LA VIDA EN LOS CAMPOS BANANEROS DEL DISTRITO DE OLANCHITO (1947-1965)

Anales Históricos

---

Parte I

Juan Ramón Martínez

Hasta 1935, Olanchito era una ciudad que hacía de “punta de rieles” –fin de la vía- del ferrocarril de la Truxillo Railroad Company. Este año dejó de circular el ferrocarril y poco tiempo después se levantaron los rieles, muchos de los cuales fueron comprados por compañías fruteras subsidiarias de la Vacaro Brother Co., que después se llamaría Aguan Valley Co. Al final del período su nombre seria Standard Fruit Company. Ahora se le conoce como DOLE. En 1936, los trabajadores de la Aguan Valley, que trabajaban en la construcción de la vía ferrocarrilera que uniría el valle del Aguan con La Ceiba, estaban en las cercanías de Carbajal, Olanchito. Modesto Herrera Munguía, profesor de Olanchito que escribiera la Biografía del Municipio para “La Monografía de Yoro” que publicara el profesor Rubén Antúnez, consigna que “las ventas de alambre de púa se han incrementado; y los ganaderos por primera vez, empiezan a construir potreros para retener a sus hatos ganaderos en espacios definidos”. Antes, el ganado vacuno y caballar vagaban libre en todo el “Valle Medio” y del “Valle Arriba” del Aguan. Pastando en lo que entonces se llamaban “sitios”  -espacios abiertos-, sin cercas que los detuvieran. Allí se reunían los ganaderos varias veces al año,  para marcar a sus reses, con lo que se ratificaba en forma colectiva y consentida, la propiedad sobre las mismas en forma ordenada y sin problemas. Uno de los sitios más cercanos a Olanchito, era el de Sabanetas. Los agricultores –desde los primeros tiempos de la conquista española hasta entonces– tenían la obligación de construir los cercos de las áreas donde hacia sus cultivos, aumentando los costos y disminuyendo las posibilidades de acumulación capitalista originaria y la consiguiente reinversión por parte de los agricultores. La llegada de la trasnacional bananera estadounidense entonces, además de la introducción de la agricultura moderna en el Valle del Aguan, se constituye en un reto y una amenaza para los ganaderos del municipio, porque les obligo a encerrar, en potreros cercados, a sus ganados vacuno y caballar. Aumentando costos y obligándolos a cambiar su tradicional modo de producción.  Que para entonces, en el caso de Olanchito manejaba un menor número de especies que la ganadería del cercano municipio de Arenal, de menos espacios, aguas y gramíneas para alimentar a los hatos.

El relato de la vida campeña, sus formas de trabajo y su vinculación con la ciudad es muy incipiente. Hay algunos artículos desperdigados en los periódicos de La Ceiba, Atlántida y un trabajo perdido de un salvadoreño sobre los campeños y que fuera publicado fragmentariamente por la semanaria “Patria” de Olanchito en la década de los cincuenta del siglo pasado cuando me iniciaba en las tareas periodísticas.  Por eso el relato literario y cultural es más fuerte y negativo que el histórico para explicar la presencia de la bananera en el Valle del Aguan y  estudiar sus relaciones con los ganaderos locales. “Las obras de los artistas y de los hombres de letras sobreviven a las acciones de los comerciantes, soldados y estadistas. Los poetas y los filósofos se destacan sobre sobre los historiadores, mientras que los profetas y los santos sobrepasan y sobreviven a todos los demás”. (Arnold J. Toynbee, La Civilización Puesta a Prueba, EMC Editores 1960, pág. 10).

