Mirador: OTRA VERSIÓN DE “LA CAIDA”
Juan Ramón Martínez
Una vez Rafael Leonardo Callejas, me contó que,
cuando Zuniga se enfrentó a Suazo Córdova, disputando la Presidencia de la
República, algunos lo convencieron que contratara a un asesor internacional. Lo
recibió en su oficina. Le preguntó cómo iba su campaña. Muy bien. Tenemos el
triunfo asegurado. ¿Y cómo lo sabe? Hemos hecho encuestas. Tiene alguna. Abrió
la gaveta de su escritorio y entregó un grueso volumen. El asesor, teniéndolo
en la mano preguntó: quién ha hecho estas encuestas. Mis amigos, de todo el
país. Entonces el asesor depósito en el cesto de la basura, la encuesta que
Zuniga le había entregado minutos antes. Ante su sorpresa, el asesor le dijo: ninguno
de sus correligionarios le dirá la verdad. Todos repetirán: ¡vamos ganando!
Leo “La Caída” – que me recuerda a Camus – de
mi entrañable amigo Julio Escoto. Me impresiona la introducción: “Jamás
creíamos que derrotaran a Rixi Moncada”. Escoto nunca me lo pregunto. Yo le
habría dicho que perderían las elecciones. Lo que no estaba seguro es si sería
por un margen estrecho; o estrepitosamente.
Siempre me he mantenido activo y viajó a
diferentes lugares del país. Por mis actividades tengo entre mis contactos
telefónicos amigos de todo el país. De manera que tenía señales que el PLR
perdería las elecciones. La duda era la posibilidad que el PLR montara un
evento electoral irregular, manipulado tecnológicamente desde fuera. Fuera de
esto, tenía algunos “nichos” para constatar los hechos: Tocoa, Talanga,
Juticalpa, Olanchito, Choluteca, Comayagua y La Ceiba. En Tocoa, el
deterioro de Adán Fúnez era visible. En Talanga, caminé por las calles y fui a
comer a un restaurante popular. Cuatro personas, se acercaron a la mesa para
darme una opinión sobre Rixi Moncada. Hable con el Alcalde y le pregunta cómo
se distribuían los regidores. cuatro PL, cuatro PN y uno el PLR.
Fui a conocer la casa de los Moncada – que
estaba en obras – y una persona que me conoce me explicó que cuando Mel
visitaba a Rixi, “cerraban la calle”; y que eso les disgustaba. Al final, vi
los afiches de campaña. El candidato a alcalde era una señora y el vicealcalde
un hijo de Mario Moncada. Mala señal: falta de cuadros.
Al regresar publique un artículo en donde
predije que perdería las elecciones. Uno de mis lectores – amigo de años, con
experiencia y mucho talento; pero que apoyaba a Rixi--, me escribió: “te
estás volviendo sectario”. No le conteste; pero conociéndolo, su reacción
confirmaba que había dado en el clavo. Que mis juicios eran cercanos a la
verdad.
Julio Escoto no es político. Yo lo soy y muy
hiperactivo. Él es
tranquilo y reflexivo. Soy más historiador y periodista que Julio. Ramón Oquelí
conoció estas diferencias y reaccionó una vez dije que esperaba escribir una
novela. Y Ramón, el maestro entrañable, dijo casi al grito: “deje de
pensar en eso”. Déjeselo a Escotó. El sabe escribir novelas. Usted dedíquese
a hacer análisis políticos. Nunca dudé que tenía razón.
Julio es el más grande novelista de Honduras y
de Centroamérica. Es nuestro orgullo. Pero no es político; ni teólogo. Su juicio
sobre el discurso de Rixi es acertado teóricamente; pero políticamente
equivocado. Un discurso es bueno cuando pega, cuando el oyente lo hace suyo;
y lo transforma en acción. No hay que desvalorizar al pueblo. El discurso
tenía dos errores: no respondía a las necesidades del elector. Y solo le daba
gusto a la candidata. Ofrecer lejanías, anunciar peleas y sacrificios no
sonó bien. El pueblo tiene muchos defectos; pero tonto no es. Y vio a
Rixi muy distante. Y a Mel, muy peligroso.
La
Prensa, San Pedro Sula, 19 de marzo de 2026.

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