunidad, empezó a crecer.

En 1924, por el camino real que habían diseñado los burros y las mulas que debían subir y bajar laderas empinadas, herencia del mundo colonial, pasaron las tropas de los revolucionarios: Tosta, Ferrera, Martínez Fúnez, y Sanabria y Carias Andino trabaron combate en Comayagua, Lejamaní y San Antonio de Oriente con las tropas del gobierno. Ganaron los revolucionarios y el gobierno tuvo que retroceder a Comayagua. Después Ferrera los derrotó en Zambrano y Tamara, camino a Tegucigalpa, a la que le puso cerco hasta finales de abril de 1924 cuando el gobierno del Consejo de Ministros se rindió. Se nombró a Vicente Tosta, Presidente Provisional el que convocó a elecciones y en 1925 fue elegido Presidente de la República Miguel Paz Barahona, del Partido Nacional.

En abril de 1926, el Gobierno de la República, elevó a la categoría de ciudad a Siguatepeque. Su alcalde municipal era el ciudadano Darío Velásquez Castellanos. Tenía entonces la joven ciudad 4,000 habitantes, número que no es despreciable porque Honduras entonces todavía no tenía siquiera el primer millón de habitantes en todo su territorio. Unas pocas calles de tierra; casas con humildes pretensiones y en el rostro de sus vecinos había mucha confianza en el futuro. Y tenían las manos listas para construirlas.

El municipio de Siguatepeque tiene una extensión superficial de 606.5 kilómetros cuadrados. Se encuentra situado a una altitud de 1.170 metros sobre el nivel del mar. Su temperatura oscila entre 20 y 25 grados centígrados. En diciembre, enero y febrero hace mucho frío. La densidad poblacional es de 1.400 habitantes por kilómetro cuadrado y tiene una tasa de crecimiento intercensal de 3.2%. El 51% de su población es pobre -un índice mucho más bajo que el nacional que anda por el rango del 76%-. La actividad económica es muy interesante, típica de un modelo de organización económica que debe ser estudiado: las dos principales actividades económicas del municipio están casi emparejadas: Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (28 %) y Comercio, reparación de vehículos e industria manufacturera (31 %).

El sistema educativo está representado por 89 instituciones educativas públicas y privadas a nivel básico. 23 instituciones a nivel medio y cuatro universidades: Universidad de Ciencias Forestales, Universidad Tecnológica de Honduras, Universidad Metropolitana y CRAED-UNAH. 

El vice Ministro de Cultura, Elvin Contreras pronuncia un discurso alusivo. A su lado la Gobernadora Política y el Embajador de Francia

Años antes en los ochenta del siglo XIX, el Obispo Francisco Vélez, que no le gustaban los calores de Comayagua ni el manoseo de las familias cercanas a la Jerarquía Católica, instaló casa en Siguatepeque y aunque la sede la Iglesia de Honduras seguía residiendo en esa ciudad que había dejado de ser la capital de Honduras, el despechaba desde Siguatepeque y desde aquí, hacia sus jornadas a caballo y en dóciles mulas, con los ornamentos coloridos del cargo, visitando aldeas y pueblos, confirmando niños en la fe católica, dando misas, oficiando funerales y tomando licor de caña que los feligreses le regalaban con confianza y cercanía. Porque era un hombre bueno que, su defecto era el temor incontrolable a los liberales, porque en tiempos de Policarpo Bonilla, le habían impuesto un préstamo obligatorio de quinientos pesos que no tenía de donde pagar. De Siguatepeque huyó, asustado, en 1894 al municipio de Alegría, en El Salvador, en donde estuvo asilado -cinco años- mientras duró el gobierno de Policarpo Bonilla en Honduras. Para entonces en Siguatepeque había ya las primeras posadas o lugares para que los huéspedes descansaran: casas de familia que daban el cuarto, algunas camas de cuero y espacio para colgar las hamacas y pasto para los animales de carga y de viaje. Y comida, casi siempre la misma; pero caliente en platos muy amplios. Ya para finales de los años treinta, en Siguatepeque, había pensiones con pretensión de hoteles que, además, daban servicio de comida “internacional”. Había empezado el desarrollo de la vocación de servicio de la ciudad: servicios oportunos para los cansados viajeros que hacían parada en sus espacios físicos y los primeros intentos de una gastronomía para los apurados viajeros. Y las frutas secas rodeadas de azúcar. El alcitrón había empezado su largo dominio diferenciador 

El Alcalde Municipal Alfredo Valeriano, su esposa, la gobernadora política, el vice ministro de cultura, el rector de la UNACIFOR y dos invitados de Olanchito.

