Mirador: REVOLUCIÓN, “MESIANISMO” Y LIBERTAD
Juan Ramón Martínez
El Director de la CIA, se reunió con
funcionarios del gobierno cubano. Creí que era un bulo, un invento, un chisme. La
brutalidad de las fotografías no deja duda. Pero si algunos radicales
se negaran a la verdad, el gobierno cubano informó que había aceptado una
donación de 100 millones de dólares de los Estados Unidos, con las que espera
paliar la parálisis que tiene la Universidad Central cerrada; los colegios y
las escuelas sin operar; los hogares sin servicio eléctrico por más 20 horas,
la falta de productos en los mercados y la preferencia por la comida enlatada
porque no se echa a perder, porque no hay energía eléctrica durante largos
periodos. Lo único que todavía funciona en Cuba es el aparato de seguridad que
controla la ciudadanía, dispuesto a reprimir a los que se atrevan a salir a la
calle a protestar. Hasta ahora, las protestas han sido mínimas. Los cubanos
están acostumbrados a obedecer. Han construido la creencia que no hay que darle
al régimen excusas para mover su musculo; y mantenerse activo. No importa el
honor. Obedecen.
Con alegría vimos triunfar la revolución del 1
de enero de 1959. Fuimos testigos como Castro, que no dirigía el grupo más
fuerte que había provocado junto a otros enemigos de Batista, la caída del
régimen, aprovechó la oportunidad. Carismático, mesiánico estuvo dispuesto a eliminar
a sus rivales, cosa que logró con escrupulosa habilidad. En 1961, cuando la
invasión en Bahía de Cochinos, aceptamos como natural que una revolución
popular, derrotara una invasión apoyada a medias por los Estados Unidos que se
resistía a aceptar un gobierno comunista a 80 millas de su territorio. Castro
hizo de Bahía de Cochinos una feria. Cobro por prisioneros – Santiago Bambú
pidió y recibió auxilios de sus amigos --- y puso a la venta la libertad de los
mismos.
No anticipamos que aquel triunfo militar, sin
duda era el principio del fin de la revolución -- que pasó de medio a fin --,
para producir un régimen autoritario, fosilizado y emocionalmente dependiente.
Vuelto una sola cosa con Fidel, el mesías inmóvil; e inconfundible. Su único
redentor.
El fin no fue la felicidad y el bienestar del pueblo,
sino que la defensa “religiosa” de la revolución de Fidel. El medio se
transformó en fin. Había que hacer todo, para garantizar su existencia. La
libertad se puso al servicio de la revolución. Se justificó la dictadura.
Se animó la ferocidad de los Estados Unidos, y la dependencia de los cubanos.
Fidel, entregó todo a cambio de ayuda de la Unión Soviética y el pueblo entró
por la ruta de la dependencia a sobrevivir gracias a la generosidad internacional.
La ayuda de la URSS, fue noble y a manos llenas. Cuando desapareció en 1989,
Cuba se quedó sin padrino. Fue Chávez, el que entró al trapo, dándole el apoyo
correspondiente. Continúo la dependencia del gobierno y del pueblo cubano.
Ahora, la “revolución” arrodillada y el pueblo
espantado quieren que Estados Unidos, les apoye a cambio que no les toque, al
fetiche litúrgico que siendo medio, y que Fidel – el “mesías” -- elevó a
finalidad: la revolución que ahoga la iniciativa individual y convierte al
gobierno en dueño de todo. Para salvar la revolución todo vale. En 1959,
creíamos que la revolución iba a salvar a la nación. Ahora es al revés.
El cambio entre fines y medios: la renuncia de
la libertad; y la aceptación de la dependencia como sacrificio para defender la
“revolución” y al “mesías” tiene de rodillas al pueblo que, otra vez como en
1898, aceptara que los gringos salven su país. Para crear la II República
“fidelista”.
San Pedro Sula, Honduras, 21 de mayo de 2026.

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