Contracorriente: HONDURAS COMO PROBLEMA Y LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS COMO SOLUCION (1/4)

Juan Ramón Martínez (*)

Honduras fue y lo sigue siendo, la provincia, el estado y la republica menos exitosa de Centroamérica. Morazán llego a creer que era inviable. Valle no expreso mucha confianza en nuestro futuro. Y después, muchos,-- ante las espadas “vencidas” y la lágrimas derramadas en la guerras civiles --, han creído en noches de insomnio y desesperación que la “Republica de Honduras es imposible”. 

Convencida nuestra generación que la vía para intentar construir la nación y hacer posible una Honduras mejor, no es el camino de la guerra civil; ni la dictadura, concluimos que la única vía civilizada es la democracia. El fascismo, el socialismo y menos el marxismo, son alternativas. La vía inevitable es la democrática. 

Pero después de muchos esfuerzos desde 1980 hasta ahora, en que hemos vivido en democracia; y en relativa paz institucional –con solo dos alteraciones institucionales que provocaron Mel Zelaya y JOH en 2009 y 2017- nos preguntamos porque la democracia no nos ha dado resultado tangibles, no ha consolida un liderazgo comprometido; y menos creados satisfacciones al pueblo para que sin vacilaciones, además de las fiestas electorales, entregue su vida y su esfuerzo defendiendo un modelo suficientemente probado en muchas otras sociedades. Hay sectores que les entusiasma la nostalgia de la dictadura.

Cada día que pasa, más hondureños creen que la democracia no da resultados, que las elecciones nos producen los mismos gobernantes insatisfactorios; y que los políticos en vez de mejorar, cada día que pasa son peores, hundidos en la mediocridad y sin compromiso con un modelo que lleve al país al desarrollo y a su pueblo al bienestar general. 

De repente hemos pasado por alto que igual que reflexionaron en algunos momentos los religiosos que no era posible enseñar el evangelio a hermanos con el estómago vacío, ha llegado la hora de interrogarnos si hay una medida en el PIB para asegurar el compromiso democrático de las mayorías. Leyendo a Juan Carlos Primero en sus Memorias, encontré que cuando “le tocó dirigir la transición entre la dictadura franquista y la democracia española”, se hizo la pregunta si era posible forjar la democracia en España con un PIB menor de 4.000 dólares.   

En esta oportunidad, planteo la duda si es necesario establecer una relación medible entre el PIB y el compromiso democrático. Para que no se olvide que democracia y bienestar además de causa y efecto, tienen la virtud de ser factores que mutuamente se alimentan y por ello se necesitan. Y que para el logro de nuestras finalidades, aceptemos que entre política y economía hay una inevitable relación. Porque la una crea las condiciones inevitables para que la democracia sea, -- en el fondo y en su desarrollo-- un pacto inevitable entre las fuerzas políticas que dan satisfacciones y estabilidades. Y como nunca hemos tenido tal clima de seguridades, es obligatorio en esta oportunidad tener presente este concepto cuando cada uno reflexione sobre qué hacer, cuando medite y acaricie a Honduras como problema e imagine las soluciones para resolver sus dificultades. 

Antes de escribir estas líneas creía –y creo que ustedes los creen también– que la clave es la falta de políticos competentes, honrados y comprometidos con el bien común; y que en consecuencia, debemos dedicarnos a la forja de las condiciones para que, igual que en 1954 se descubrió que para asegurar la paz, había que cambiar a los militares de cerros por espadas de escuela, nosotros también – en este momento y en una dimensión más global – creemos que hace falta que la política en vez de ser el espacio para los improvisados, los oportunistas y los desocupados, sea una misión que convoque a los mejor preparados, para que -- desde el compromiso-- hagan posible que la política en vez de obstáculo, use las reglas democráticas y haga posible el bienestar de la mayoría de nuestro pueblo, sin comprometer su libertad 

Debo confesar que nos movemos en un universo de incertidumbres y que la apuesta que hacemos por la formación científica de los políticos, aunque nos da mayores garantías y asegura los éxitos deseados en mejor forma que hasta ahora, no hay que abandonar la duda. Puede ocurrir que aunque tengamos buenos políticos, ocurra que las estructuras electorales no sean las adecuadas, que los entornos geopolíticos los más favorables; o que el electorado tenga dificultades de tal naturaleza que más bien actué en contra de sí mismo. Y no sabiendo que hacer, cuando decide, escoja lo peor.

(CONTINUARA)

(*) Conferencia dictada en la Universidad Católica de Honduras, Tegucigalpa en la inauguración de las clases de la carrera de la Facultad de Ciencias Políticas.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Contracorriente: ¡MEL NO ENTREGARA EL PODER!

Carta: RAFAEL PINEDA PONCE SEÑALA QUE MEL ZELAYA ES TRAMPOSO (*)

Contracorriente: ¿QUIEN DIJO QUE SERIA FACIL DERROTAR A MEL?