Contracorriente: AUTONOMÍA ALIMENTARIA
Juan Ramón Martínez
El orden mundial está roto. Antes de Trump, el
mundo funcionaba de acuerdo a reglas que las grandes potencias cumplían a
discreción. A cambio impusieron una globalización en la que los débiles tenían
que someterse. El veto en el Consejo de Seguridad de la ONU es ejemplo de
discrecionalidad. Y la OMC una búsqueda de orden del comercio mundial.
Ante la brusquedad de Trump, Canadá ha
respondido. En Davos, su primer ministro ha dicho que los países tienen que
“desarrollar una mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales
críticos, finanzas y cadenas de suministros…. Un país que no puede
alimentarse, abastecerse de energía; o defenderse tiene pocas opciones. Cuando
las reglas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo”.
El primer reto de una nación es producir los
alimentos para su población. Honduras tiene muchos años que perdió esa
capacidad. La población ha crecido en forma acelerada. A una velocidad nunca
vista. A principios de siglo XX la población de Honduras era de un poco más
de 300.000 habitantes. En 1950 1.8 millones. En 1969, 2.3 millones. Ahora
cerca de 11 millones. Un crecimiento gigantesco que no ha significado aumento
de la producción y de la productividad. Una tendencia de crecimiento acelerado,
sin que se observen cambios significativos en productividad, producción de
bienes y servicios y menos en las exportaciones. No es accidental el
crecimiento de las ciudades y su expansión caótica y demencial.
En consecuencia, tenemos que plantearnos las
cosas con juicio y talento. Hay tierras agrícolas y forestales suficientes por
ahora. Exportar población y con muy pocas fuerzas capitalistas con orientación
hacia el exterior es inevitable. Más productores de autosuficiencia. Con
resultados insatisfactorios.
Además del tema de la pobreza – fruto de la
desigual distribución del producto social y la carga del gobierno – hay
que verificar los resultados. No producimos el maíz suficiente para consumo
humano y necesidades industriales. Somos deficitarios en arroz y en frijol solo
excepcionalmente producimos los que consumimos. En azúcar somos
suficientes; pero sin mayor capacidad exportadora. Hemos abandonado
rencorosamente el banano cuando la Costa Norte tiene una clara vocación hacia
ese cultivo, en el que contamos bastas experiencias y conocimientos. En tilapia
con el apoyo de Taiwán, iniciamos un proceso que ha dado resultados que
menospreció el gobierno anterior. En hortalizas no somos eficientes porque las
unidades productivas son pequeñas. Y no tienen financiamiento. El reducido
capital viene como “anticipo” de El Salvador que de esta manera asegura que
exportemos tomate para atender sus necesidades. En leche somos parcialmente
autosuficientes. Dependemos de los buenos inviernos – como toda la producción
primaria – y operamos en régimen de políticas equivocadas en donde lo
político priva por encima de lo económico, desalentando a los productores. Porque
suponen los políticos que los agricultores y ganaderos son tontos. Y que
invierten, trabajan y corren riesgos por motivos patrióticos. El que
invierte – razonable por los riesgos corridos y el
esfuerzo – tiene derecho a ganar. Porque el éxito real y
efectivo – no es el que dan los cargos públicos – sino el
que viene del trabajo y la dedicación personal.
Aceite de palma africana y banano, son los
productos de mejor mercado internacional. Superados por venta de mano de
obra barata. Durante cuatro años varias fincas de palma africana han
sido invadidas. Y el gobierno no hizo nada para darle seguridad a los
inversionistas Asfura tampoco le da importancia a la Secretaría de
Agricultura y Ganadería. Nadie reclama. Porque todos caminamos por rutas
equivocadas. Y somos duros para rectificar.
Hay que planificar nuestro desarrollo. Lo
espontáneo es cuento del “Ché”. Necesitamos mejorar la calidad de la
población. O seguir preparándola para que le sirva a los Estados Unidos
en donde injustamente la rechazan. Hay que usar los recursos en dirección a
nuestra autosuficiencia alimentaria y para atender demandas y oportunidades en
mercados del exterior. Especialmente El Salvador. Tiene moneda dura y además
está al lado.
El sistema educativo es un fracaso. La pobreza
lo delata. Es necesario que, retomando el pensamiento del Padre Reyes hagamos de la Universidad la base
para “forjar el genio del buen gusto y el espíritu emprendedor”.
Continuar preparando empleados públicos, formando abogados por correspondencia;
o activistas “entrenados” para sirvientes para políticos es equivocado.
Hay que desarrollar el orgullo de la
autosuficiencia. El placer anticipado de participar en el mundo, logrando que se nos respete no por
nuestra queja lacrimosa sino por lo que somos, por lo que hacemos. Y por
nuestras contribuciones. Nadie le ayuda al que no quiere ayudarse a sí
mismo. ¿Entiende Asfura?

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