 Por ello, la fuente de mayor uso por quienes desde largo intentan comprender el impacto de la industria bananera en la Costa Norte, especialmente en la llamada Costa Arriba, es una “novela regional” “Prisión Verde” de Ramón Amaya Amador –Olanchito, abril 1916 / Europa, noviembre de 1966. En su primera edición en forma de folletín semanal en el Semanario “Alerta” en el año 1945, lleva la frase adicional “novela regional”, sin que Amaya Amador haya explicado en ningún momento la razón de ese subtitulo lo que esclarece poco el asunto. No es un documento histórico; ni siquiera es un testimonial como nos vendió exitosamente el concepto -- con fines políticos-- Longino Becerra. “Prisión Verde” es en realidad es más bien un alegato literario en contra de la agricultura capitalista, por el acaparamiento de tierras, el tratamiento a sus trabajadores; y la resistencia de los empresarios capitalistas y los funcionarios gubernamentales, en contra de la organización de estos para la defensa de sus intereses y derechos. Y un muestrario del temor de los pequeños y medianos ganaderos –muchos de los que no tenían siquiera tituladas sus tierras, de modo que enfrentaban dificultades para confirmar su calidad de propietarios en caso de querer venderlas— y su disputa inevitable por la escasa mano de obra, con la empresa que llegaba ofreciendo mejores salarios y diferentes condiciones de empleo para su mano de obra que hasta entonces, mantenía bajo absoluto control; y con bajísimos salarios. Los temas de los salarios afectaron mucho a los ganaderos del Valle del Aguan. La bananera venía pagando el triple del salario que ellos acostumbran, lo que no dejó de afectar a los pequeños y medianos ganaderos de los alrededores de Coyoles Central, especialmente Coyoles Caserío, Chorrera, Nombre de Jesús, Medina, Tejeras, San Lorenzo, Teguajal,  y Santa Bárbara. Además, venía a cuestionar y modificar las relaciones laborales en el interior del “modo de producción” establecido por los ganaderos desde los años de la consolidación del sistema colonial. “Tanto los hijos del propietario como los empleados se relacionaban como amigos y con gran solidaridad. No se veían en los estatutos de empleado o hijo. El trabajo los juntó y las dificultades y logros los hermanó como personas con sentimientos y sueños. La vida laboral compartida, el esfuerzo de todos para sacar adelante la unidad productiva, eleva la relación (laboral) a rangos de amistad. El éxito de la finca beneficia a trabajadores y propietarios”. (Luis Zavala, 2017).

En cambio las relaciones capitalistas que introduce la bananera a la zona son otra cosa. Más frías, impersonales, individualistas y metálicas. Ancladas en un uso diferente del tiempo, la uniformidad de las tareas, la clasificación ordenada de las acciones; y las calidades uniformes de los productos obtenidos. Dentro del proceso productivo cada quien hace lo suyo, tiene lo suyo; recibe lo suyo; y sufre lo suyo. No hay intercambio de favores; ni formas de lealtades más alla del cumplimiento de las tareas con los resultados anticipados; y el pago. Otra cosa son las relaciones de la empresa bananera con los gobiernos centrales y municipales que bien valen para otra investigación. Este tema no lo manejamos sino muy marginalmente en este ensayo. Pero es un importante filón que hay que explorar  para conocer en el futuro los efectos que tiene la industria bananera en los ingresos y poder del Gobierno Central, las municipalidades de Olanchito, Arenal, Sonaguera, La Ceiba, Jutiapa, Balfate, Tocoa, Trujillo y Progreso. Y conocer la forma como se usó ese poder en beneficio de los miembros de las comunidades o de las oligarquías locales. Apenas, por razones obligadas, nos atrevemos a anticipar que la modernidad del capitalismo bananero, tuvo evidentes efectos en los entornos no solo en términos cuantitativos – crecimiento de la población, aumento de las actividades productivas y cambios en los modos de producción tradicionales – sino también en términos cualitativos. Se mejoró la educación primaria y secundaria, se estimuló la circulación de las ideas; y de alguna manera, en la cresta de la criticidad, aumento la libertad de opinión yse fortaleció el partido de oposición al régimen dictatorial, el Partido Liberal. Y en la ceiba además, se crearon las primeras células del Partido Comunista. Y se forjo, un sistema mutualista cercano al socialismo, impulsado por lo profesores, obreros y artesanos de Trujillo, La Ceiba, Olanchito, tela y Progreso.  . Circularon periódicos en Olanchito y en la Ceiba – mucho más, por cierto en esta última ciudad – generando un cambio cultural y político que vale la pena explorar en el futuro.

