Contracorriente: SUGERENCIAS SOBRE QUÉ HACER CON LA ENEE

Juan Ramón Martínez

Pasamos un mal momento. Discutimos creyendo que tenemos la verdad y que los otros, son estúpidos. Y están equivocados. Ello impide el diálogo y de consiguiente la posibilidad del enriquecimiento mutuo. Alimentando el desarrollo de protestas que impiden crecer a la comunidad hondureña. Con la desgracia mayor que detrás de todo, hay la terca conciencia que no debemos pensar , sino  esperar que sean los otros – los extranjeros, que siempre consideramos superiores aunque le hagamos la puñeta a sus espaldas— los que ordenen que hacer. Y  pongan el dinero para llevar sus sugerencias a la práctica.

Esta debilidad es notoria ahora que enfrentamos el reto de diseñar una salida para la ENEE y HONDUTEL. Los diputados que están a favor de enfrentar el problema no saben que hacer. Mel y los suyos, para vivir como hasta ahora, alimentándose de la carroña de empresas públicas quebradas que nos roban a los contribuyentes, tampoco tienen idea. Los políticos latinoamericanos, Hidalgo hasta  Maduro de Venezuela creyeron que la falta de reflexión, imaginación y pensamiento serían sustituidos por la terquedad y la repetición de discursos ramplones e insustanciales. Detrás de estas conductas – que observamos en Bolívar, Morelos, Juárez, Morazán, Barrios, Flores, San Martín – está la falta de un concepto definido del valor de la democracia. Morazán en su testamento escribió que cuando había empezado a pensar diferente “se me quita la vida”.

Pero volvamos al tema. Leyendo mi artículo del martes, Edilberto Espinal, amigo y hombre de probado talento, me ha escrito. Y cómo sus ideas son muy interesantes las incluyo totalmente en este artículo. Pueden servirnos para reflexionar y buscar, desde el talento colectivo – que algunos tienen-- desarrollar un curso de acción que demuestre que los hondureños, también pensamos.

Escribe Edilberto  Espinal: “Durante los últimos años hemos observado las dificultades que enfrentan los gobiernos para optimizar su ecuación de valor en lo que respecta a la gestión de las empresas propiedad del Estado; y en particular la situación de un futuro incierto que enfrentan la ENEE y HONDUTEL”.

“Para fomentar las inversiones y promocionar al país facilitando los trámites, debemos ordenar el ambiente de Negocios del Estado ante la realidad de nuestras Empresas Públicas, cuyos problemas pasan largo de ser técnicos; y son meramente de gestión, por lo que para rescatarlas y transformarlas  en competitivas proponemos en este ensayo algunas ideas a perfeccionar:
“1. Con empleados de ENEE y HONDUTEL,-- sus prestaciones laborales y fondos de Pymes-- fundamos empresas sub operadoras locales en regiones, departamentos o municipios para atender a los usuarios, pudiendo incorporar cableros, cooperativas, alcaldías, etc. Desde el alumbrado público y todo lo relativo a intendencia (vigilancia, aseo, conserjería y servicios como mecánica, carpintería, tapicería, etc.) se tercerizan con ex-empleados. De esta forma adelgazamos las “Empresas Madres” sobrecargadas; e incorporamos a los empleados y a emprendedores con empresas propias. Incluso en las ciudades donde queden operando la ENEE (Distribución) y HONDUTEL como tales, al final podrían ser una sola Empresa, estilo ICE Costa Rica. Ellos sí van a poner todo su empeño en servicio y cobrar todo lo que se venda porque son parte del negocio y estarán próximos al cliente para brindar un mejor servicio.
2. Crear una Corporación Nacional cuya Junta Directiva sea el Gabinete Económico. La Corporación será la dueña del 100% de las acciones de las Empresas Públicas. Las Juntas Directivas de esas empresas y sus principales funcionarios estarán conformadas por ciudadanos competentes conocedores de cada sector, para tomar decisiones y lograr resultados ágiles. Aprovechando las experiencias positivas de COALIANZA e INVEST-- Honduras (Cuenta del Milenio) para ampararlos institucionalmente; y no crear nueva burocracia.
Esta Corporación canalizará todas las inversiones que el Estado requiera en materia de infraestructura y obras públicas (energía, telecomunicaciones, turismo, puertos, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, transporte marítimo, oleoductos y gasoductos, petróleo, minería, viviendas, etc.), solo; o, en alianza público- privada, fiscalizadas todas las operaciones por el TSC.
3. De ser posible y una vez productivas las Empresas, el Estado patrocinará una Bolsa de Valores amplia y democratizada para vender participaciones, invirtiendo el dinero en nuevos proyectos y en gasto social. A este mismo proceso se incorporan las concesiones cuyos términos vayan expirando y deban traspasar sus bienes al Estado, pudiendo otorgar su administración a interesados competentes.
Este nuevo enfoque es similar a los modelos exitosos como las Empresas Públicas de Medellín-EPM, 100% públicas con administración como privadas o el sistema de las empresas de servicios públicos de las Islas Inglesas del Caribe, mezcla de capital público- privado administradas como privadas”.

Ahora podemos opinar.

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