Contracorriente: EL COHEP, ¿INTERLOCUTOR VÁLIDO?

Juan Ramón Martínez 

En el gobierno anterior, la “gobernante” solo hablaba con Mel y cuando este le daba instrucciones. Con nadie más. Era muda y autista. El pueblo era inexistente. Aunque el régimen se imaginaba refundador estructural, liberador de los oprimidos y defensor de los explotados. No hablaba con el pueblo. Ahora, Asfura tiene ventajas. No cuenta con Mel como asesor. Además tiene más disposición para hablar con los gobernados. No con todos. Prefiere a los empresarios. Lo que es natural porque es un empresario, miembro de ese grupo de poder.

Se ha reunido con el COHEP, con las Cámaras de Comercio de Cortés y del Sur y con los maquiladores. El resto de los grupos, integrantes de la sociedad, no han conversado con Asfura. Nos imaginamos que pronto se reunirá con los otros sectores representativos porque sabe que el COHEP no representa a la sociedad hondureña. Es apenas un importantísimo sector; pero que no representa al país.

No es sectarismo. Es el reconocimiento que la sociedad civil es un complejo variado donde son muchos los individuos a través de los que se expresa Honduras. Los empresarios de SPS tampoco representan a los hondureños. Ni siquiera a los empresarios del norte. Por eso hay que tener cuidado. No podemos tener un gobierno de empresarios porque entonces, se pondrán de pie y se enfrentarán con el gobierno los trabajadores y los empresarios del sector informal que son la mayoría del mercado.

Habíamos propuesto –sabiendo que el tiempo de las dificultades exige decisiones valientes porque vivimos en crisis, que reviviéramos el Consejo Superior de Planificación Económica para que desde allí, todos los sectores económicos sociales, cívicos y culturales del país, reflexionaran y respondieran a los retos existenciales estableciendo las prioridades; y  acordando los planes para construir soluciones. No se nos hizo caso, posiblemente porque no nos explicamos bien; o porque los asesores de Asfura privilegian las experiencias municipales y porque aunque Tegucigalpa es la ciudad más grande de Honduras se equivocan al creer que lo que es válido para la capital lo es para Honduras.

Los problemas nacionales no se resuelven en cuatro años. Urgimos de una visión de largo plazo. Con planes cuatrienales. Con metas claras y las obras definidas por realizar. De igual manera los compromisos y sacrificios de todos los sectores. Esa idea que el Ejecutivo es dueño de todo y lo puede todo; que consuela a todos es equivocada.

Además de las fallas “intestinales”, el gobierno exhibe malas costumbres y terribles desviaciones. La burocracia pública, está convencido que los fines del gobierno son los fines de la sociedad. Que lo que es bueno para el primero es enriquecedor para la segunda. También cree  que produce riqueza, cuando lo único que hace es gastar los impuestos que le pagamos –en contra de nuestra voluntad– los ciudadanos.

Además las fuerzas económicas tienen muchas dificultades. El primer problema es su tamaño, composición y salud. El sector formal de la economía es pequeño. El informal, mayor, caótico y desconocido.

Pero lo grave que el sector formal es dependiente del gobierno: le vende la energía a la ENEE –que no le paga a tiempo– construye las carreteras que financia el dinero público y las obras civiles en diferentes localidades. Es decir que tenemos una clase económica dependiente del gobierno, y que similar a sociedades del tercer mundo tenemos un “capitalismo de compadres” que usan la política no como medio para manejar la representación popular y la negociación de los acuerdos que facilita el modelo democrático, sino como medio para pactar y defender sus intereses.

No son pocos los lectores de textos extranjeros que hablan de un capitalismo inexistente en Honduras. Incluso de neoliberalismo. Confunden —con simplista inocencia— lo que son en la práctica contratos entre capitalistas y el gobierno, que representa a esos mismos capitalistas, con el capitalismo. Los países desarrollados tienen una empresa privada integrada por capitalistas que compiten entre sí por la inversión privada y dialogan con los gobernantes.

Por supuesto, hay disparidades: en Estados Unidos hay ahora un capitalismo tecnológico, donde se gobierna, se pacta; e incluso se va a la guerra para defender sus intereses. El Ejecutivo es instrumento para lograr sus objetivos. Aquí la diferencia es sólo cuantitativa.

Por eso nos preguntamos si el COHEP es el interlocutor válido. La Señora Gallardo no nos representa a todos. Cuando habla con Asfura, no defiende los intereses colectivos. Prefiere los suyos. Es natural. Algunas veces coinciden. Pero no siempre. Asfura tiene que ir más allá del COHEP. Hablando con todos los demás sectores. Sin duda alguna.

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