El relato literario de “Prisión Verde” en el fondo, se basa en el supuesto que, para asegurar la vida futura de los habitantes de las localidades de la zona, el discurso efectivo es “no vendan sus tierras”; y que, además por reflejo, significa que no adopten las practicas capitalistas de la agricultura moderna por lejana, impersonal, deshumanizada e insolidaria. Las respuestas a este discurso fueron diferentes en cada una de las municipalidades mencionadas. En El Progreso, Tela y La Ceiba la agricultura era más moderna que la de Olanchito, Arenal y Sonaguera. Desde principios del siglo veinte los “poquiteros” se habían dedicado al cultivo, corte y exportación de bananos especialmente en la zona de El Progreso y Tela. Tenían un mejor concepto del tiempo, habían descubierto la complementariedad del riego y, lo más singular, algunos de los productores conocían del tema de la división del trabajo, la asociación y la inversión con capitalistas extranjeros. Para el periodo que estudiamos, Zemurray había experimentado operaciones de coinversión en Cuyamel y Tela. Incluso algunos prestanombres y cabilderos de las compañías fruteras, recibieron fincas que asesoradas por los técnicos de las bananeras, fueron el origen del capitalismo de la Costa Norte. Algunos tuvieron éxito. Otros fracasaron estrepitosamente. Darío Euraque ha estudiado con mucho éxito estas relaciones.

La mano de obra: de dónde vienen los peones.

Tampoco los historiadores locales y nacionales,  se han ocupado de estudiar y escribir sobre las condiciones de vida de la mano de obra contratada por la empresa bananera, el origen de su masa laboral; y las condiciones de vida en que se desempeñan en sus lugares de origen, en comparación con salarios y condiciones de salud y vivienda de las poblaciones vecinas y del resto del país, sino en escasas oportunidades. En los últimos tiempos, ha espigado exitosamente en este tema Marvin Lemus Rivas en Pesquisa del Oro Verde, Migraciones internas hacia las zonas bananeras de Honduras (1899—1932), utilizando como una de sus fuentes los registros de matrimonios en algunas de las municipalidades mencionadas anteriormente.

 En nombre de la defensa de los trabajadores explotados por la bananera, Ramón Amaya Amador en su novela –que de eso se trata de una novela, una obra de ficción realista; no de un testimonio de un obrero bananero como la han querido presentar– defiende a los ganaderos locales; y pone en evidencia, el rechazo de la mayoría de la población urbana de Olanchito en este caso, ante la presencia de la bananera. Las fuerza económicas urbanas de Olanchito, no comparten necesariamente esos  temores. Lo meta literario esta dirigido no al habitante urbano, sino que a los ganaderos locales. Esta confrontación entre agricultura elemental y con muy escasa tecnología,-- que es en caso de Olanchito la actividad menor-- y la ganadería, de mayor impacto en el sostenimiento de la ciudad y  ejercido por los hombres y mujeres de poder de la ciudad, igualmente poco ha sido estudiada. Apenas tenemos algunas referencias de las relaciones contradictorias entre minería y ganadería en los siglos XVII y XVIII, específicamente en los casos de Tegucigalpa, Valle de Ángeles, Santa Lucia, Yuscarán y Danlí. “En el siglo XVIII surgieron las grandes haciendas alrededor del Real de Minas de Tegucigalpa como las de Archiaga, Guadalquivir, El Hato, los Agurcias y San Diego. El Censo de Tegucigalpa de 1777, muestra un estado cambiante de cosas. Treinta y cuatro años antes se habla de negros y mulatos en su conjunto, en ese censo el numero solo de mulatos asciende a 3.768 y en 1800 solo quedan 185; los españoles –con toda probabilidad se trata de criollos no mestizados-, suman 398, los indios de Comayagüela continúan siendo un alto número, 1273 para entonces, en contraste con los 115 que habitaban en Tegucigalpa. Para ese entonces, los indios se habían desplazado hacia las riberas del Rio Grande a los lugares que luego se llamaron Rio Hondo y después Pueblo Abajo, cuyos límites alcanzaban hasta la plaza de los Dolores”. (Rolando Soto, Gloria Lara de Pinto: Parroquia de San Miguel de Tegucigalpa, ICOMOS de Honduras, pags.19, 20).

