Contracorriente ROOSEVELT HERNÁNDEZ Y “EL PROYECTO”
Juan Ramón Martínez
No hay que exagerar. La decisión del Juez ante la demanda de cuatro periodistas en contra de Roosevelt Hernández, no garantiza una pena de cárcel para el indiciado. Constituye un precedente en la defensa de la libertad de prensa. Pero el peligro subsiste. Porque see trata de la defensa del sistema democrático, el freno absoluto a un proyecto continuista en el que Hernández desempeña un papel instrumental, secundario pero –contradictoriamente– peligroso. En el futuro puede arrastrar a las FFAA y colocarlas contra la soberanía popular; y triunfar como ocurrió en Venezuela. Hernández se imagina una reedición del coronel Chávez que después del intento del golpe de estado, se auto tituló responsable del asalto a “Miraflores”; explicando además, que “habían fracasado, por esta vez….”
Cuando Wong Arévalo contó que en público Hernández usaba audífonos para oír con dedicación “religiosa” los discursos de Hugo Chávez, no le creí. Pero ahora que lo vi discutiendo con Renato Álvarez, citando el caso de Cerimedo –y “lo que pudo pasar en Honduras”– caigo en la cuenta que el militar acusado, sigue cumpliendo su papel en el “proyecto”. Continúa actuando dentro del guion del proceso de penetración de Mel sobre las FFAA. En vez de disculparse con el pueblo, les habla a los jóvenes oficiales que el “proyecto” logró reclutar. Porque, aunque lo duden, jóvenes oficiales –medios y subalternos- están de acuerdo con Hernández, siguen a Mel; y creen en la leyenda de Hugo Chávez. Por eso les dice que esta vez fracasaron. Pero en la próxima igual que en Venezuela, triunfaran. No hay duda. Hernández y Fortín “dejaron muchos cuadros organizados que en un futuro cercano -5 o 10 años– pueden intentar y aprovechar otra oportunidad”. Y no fallar. Especialmente si el nombramiento del JEMC, sigue en manos del titular del Poder Ejecutivo.
No hay que pasar por alto que algunos o la totalidad de la oficialidad de la cúpula actual –encabezados por Valerio Ardón— están acomodando sus cuadros, ascendiéndolos, colocándolos en puestos claves; o castigando a varios enviándolos al exterior. En fin dando oportunidades a una “logia” que en el futuro, si no se cambia el modelo de nombramiento, puede reventarle en la cara al sistema político. No es alarmismo. Llamamos la atención para que no nos deslumbre una ilusión pasajera.
No hay que perder de vista que el problema no solo es Hernández. Hay un desconocido grupo de oficiales preparados para en el futuro caer en la tentación en la que cayó el pálido oficial sureño. Hernández no se levantó contra la Constitución accidentalmente. Mel creo condiciones desde antes del 2009 y construyo redes familiares; e incluso intercambio favores: ascensos y oportunidades que hicieron posible que el “proyecto” estuviera a punto de lograr concluir exitosamente. No es vano recordar la frase de Chávez: “por esta vez hemos fracasado….”
En las incoherentes declaraciones de Hernández al salir de la audiencia judicial, hay algo a tener en cuenta: “los militares deben estar de acuerdo con el gobierno que sirven”. Según su juicio las FFAA no son para defender la soberanía nacional, la integridad territorial y el relevo en el ejercicio de la Presidencia de la Republica sino que para actuar como guardianes del gobernante de turno. Si Valerio Ardón se salió del esquema fue porque no tenía alternativa. Si las condiciones hubiesen sido diferentes, Venezuela menos amenazada; y Estados Unidos y la Unión Europea con menor interés en la defensa de la democracia, el actual alto mando habría obedecido a Mel y aceptado la decisión del Congreso: determinando el ganador de su gusto; o prolongando el mandato de Xiomara Castro.
No debemos sorprendernos. Es típico de las instituciones latinas jerarquizadas. Además hay antecedentes: las FFAA se mantuvieron quietas y subordinadas, mientras JOH violaba la Constitución; y se reelegía ilegalmente en 2017. Ningún oficial dijo nada. El CNE lo inscribió. El Congreso calló.
Para los militares la democracia es cosa diferente que para los civiles. Es su futuro, ascensos, honorarios y enriquecimiento. El peso de la autoridad superior, el castigo solo por “murmurar”, el exilio diplomático –hay por lo menos cuatro oficiales “castigados” en el exterior–- postergar ascensos son fuertes amenazas para los oficiales. Para prevenir el riesgo que los cuadros entrenados y formados dentro del “proyecto” de Mel se levanten en contra del sistema democrático; o se pongan al pie del estribo del caudillo que nos depare el futuro, hay que hacer una depuración democrática de las FFAA. Y cambiar el sistema de elección de JEMC. No veo otra alternativa. Y vigilarlas constantemente. Es el precio de la libertad.

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