En el año 1925 pasó por Siguatepeque en ruta hacia Tegucigalpa un misionero evangélico que se sintió atraído por el clima, la bondad de la gente y que le impresionó el abandono espiritual que sufrían. Solo había una Iglesia y un cura que daba misas y visitaba algunas de las aldeas cercanas. Mando informes a Estados Unidos. En 1931 llegó a Siguatepeque la misionera María Virginia Phillips que se consagró a predicar el evangelio y servir a la población. Su obra fue singular y de mucha memoria. En el año 1947 “el grupo de misioneros integrantes de la Misión Centroamericana con sede en los Estados Unidos se reunió y adoptó como meta una proyección netamente nacional en general para las cinco repúblicas”. En 1949, la señorita Phillips estuvo en la inauguración de la obra más importante realizada por los evangélicos en Honduras hasta entonces. Se inició la construcción de la primera etapa del Hospital Evangélico, siendo el fundador y primer director el Dr. Mariano B. Mckinney y un tiempo después, los evangélicos de la Iglesia Cristiana de Estados Unidos hicieron en Siguatepeque la mejor sede donde mostraron vocación de servicio, dedicación máxima y especialidad singularizada. Hasta 1969, el Hospital había dependido de la misión evangélica; pero desde entonces se creyó que podía administrarse a sí mismo. 

Hospital Evangélico

El doctor Mckinney entregó la administración y se creó la Asociación Hospitalaria Evangélica, constituida en sus inicios por las siguientes personas: Manuel Nasralla, José María Ramos, Javier Barahona, Dagoberto Cañadas, Julio Marriaga. Desde entonces el hospital se autofinancia y sigue dando excelentes servicios a los pacientes. A principios de 1950, empezaron a operar con una avioneta un servicio de salud que traía enfermos de todos partes del país. Un gran porcentaje de enfermos y sus parientes se adhirieron a las iglesias evangélicas y convirtieron a Siguatepeque en una de las primeras ciudades en las que su población fue mayoritariamente evangélica y concurría a las capillas atendidas por pastores estadounidenses que fueron sustituidos después por predicadores hondureños.

En 1959, se creó por las Fuerzas Armadas el Primer Batallón de Ingenieros y por su ubicación, se estableció en Siguatepeque. Desde esa fecha, la instalación honra a la ciudad. Y sirve a la ciudadanía. 

Primer Batallón de Ingenieros con sede en la ciudad de Siguatepeque.