Esta falta de población y su dispersión, afectaron la minería; y se crearon relaciones contradictorias con los ganaderos. En el siglo XIX, el problema adicional eran los vicios -especialmente el alcoholismo- que alejan a los obreros de sus trabajos en las minas. Para corregir tal anormalidad, se emiten severas leyes en contra de la vagancia y el alcoholismo. Se define entonces como vago “el que no tiene ocupación de por lo menos dos días durante la semana”. En la Ceiba, Antonio Canelas ha efectuado los estudios más críticos sobre la influencia de la transnacional bananera en el pasado y futuro –del tiempo histórico de Canelas Diaz– pero que se ha explorado muy poco en el presente. La Ceiba de finales del siglo pasado y la ciudad de principios del siglo XXI, son diferentes y ofrece excelente espacio de estudio comparativo. Igual cosa ofrece también Olanchito, aunque en una dimensión más modesta 

Volvamos a nuestro asunto. El primero hecho que se torna inevitable atender es el de la mano de obra que necesita la industria bananera desde el año 1936 especialmente. En los municipios de Sonaguera, Tocoa, Jutiapa, Olanchito y Arenal no había suficiente población y en consecuencia la mano de obra era relativamente exigua. En 1945 la población total del municipio de Olanchito era de 20.701 personas. 11.398 eran hombres y 9.303 eran mujeres. La mayoría de la población estaba auto ocupada y en menor proporción ocupada por la ganadería. Los censos de los contribuyentes de los municipios dan fe que los proletarios sin bienes, eran reducidos. De forma que para atender la demanda de mano de obra de un cultivo anual como es el banano, -que exige más personas por hectárea en producción, contraria a la ganadería en la que un hombre puede manejar hasta cuarenta cabezas de ganado y administrar hasta cincuenta hectáreas- en las zonas en donde se estableció la bananera no había población suficiente. Era entonces inevitable la necesidad de atraer población de otras partes y concentrarla en campamentos, para garantizar la continuidad de sus servicios. Surgió así el campamento bananero que al paso del tiempo, se conoció como “El Campo”. El pueblo bananero.

En Olanchito a partir de 1936, -- como decíamos -- la compañía bananera no encuentra en el valle arriba del rio Aguan población entre la cual reclutar la mano de obra que necesita para sus operaciones. No hay en la zona, suficiente población para ser empleada en las plantaciones y, además, la población culta –que sabe leer y puede cumplir instrucciones– tiene un evidente rechazo cultural a emplearse como jornaleros u oficiales en la empresa bananera. Contrario a la Ceiba que es más urbana y el empleo por cubrir es más técnico y profesional, la oferta de empleo de la Standard es para personas en su mayoría con nivel de estudios escolares terminados. Requiere peones para la realización de las tareas básicas del proceso productivo que incluso no sepan leer y escribir siquiera. Las aldeas y pueblos de los alrededores: Sonaguera, Sabá, San Francisco, Potrerillos, Ocote Aldea, Nombre de Jesús, Calpules, Coyoles aldea, Chorrera, Medina, San Dimas, San Lorenzo, Santa Bárbara, San Marcos, La Lima, Teguajinal, Teguajal, Santa Cruz y el municipio de Arenal tienen poca población disponible. La mayoría son pequeños productores de subsistencia que no tienen interés en emplearse en la frutera, tanto por los temores hacia lo nuevo y al nuevo modo de producción, como por el hecho que el trabajo significa alejarse de sus familias; descuidar a sus animales y desatender pequeñas propiedades. La población alfabetizada de Olanchito –profesores rurales empíricos la mayoría y algunos graduados en Tegucigalpa, ex militares o burócratas desempleados– muestran poco interés en el trabajo en la industria bananera. No lo valoran como uno que les dará prestigio. Incluso en lo referido al autor del relato más importante y popular sobre la vida bananera, no hay pruebas que Ramón Amaya Amador haya sido trabajador en algún momento de la empresa Standard y mucho menos que haya sido “venenero” regando caldo bordeles con el cual se combatía la sigatoka que afectaba a las plantaciones. Su condición de alfabetizado es notoria. Es un joven inteligente, deportista apasionado y un hijo único de una madre soltera con la cual maneja una cercanía que nunca le habría permitido la obligada separación que el trabajo bananero le habría impuesto. Más bien lo que hay son evidencias que desempeñó en algunos momentos como profesor suplente y temporal en la Escuela Modesto Chacón (Francisco Murillo Soto, Director Escuela Modesto Chacon, Diario Pedagógico, 1940) para suplir ausencias de maestros permanentes que eran afectados por problemas alcohólicos o por otras enfermedades. Además, por el nivel cultural suyo, si hubiese querido ingresar a la empleomanía de la Standard le habría asegurado una posición de capataz e incluso de tomador de tiempo o Time kiper. O mandado de Finca. Tampoco hay evidencia alguna de asociación de dueños de tierra y empresa bananera para sembrar banano como si se encuentra en el distrito de El Progreso y en Tela. Evidencia que las fuerzas capitalistas locales en Olanchito también eran muy incipientes.

