Contracorriente: MADURO, DERECHO INTERNACIONAL Y NEGOCIOS
Juan Ramón Martínez
La extracción de Nicolás Maduro – Presidente de
Venezuela – por tropas de Estados Unidos, constituye sin duda alguna una
violación del Derecho Internacional. Pero no es una ocupación militar de
territorio extranjero por una potencia dominante; ni del cambio del régimen. Se
respeta la continuidad y se legitiman las elecciones de julio 2024. Lo
que no provoca un cambio de régimen y mucho menos se inicia una ocupación del
territorio de Venezuela por parte de Estados Unidos. Fuera de las declaraciones
de Trump sobre administración, el manejo del petróleo; y las amenazas al nuevo
gobernante Delcy Rodríguez, parece una acción de Interpol.
Lo ejecutado fue una acción punitiva que
irrespetó la soberanía venezolana; pero no provocó la caída del régimen
chavista. Continúa su ejecutivo, sus FFAA; y sus sistemas policiales y
jurídicos operan con normalidad. El daño es menor. Claro con una amenaza que si
Rodríguez no atiende las instrucciones de Washington, el precio a pagar será
más alto que el impuesto a Maduro. Trump, está seguro que Rodríguez aceptará un
“madurismo sin Maduro, “en virtud de la cual se liberará la economía y les
permitirán a las petroleras estadounidenses operar exitosamente”.
Aunque ocurrió cuando Bush padre invadió a
Panamá y capturó Noriega, llevándolo preso para juzgarlo, condenarlo y
sancionarlo severamente, ahora se trata de una operación diferente. Que en lo
operativo se parece más con la captura de Osama bin Laden. Allí se violó la
soberanía de Pakistán – igual que en el caso de Venezuela – y
se ejecutó a quien se creía culpable. Sin embargo no cambió al régimen
como ocurrió en Panamá.
Hicieron preso a Maduro, lo llevaron a
territorio estadounidense; y lo presentaron ante los jueces. Pero el régimen
venezolano sigue intacto, con todas sus fuerzas indemnes, -- que no ha recibido
daños -- y que puede recuperarse militarmente; e incluso, perfeccionar su
dominio en contra del pueblo venezolano, porque las instituciones políticas
fruto de un fraude político, siguen intactas; y más bien fueron legitimadas.
Maduro no quiso negociar. De allí su captura.
Tuvo tiempo; pero no creyó que Estados Unidos daría un segundo paso de carácter
punitivo; y que para tal eventualidad contaba con los recursos militares para
defenderse. Y se equivocó. La orden de Estados Unidos, ahora para la cúpula
chavista (Delcy Rodríguez, su hermano Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y
Padrino López) es: “ustedes tienen que obedecer”. Anuncia una transición
política que podría incluir nuevas elecciones con amplia observación
internacional; y cooperación en reformas económicas para las inversiones
petroleras, e incluso apoyo en la lucha en contra del cartel de los
Soles. Todos felices y contentos.
Esta percepción explica la tibia reacción de
Rusia, China y la Unión Europea, con reclamos y exigencias formales. Aunque la
operación es militar, los efectos no son militares. Y en términos geopolíticos,
lo único controversial, es la suerte de protectorado sobre Venezuela – a partir
de las declaraciones de Trump siempre ambiguas – sin escalar
moviéndose en el plano de una disputa doméstica, y en el aumento de la
influencia económica de los Estados Unidos.
Sin duda tiene efectos para la región. Estados
Unidos, reasume su papel de Gendarme Regional, deslindando su espacio de
influencia; y coloca en un plano de inferioridad a los gobernantes
latinoamericanos. Esto es indudable; pero no irreversible. Porque no se trata
de una política exterior bipartidaria estadounidense, sino que una acción
unilateral del partido “trumpista” que no tiene el respaldo del Partido
Demócrata, de los intelectuales y académicos; y menos del Congreso. El periodo
presidencial de Trump, se acerca – poco a poco – a su final.
Cada día que pasa se debilita políticamente. El Partido Demócrata – que no fue
consultado ni informados sus líderes de la operación como ocurriera cuando
Osama bin Laden – no respaldó la operación militar contra Venezuela, aunque no
tenga una postura en favor de Maduro. Y cuya culpabilidad determinarán sin duda
los jueces de Nueva York. La acusación es parecida a la que siguieron contra
JOH, basada en testigos – que encabezará el “pollo” Carbajal; y la
condena igual. Eso sí, con mayores efectos para Colombia, Centroamérica y
México.
Por mientras hay que anticipar que la acción
tendrá algunos efectos políticos en Honduras: la resistencia de Mel para
entregar el poder se reducirá. La pelea por la alcaldía capitalina se
diluirá el 25 de enero próximo. No se excluye la posibilidad de una
negociación que postergue su extradición a cambio de su retiro de la política.
Suya y sus hijos. Una posibilidad. Nada más.

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