Cosas del español (97): UNA LENGUA MESTIZA: EL YOPARÁ

El uso del guaraní local en las reducciones
jesuíticas de Brasil, Argentina y Paraguay favoreció que, en la competencia
entre el idioma latino y el español, el primero no saliera tan mal parado como
otras hablas vernáculas. Así, aunque el español penetró desde el primer momento
en el guaraní original -con la introducción de términos indispensables para
predicar el Evangelio y la eliminación de los relacionados con los cultos
paganos que se pretendía erradicar-, tales alteraciones nunca le hicieron
perder su estructura. Hoy es uno de los ejemplos de lengua indígena que,
convertida en lengua general, comparte estatuto de cooficialidad con el español
de un país hispanoamericano. Paraguay es un país bilingüe, y es precisamente
este extremo el que diferencia el guaraní de otras lenguas autóctonas del
continente, ya que su uso no queda restringido a las comunidades indígenas.
La convivencia del español y el guaraní ha
generado una lengua mixta, coloquial, el yopará o guarañol, con la que se
comunican buena parte de los paraguayos en el día a día. El término yopará
(en su grafía original jopara) designa un guaraní un guiso típico
elaborado a base de carne seca, maíz y porotos, entre otros ingredientes, y
también es sinónimo de mezcla. Incorpora cierto matiz despectivo
que aludiría a algo confuso y abigarrado, presente en la caracterización que
hizo de este hibrido uno de los más célebres representantes de las letras
paraguayas, Augusto Roa Bastos, que lo tildó de «horrendo dialecto» y «habla
idiota».
No hay consenso acerca de la definición del
yopará -la relación entre el guaraní y el español debiera entenderse como un
continuo de límites imprecisos-, pero la influencia del español es muy
significativa en el nivel léxico y menos importante en el morfosintáctico. No
son pocos los autores que consideran que el yopará es una corrupción extendida
del guaraní -un guaraní mestizo, por tanto-, que adaptaría léxico español a la
morfosintaxis de la lengua autóctona original, incorporando también partes del
discurso en español.
(Fuente:
Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de
Academias de la Lengua Española, págs., 244 y 245).
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