Los peones, provienen mayoritariamente de El Salvador. En 1932, cuatro años antes la dictadura militar de Maximiliano H. Martínez, había chocado con la revuelta campesina que reaccionó negativamente al avance cafetalero en contra de los intereses de los campesinos de subsistencia. Los que sobrevivieron a la matanza, se trasladaron a Honduras, atraído por las noticias de la feracidad de las tierras, la falta de brazos para cultivarlas y las oportunidades de trabajar con “los yanquis en la industria bananera”, (conversación con Marcial Hernández, 1975). Es decir que una gran parte de los salvadoreños que llegan al distrito de Coyoles Central e isletas, ya estaban en Honduras. Solo se mueven de una zona a otra. Desde Olancho, se moviliza una fuerte cantidad de hombres jóvenes hacia la Costa Norte. Provenían la mayoría de Esquipulas del Norte Juticalpa, Manto, Campamento Concordia, la Unión, San Esteban, Salamá, El Rosario, Silca y Yocón. En la Jigua, en 1950 la mayoría de los peones eran olanchanos. Le seguían los sureños –Nacaome, Choluteca, El Triunfo, Pespire, y Langue– y en último lugar los occidentales llamado entonces “pata de pluma” que se distinguían por su piel más blanca que la del resto de los peones.

1.   El problema de la temporalidad y espacialidad de la historia de la industria bananera.

Otro problema en el enfoque histórico del tema bananero es de carácter temporal y espacial. Los relatos se congelan y se generalizan, dando la impresión que lo ocurrido a finales del siglo XIX, se repite en forma mecánica durante los años veinte –con el quiebre de la crisis capitalista de 1929- la transición de los liberales a los nacionalistas de los años treinta en el control del poder; y en el periodo post huelga laboral de 1954. Además, los estudios no diferencian entre las empresas. Lo que vale para la Cuyamel, no se aplica como generalización para la Truxillo, United Fruit Co. y la Standard, porque son empresas diferentes, con liderazgos diferentes; e incluso con relaciones de sus empresarios con la población local diferentes. Por ello se pasa por alto por ejemplo, que los inversionistas de la Vacaro Brother son católicos. Que incluso construyen iglesias. Mientras los de la Cuyamel, La Truxillo, son judíos o protestantes que no ven con ninguna simpatía la religiosidad católica popular. Algunos historiadores van más allá. Creen que el cultivo del banano es igual en Costa Rica, Nicaragua y Panamá. Algunos historiadores nacionales, formados en la UNAH y la UPN, para efectuar sus descripciones de las características de la industria hondureña, usan como fuente referencial los estudios hechos en Costa Rica lo que representa un error y una falla metodológica muy significativa.

