Mirador: “EL OTOÑO DEL PATRIARCA”
Juan Ramón Martínez
Mel pasa uno de los peores momentos de su vida.
Su estilo político está en crisis. Su discurso no tiene auditorio. Sus aliados
atraviesan dificultades. El pueblo hondureño en las pasadas elecciones, lo
colocó en el tercer lugar. El apostadero de la muerte. El 81% de los electores
le dijeron que no a su candidata. La base de su partido –es suyo y de nadie
más– es mayoritariamente burocrática. Está sometida al inevitable bombardeo de
los nacionalistas que quieren ocupar sus posiciones. Y como no creía que dejaría
el poder el 27 de enero, no preparó un plan alternativo para navegar en lo que
Cardona –el “historiador” convertido en político– llama con inocencia servil,
“vil llanura”.
En la historia política hay pocos casos de
terceros partidos sobrevivientes. Marco Aurelio Soto intentó una tercera opción
en las elecciones de 1902. En el forcejeo entre los dos partidos mayores, fruto
de la división del Partido Liberal que había fundado Policarpo Bonilla, Soto
espero con paciencia creyendo que, si no se ponían de acuerdo los dos
“enemigos” del Partido Liberal que estaban enfrentados detrás de Juan Ángel
Arias y Manuel Bonilla, lo llamarían como solución alternativa. Nada de esto
ocurrió. Termino encaminándose a París, en donde tiempo después falleció. Vino
la guerra civil, la primera del siglo. Manuel Bonilla derrotó en el Aceituno a
Terencio Sierra que de presidente había devenido en el Jefe Militar que se
autonombró para derrotar a su ex correligionario que le resultó más bravo, más
decidido y más talentoso.
En 1924, el tercer partido fue el Partido
Liberal Republicano, escisión del PL que contrario a la lógica, fundó el
expresidente Policarpo Bonilla. Durante las negociaciones en el Congreso –que
debía elegir al gobernante para suceder a López Gutiérrez– Policarpo Bonilla
creyó que le llamarían, siendo el tercero en discordia, para resolver el empate
entre los partidarios de Carias Andino y Juan Ángel Arias. Los dos liberales. Y
no ocurrió.
Dos años después, la muerte lo salvó de lo que
un político nunca debe permitirse: hacer el ridículo. Muerto en 1926, Policarpo
Bonilla dejó de ser un factor de disociación y permitió que emergiera el
antepenúltimo caudillo: Tiburcio Carias Andino.
En 1954, Gálvez siendo el Presidente de la
República, buscó la reelección cosa que la Constitución y Carías Andino no
permitían. El Movimiento Nacional Reformista fue a elecciones y ocupó el tercer
lugar. Poco tiempo después, tuvo que disolverse, volviendo al tronco común, al
Partido Nacional. Y cuando Carías en 1963 trató de imponer su voluntad, el PN
le dijo que no. El viejo caudillo, el “patriarca” en su otoño más duro, tuvo
que rendirse. Seis años después la muerte lo recuperó y el invierno lo abrazó
definitivamente.
El PLR es el partido más burocrático de la
historia. La “resistencia” no está en la calle como dijeron, sino que en los
cargos públicos. Mel ha mandado un mensaje ofreciendo solidaridad y apoyo para
defender las “chambas”. En Siguatepeque, el 18 de diciembre mientras intentaba
construir un relato para justificar la derrota, Xiomara deprimida durante tres
días se lamentó en un apartamento privado en San Ignacio, en la misma calle
donde está la casa de JOH.
La bancada del PLR luce agrietada. Proponen
sustituir a Mel. Esto le suena mal al patriarca de Lepaguare. Es inevitable. Si
no logran democratizar al PLR, eliminando al caudillo de la dirección del mismo
varios diputados volverán al PL. No tienen otra alternativa. Cuatro años en la
oposición son difíciles de soportar. Especialmente cuando se le ha empezado a
faltar al respeto al patriarca, que ha entrado en el invierno definitivo de su
muerte política.
La
Prensa, San Pedro Sula. 26 de febrero de 2026.

Comentarios
Publicar un comentario