Hasta los cincuenta, Siguatepeque tuvo el ritmo de crecimiento típico de las ciudades del corredor del desarrollo central -Tegucigalpa, Comayagua, Siguatepeque, Pimienta, Villanueva, Chamelecón, San Pedro Sula y Puerto Cortés-. La Carretera Central era una vía de tierra, útil para el tránsito durante todo el año. Apenas se interrumpía la circulación por los derrumbes periódicos que tardaban semanas en ser reparados por los gobiernos. En 1965, Osvaldo López Arellano inauguró la carretera pavimentada y el desarrollo de la región, incluido Siguatepeque, se dinamizó. Además de los servicios de hospedaje, empezó a despuntar la gastronomía. Comer en Siguatepeque y comprar alcitrones y otros dulces, formó parte de la agenda placentera de los viajeros y fue parte del encanto de una ruta placentera. Pero además se inició industrialmente la explotación de la madera y el bosque tomó una posición importante en el PIB de la ciudad de Siguatepeque. El sector servicios, la explotación maderera, la operación del hospital de los evangélicos, aceleraron la migración de diferentes lugares de Honduras y provocaron un aumento de la población de la ciudad. El gobierno creó la Escuela de Ciencias Forestales y con ello, se inició el proceso en que ahora, la ciudad tiene campus de varias universidades privadas, la mayoría de ellas. Y el cultivo de las flores, empezó a desarrollarse en algunos sectores cercanos a la ciudad. El crecimiento de la población fue singular y las inmigraciones, forjan nuevos liderazgos que le dieron impulso a la sociedad. En 1956 un ex sacerdote que viajaba dando servicios a la construcción de la Carretera Central, fijó su residencia temporal entre Siguatepeque y Choloma. En octubre de aquel año, se produjo un incidente armado en Choloma, con el saldo de siete muertos y entre los implicados estaba el ex cura Ildefonso Orellana que después, se estableció definitivamente en Siguatepeque iniciando un liderazgo que será el primero que tendrá dimensión nacional. En 1957 el “cura” Ildefonso Orellana, fue elegido diputado al Congreso Nacional por el Partido Liberal. Aquí destaca por su talento y habilidades, formando una facción que se sitúa a la izquierda del Partido Liberal. Viajó a Cuba, por razones de salud, -se dijo entonces, lo que sonó a excusa inocente- y allá se entrevistó con Fidel Castro y el Che Guevara.  Después de 1963, Orellana se vuelve una figura de sospecha para los militares y entonces, surgen otros liderazgos que hay que destacar: Juan de la Cruz Avelar que ha tenido mucho éxito en la explotación maderera, se convirtió en el líder del Partido Liberal en la zona. Ramón de Jesús Sabillón, originario de Santa Bárbara, establece su liderazgo y se constituye en una figura política. Avelar es el político que logra ocupar la posición más alta: es Designado Presidencial en el gobierno del Presidente Suazo Córdova. Sabillón, dirigente del transporte, es la otra figura que en el Partido Liberal destaca y con ello la ciudad contraria a Comayagua que es más conservadora, se convierte en la ciudad liberal del departamento. También sobresalen Rafael Pineda Ponce, Aníbal Delgado Fiallos, Salomón Sosa y en Siguatepeque es donde Manuel Zelaya Rosales crea su primer movimiento para lograr conseguir la candidatura presidencial del Partido Liberal. El movimiento –en una clara indicación caudillista y personalista- se llama MEL (Movimiento Esperanza Liberal). Aunque fracasa en el primer intento, Siguatepeque se constituye en una plaza en donde la clase media, especialmente la integrada por los profesores y empleados públicos, -profesores de colegios secundarios y universidades- muestran arrestos transformadores, casi “revolucionarios” que tuvieron sus primeras manifestaciones en forma de rebeldía religiosa: el padre Antonio Juárez Pereira, que se rebeló contra las órdenes del Obispo de Comayagua concitó a su alrededor, el respaldo de una gran parte de la feligresía. “Se destacó como un líder carismático que marcó la vida social y la comunidad dejando un legado imperecedero”. Y el Padre Ildefonso Orellana –ya mencionado- que fue diputado, intentó ser pastor religioso y que falleció rodeado de sus familiares en Siguatepeque. Pero fuera de estos casos políticamente casi nunca ha cuajado su liderazgo político y en ningún momento han logrado control político de la ciudad. Actualmente la ciudad es dirigida por un alcalde nacionalista y entre el PN y el PL, se dividen los regidores. El Partido Libertad y Refundación, no tiene un regidor en la corporación municipal.