En loa referido a la mano de obra más especializada – distante de los peones o campeños -- son muy poco los nombres de familias de Olanchito que se emplearon en la bananera como capataces, mandadores e incluso como técnicos. Osvaldo Ramos Montoya, Octavio Ramos Montoya, Francisco Núñez Oseguera, Fabio Bardales Rivera, Sergio Castro, Alfonso Urcina, Hernán Posas Núñez, Ricardo Vallecillo, Antonio Núñez, Armando García, Pedro Cruz, son la excepción. Todos se emplearon en el distrito de Olanchito. Benigno Gonzales, Enrique Galo, Terencio Puerto-- todos profesores--, fueron mandadores en el distrito de El Progreso. Osvaldo Ramos Montoya, fue además Superintendente del distrito bananero de la Standard en esa zona. El que más éxito tuvo en el mundo bananero del periodo que estudiamos fue Hernán Posas que sin ser agrónomo siquiera llego a ser gerente de Producción de las plantaciones bananeras de la Standard Fruit Co. en las Filipinas. Y después en Honduras. Y al final de su vida económica, incursionó en el cultivo del banano en Ecuador y en el Perú, cosa que ningún hondureño que sepamos ha podido realizar. Los mandadores, tomadores de tiempo, Jefe de Comisarito, médicos, enfermeras, operadores de equipo pesado  y capataces eran mayoritariamente de la Ceiba, Olancho, Jamaica y la zona sur. 

La Ceiba, aportó contadores, capataces y mandadores. Las oficinas centrales eran el corazón de la ciudad, que no solo ordenaba las cosas materiales, sino que estableció los horarios para las comidas de los ceibeños. Una sirena sonaba y le daba ritmo a la ciudad. Olanchito en 1955, siguió el ejemplo de La Ceiba.

Además la bananera hizo uso de mano de obra traída de otros países: de Jamaica, para trabajar en el tendido de las líneas férreas, operación y manejo de las locomotoras y mantenimiento de las vías férreas; y de guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses, cubanos, españoles y mejicanos y hondureños originarios del departamento de Olancho, Santa Bárbara, Choluteca, Valle y Comayagua, especialmente para capataces porque esta posición exigía que supieran leer y escribir.. En los primeros años, hasta finales de la II Guerra Mundial los mandadores de las fincas era estadounidenses, la mayoría de Luisiana, específicamente Nueva Orleans   Para entonces, la población de origen palestina que se había establecido en el distrito de Trujillo, cuando la bananera cerro sus operaciones, se establecieron la mayoría en Olanchito. En la década de los cuarenta, la inmigración árabe en la ciudad de Olanchito es numerosa. Hay muy buenos registros de los que se naturalizaron y trajeron consigo o mandaron por sus esposas de Belén y de Belth Yala, preferentemente. No hay un solo chino. Solo un culie (Hindu) (Aly) que fundo y manejo la primera panadería de la ciudad de Olanchito y que giraba con el nombre comercial  de “Indostan”  y un polaco (Juan Zemack) que era experto en el mantenimiento y reparación de motores y que si se empleó como técnico en la Standard. La población garífuna, -de vocación pescadores- no tenía disposición hacia la agricultura, de modo que los pocos que se establecieron en la bananera o en Olanchito, lo hicieron como cocineros, jardineros, músicos, estudiantes ocasionales o “hijos de casa”, niños que sus padres entregaron para su crianza a algunas familias de Olanchito y Sabá. Después de los palestinos la inmigración más numerosa y más influyentes fueron los salvadoreños, jamaiquinos, cubanos y españoles. Ellos tenían la ventaja que sabian leer –por ello son empleados la mayoría de ellos como capataces– y los que se quedan en Olanchito o se establecen en los alrededores de los campos bananeros tuvieron gran disposición hacia el comercio. En Tejeras, se establecieron dos negocios: la tienda de artículos generales de Salomón Barjun y la sastrería de Arturo Zelaya. En Olanchito, después de los palestinos, los salvadoreños controlaron el comercio múltiple, en tiendas que mezclan la venta de artículos de consumo, con ropa y zapatos. Y algunos otros, que hacen comercio ambulante: Pio Carrasco y Francisco Bonilla, son de Aramecina. Destacan como más exitosos los salvadoreños Ramón Pineda, Chano Navarrete, Jacinto Sorto y Ángel Orellana. Este último iniciador de la primera zapatería con ánimo industrial de la ciudad de

En cambio, en La Ceiba, la actitud hacia la empresa frutera es diferente. Las oficinas centrales de la empresa están en la misma ciudad. En Olanchito en cambio se establecieron a 14 kilómetros hacia el noreste, en Coyoles Central. El puerto de embarque de la fruta hacia los mercados de los estados Unidos. estaba al final de la avenida  La Republica y la mano de obra para cargar bananos, vive allí mismo en el Barrio Ingles. La mayoría son garifunas La mayoría de los contadores eran jóvenes caribeños. Los oficiales de cada finca, mandadores – de finca y de agua—los time kipér eran en su mayoría originarios y formados en la Ceiba.

