Mirador: OLANCHITO, EL REGRESO DE LOS AVIONES
Juan Ramón Martínez
Había visto los aviones -bellos y brillantes-,
en revistas; y en el cine. En 1948 en La Ceiba abordé el primero de mi vida.
Era un nuevo DC-3, que despegó sobre la cinta asfáltica e inclinándose, dejó
abajo el mar y sus olas. Viajaba con mis padres y mis hermanos a Olancho para
conocer a los familiares a los que Juan Martínez nos llevaba a presentar, 23
años después que él había emigrado para echar suerte en los campos bananeros de
la Costa Norte. Aterrizamos en Salamá. De allí a caballo.
En Olanchito de mis años estudiantiles, el
avión llegaba tres veces a la semana. Era superado por el tren, que lo hacía
diariamente trayendo cargas, revistas, refrescos helados y el “ice cream” de
diversos sabores. Y muchos pasajeros.
El avión aterrizaba en “El Arrayan”, una meseta
reclinada al cerro en las cercanías de Agalteca. Allí lo tomé en 1960 para
viajar a Tegucigalpa por primera vez. Y por allí también le dije adiós a la
ciudad y a mis amores en 1963 para iniciar la aventura del conocimiento en la
“Escuela Superior del Profesorado”. Algunas veces regresamos de vacaciones de
fin de año, con los oídos estropeados por la falta de presurización de la
aeronave que se resistía al retiro. Eran los mismos D-C3 del primer viaje. Otras
veces usamos el tren; pero había que hacer una jornada de tres días, incómoda y
agotadora.
La última vez en Tegucigalpa mi ex alumno
Coronel Alberto Urcina, me invitó a que le acompañara. Me negué. “No se
preocupe, este avión es seguro dijo”. Llevaba el cadáver de mi prima Nelmy
Bardales de Posas, muerta días antes en Manila, Filipinas. En el año 2000,
viaje en avioneta de la FAH, para atender un problema agrario en Trujillo
representando a Aníbal Delgado Fiallos. Le pedí al coronel Portillo que cuando
sobrevoláramos Olanchito, descendiéramos para ver la ciudad. Había mucha
nubosidad. Fue la última vez que sentí su cercanía aérea.
Ahora el Alcalde Juan Carlos Molina intenta que
Olanchito sea destino aéreo. Igual que La Ceiba, San Pedro Sula y Roatán. Las
vías férreas han desaparecido. Las carreteras que llegan a la Ciudad Cívica,
pareciera que las hubiera diseñado el diablo. Menos de trescientos kilómetros
en línea recta, requieren ocho horas por La Ceiba. 7 horas por Juticalpa, San
Esteban y Bonito Oriental. 6 horas por Limones y Río Mame y dicen que por
Cedros, Victoria, Sulaco, Yorito y Jocón, se llega en cinco horas. Menos de 30 km
por hora. Es decir que por cualquier parte en emergencia y visita rápida,
Olanchito está demasiado lejos.
Por supuesto, apoyo a la iniciativa. La pista
está en Coyoles Central a 10 kilómetros de Olanchito. Tiene mejores condiciones
y se puede adaptar para dar comodidades a los viajeros, sin costos excesivos.
Pero el problema de una ruta aérea no solo son las instalaciones y equipos. Es
necesario que haya una demanda de pasajeros que quieran ir del resto del país o
del exterior a Olanchito y viceversa. De lo contrario las rutas no son
rentables.
En el cercano pasado el gobierno subsidiaba
–como se hace en Palmerola y SPS – la operación
contratando el transporte del correo, entonces inevitable servicio público; y
el traslado de algunos artículos estancados. Ahora el correo de carga es
particular porque los burócratas públicos no pueden competir con los
empresarios.
Pero creemos que por el tamaño de Olanchito
–que es más grande que Siguatepeque y Tela, en términos poblacionales- tendrá
un movimiento de pasajeros que haga rentable que las líneas áreas establecidas
se detengan en la belleza singular de la ciudad cívica.
La Prensa, SPS, Honduras 30 de noviembre de 2026.

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