La pavimentación de la Carretera Central, el aumento de la circulación por esa vía y la fama de Siguatepeque por su gastronomía, experimentó un singular impulso cuando el señor Amadeo D´Elia y su esposa Elena en 1978, fundaron un restaurante, supermercado, hotel, parador y centro de convenciones bajo el nombre Granja D´Elia, que hicieron que los viajeros que antes se detenían porque se había terminado la luz del día y era señal que la jornada también había concluido, ahora el motivo para parar en Siguatepeque es para comer, tomar café y helados; y comprar verduras y otros artículos en unos surtidos supermercados en Siguatepeque. Celebrar reuniones en su Centro de Convenciones o descansar en su confortable hotel es una de las opciones en una ciudad de las más seguras del país. El antecedente más lejano de esta iniciativa, fue la fundación del Bording House Central y el Hotel Honduras situado a la par del edificio Municipal. Actualmente, todas las franquicias de los Estados Unidos establecidas en Tegucigalpa y San Pedro Sula, se encuentran en Siguatepeque. Además, hay muy bellos y atractivos café, que llaman mucho la atención por su modernidad y atención singular. Por lo que se puede decir que, como polo turístico y ciudad diseñada para dar servicios, Siguatepeque es la primera ciudad de Honduras, indiscutiblemente. En fin, la ciudad tiene además una de las mejores ofertas culturales. Sus intelectuales, escritores, poetas y promotores culturales son muy activos. Tienen una bella y funcional Casa de la Cultura en donde se ofrecen conferencias y se celebran exposiciones pictóricas y escultóricas. Y en los alrededores, existe el primer parque estatuario de Honduras, indicativo de la imaginación de sus líderes culturales, que son muy respaldados por las cadenas de radio y televisión de la ciudad. El doctor José Antonio Baires Pinel, es el promotor de la radiodifusión y la televisión en la región. Y Leónidas Meza Recorte –recientemente fallecido- fue la voz, que por la radio hizo sentir a Honduras que Siguatepeque estaba allí y que tenía muchas cosas que ofrecer. 

Los invitados conocieron sobre las artesanías de la ciudad.

Cien años después de la declaración de ciudad mientras gobernaba el país Miguel Paz Barahona, su población es de 112,632 habitantes. 33% son niños, 58.41 adultos y un 7.65 de la tercera edad. De la población original, -la población lenca- solo hay muy pocos vestigios en las orillas, en las aldeas más alejadas del centro de la ciudad y entre los más pobres. La mayoría son campesinos. El resto de la población es mestiza, predominantemente originaría en el occidente de Honduras y de muchos otros lugares del país y del exterior. El hecho que aquí sea la sede del Batallón de Ingenieros de las FFAA, ha hecho que muchos oficiales y soldados, después de cumplir su servicio se hayan quedado a residir en la ciudad.  Por población –que en 2025 era de 112.632 habitantes– es la ciudad número 16 de Honduras. Superada por Tegucigalpa, Puerto Cortés, Danlí, Comayagua, Villanueva y Olanchito.

El actual Alcalde Municipal de Siguatepeque es Alfredo Valeriano que en la oportunidad del primer centenario de la ciudad que dirige desplegó interesantes actividades económicas y culturales, buscando la cercanía con el resto de las poblaciones del país y del cuerpo diplomático acreditado en Tegucigalpa. Le acompañaron en su iniciativa su esposa Nidia Avelar de Valeriano y los regidores Eli Santos Pacheco, Dania Mayorquin, Carlos Luis Reyes, Melany Meza, Dania Bonilla, Jorge Luis Aguilera, Mayqui Rivera y José Eduardo Palma. También destacó mucho el vice alcalde, Lucio Ludin Gámez. Las celebraciones estuvieron muy concurridas. Aunque fuera de la Gobernadora Política, no vimos al Ministro de Gobernación, a ningún sacerdote y tampoco el Comandante del Batallón de Ingenieros; o el Jefe de la Policía. Sin embargo, se notó presencia militar y policial que les dio salvaguarda a los ilustres invitados a la celebración.

Destaco mucho en la celebración del Centenario de la Ciudad de Siguatepeque el Lic. Elvin Cabrera actual vice ministro de Cultura, en el Gabinete Presidencial del Presidente Asfura, en donde despliega una incansable actividad, propia del originario de una población muy activa como es la característica de los nacidos y residentes en Siguatepeque. Queremos agradecerle la gentileza de habernos invitado generosamente y darnos el cariño y el afecto que los nacidos en Siguatepeque les dan a sus amigos. Un verdadero honor.

Tegucigalpa, 17 de abril de 2026.

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