2.   Los campamentos o “campos”, residencias de la mano de obra.

Para poder retener la mano de obra, -porque en la industria bananera no hay tiempo muerto como en el cultivo de la caña, en vista que la operación laboral es continua e ininterrumpida-, la empresa bananera tiene que construir campamentos, conocidos como Campos, con viviendas de madera, -llamadas barracones- parecidas a los modelos de viviendas de Nueva Orleans, Estados Unidos. Son construidos los barracones sobre pilotes para enfrentar las inundaciones, alineados alrededor de una “calle” central, en la que en uno de sus lados, existe un pequeño canal cubierto de cemento que evacua las aguas lluvias y las aguas servidas en las cocinas que son depositadas en un crique que forma parte del sistema de drenaje general de la plantación. Entre las viviendas no hay cercos, no se permiten las ventas permanentes –los campeños compran sus bienes de consumo en los comisariatos de la empresa- y  tampoco la crianza de cerdos. Los trabajadores bananeros compran productos traídos desde los Estados Unidos y granos básicos, ropa, calzados y bebidas en los comisariatos y a precios inferiores que los que se venden esos productos en las tiendas de los “turcos” en el caso de Olanchito.  Lo que se permite – en vista que cerca de 30% de los campeños son solteros – es que algunas esposas de corteros o capataces, tengan comedores en donde por un lempira al día, ofrecen tres tiempos de alimento puntual. El desayuno y la cena se hacen en el comedor, normalmente la parte baja del barracón. El almuerzo durante los días de la semana laboral – que va de lunes hasta sábado y algunas veces hasta el domingo cuando hay corte de fruta-, normalmente niños hijos de los peones los llevan la comida-- por veinte centavos-- a los trabajadores, que interrumpen sus labores en la finca para comer.  La oferta local – la de las aldeas vecinas-- es poco competitiva, lo que indica que las fuerzas económicas vecinas a las plantaciones bananeras no tienen fuerza y pujanza, y tampoco responden como se podía imaginar a una demanda que tiene dinero en forma fija y continua. Frente a este vacío en que las localidades no ofrecen maíz y carne de cerdo en 1913, la Vacaro Brother obtuvo una concesión para traer desde Estados Unidos carne de cerdo y maíz, porque no había oferta en el país que satisficiera sus demandas y las de sus trabajadores. En el periodo que estudiamos, en cada una de las fincas, operaba una pesa – venta de carne de res–  que vendía carne cada semana, a un precio inferior del que se vendia ocasionalmente en las aldeas cercanas.

Las viviendas eran de dos tipos: las de carácter familiar, normalmente para que residieran dos familias y que tenían dos cuartos en la parte alta y en la parte baja, una cocina, unida por unas gradas con los cuartos indicados. Había agua potable y unas letrinas comunes que eliminaban orines y  heces fecales  mediante chorros de agua. Y frecuentemente, además, había un campo deportivo en donde los campeños más jóvenes – e incluso algunos pasados de años y con algunas barrigas visibles—practicaban el fútbol por las tardes y los domingos. De estos campos bananeros salieron jugadores con figuración nacional: Coyoles Rosales, Selvin Cárcamo, Orlando Caballero y Macho Figueroa, Zacarías Vilorio y otros más.

(CONTINUARÁ)

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Contracorriente: ¡MEL NO ENTREGARA EL PODER!

Carta: RAFAEL PINEDA PONCE SEÑALA QUE MEL ZELAYA ES TRAMPOSO (*)

Contracorriente: ¿QUIEN DIJO QUE SERIA FACIL DERROTAR A MEL?