Bueno para comer: plantas del sur de Mesoamérica de RUBEN DARIO PAZ

Este libro es una aproximación, particularmente enfocado a valorar la amplia gastronomía del occidente de Honduras, como parte de ese vasto universo de las manifestaciones culturales y que por fortuna tenemos la dicha de disfrutar. Con el presente libro Bueno para comer, se deja en evidencia la diversidad de plantas, hojas, flores, semillas, raíces y frutos que tienen diferentes usos, la mayoría como alimentos, que se van degustando, a lo largo del año. 

Otras plantas se utilizan como plaguicidas o repelentes naturales, otras para estabilizar el sueño e incluso algunas para ahuyentar “malos espíritus” o “atraer la buena suerte”. Para una mejor comprensión lectora el libro se ha organizado en secciones, Plantas: Ancestrales y emblemáticas, Hojas y flores comestibles, Frutos, semillas y tubérculos, Condimentarías y aromáticas y Medicinales. 

Un paisaje tan irregular como sorprendente. 

En el fascinante territorio hondureño es su relieve irregular, encontramos cantidad de elevaciones medias y pronunciadas, mesetas, ligeras planicies, valles, litorales costeros entre amplios o estrechos, más un sinnúmero de riveras drenadas por caudalosos ríos, todo esto ha permitido incluso la existencia de microclimas y una exuberante flora y fauna, digna de valorar en su contexto. Un paisaje diverso modelado por procesos orogénicos de larga data, a lo que agregamos movimientos migratorios poblacionales, acentuados a partir del siglo XVI, han venido conformando el intercambio o imposición de algunos conocimientos. Sin importar el tipo de accidente geográfico, el hombre ha logrado imponerse, bien desafiando las condiciones adversas, conviviendo, recreando o incluso modificando los paisajes, muchas veces con resultados trágicos.

Presencia humana de larga data 

Al hacer una mirada sobre la conformación de los primeros asentamientos poblacionales de lo que ahora es Honduras, encontramos presencia humana en las proximidades de los ríos, las desembocaduras, pero también en las laderas de las altas montañas, prueba de ello, los restos humanos encontrados con más de 11 mil años de antigüedad en la cueva de La Estanzuela, Marcala, en La Paz, sin olvidar la existencia de numerosos sitios de arte rupestre dispersos, que según los expertos pudieron ser centros ceremoniales o sitios de refugio temporales ante las adversidades. Lo anterior nos confirma que la presencia humana en Honduras es antigua y para subsistir estos grupos poblacionales, acostumbrados a sobrevivir con recursos escasos, tuvieron que haber recurrido a la cacería de animales y, con el devenir de los tiempos necesitaron complementar sus dietas de subsistencia con frutos, hierbas, semillas, flores, hojas y raíces. 

Mesoamérica como área cultural 

Para interpretar las distintas manifestaciones y legados antiguos, los antropólogos, han definido amplias fronteras culturales, tal es el caso de Mesoamérica, una área que abarca desde el sur de México, y partes de Centroamérica donde se incluye Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Fue en esta área donde sus habitantes lograron la domesticación del maíz, frijoles, cacao, aguacate, ayote, teocinte y la masica para mencionar algunos. También alcanzaron logros notables en el uso de sistemas de escritura, calendarios precisos. Nada despreciables es la es la cantidad de monumentos antiguos, entre templos, pirámides, escultura en relieve más la elaboración de cerámica con fines ceremoniales y utilitarios, que siguen siendo valorados como legado. Fueron pueblos mesoamericanos, quienes lograron una alta calidad artística, manejando materiales como el jade, alabastro, jadeíta y oxidiana. Es un privilegio saber que parte del territorio hondureño formó parte del área mesoamericana, en esos dominios floreció el mundo maya, así como otros pueblos que por diversas razones se perdieron en la noche de los tiempos, así valoramos la presencia de culturas vivas, que aún después de un destructor proceso de colonización, conservan en esencia su legado cultural como los Chortí y Lencas. Estudios interdisciplinarios han podido demostrar la existencia de algunas especies milenarias en territorios de Centroamérica y parte de México, mismas que fueron utilizadas como alimento o con fines ceremoniales, así encontramos el teocinte, maíz, cacao y la masica, de esta última vemos frondosos ejemplares en diferentes sitios del mundo maya, especialmente en las Ruinas de Copán. 

Legado y memoria colectiva presente en el Occidente hondureño.

Es desde los criterios de la antropología cultural, donde se pueden valorar los saberes alimenticios, bien como conocimiento, creencias prácticas, y hasta el respeto que tienen nuestros pueblos, por algunas especies, que van más allá del consumo cotidiano, sino que podemos vincular la alimentación con identidad, memoria, sentido de pertenecía e incluso el fortalecimiento de las relaciones sociales. Es preciso mencionar que los saberes alimenticios son trasmitidos de generación en generación y están arraigados a la memoria colectiva, al territorio. Desde el uso o consumo de alimentos, es posible interpretar los vínculos y manejo de los pueblos a sus entornos ecológicos. A pesar del intricado proceso de mestizaje, con el advenimiento de colonizadores españoles a partir del siglo XVI, nuestros pueblos, guardan parte de sus prácticas alimenticias y algunas se han recreado como parte de un proceso de sincretismo cultural. 

El concepto Mesoamérica, fue propuesto por el antropólogo Paul Kirchhoff, quien lo definió como una supe-área cultural con características comunes, como la agricultura, la arquitectura urbana y un complejo sistema de rituales religiosos. El Popol Vuh cuenta la creación del hombre a partir del maíz, planta que se volvió la base de su sustento; pero, en épocas de sequía, cuando escaseaba el maíz, el ojoche o árbol de Ramón era la fuente de forraje para el ganado y su fruto fresco o sus semillas cocidas o tostadas se convertían en el alimento que podía sostenerlos. Testimonios de nos alimentos en las culturas locales, fenómeno escasamente estudiado, pero suponemos más evidente con la presencia de españoles en nuestros territorios. Siempre que analizamos los ingredientes en la preparación de un tamal, como bocadillo exquisito e infaltable en la vida de numerosas familias, pensamos, que representa esa fusión de diferentes continentes, el maíz es de América, las hojas del plátano o guinea son de África, el cerdo de Europa, y el arroz procede de Asia... 

Regiones como espacios culturales 

Por razones de estudio, los especialistas han regionalizado el país, unos buscando la lógica del agua, otros los puntos cardinales, por razones climáticas, e incluso hasta compartir características geográficas. Las regiones que conforman el territorio hondureño presentan una diversidad de microclimas, suelo, fauna y flora, situación que favorece la producción y, por supuesto condicionan, las prácticas gastronómicas de sus pobladores. Por razones histórico-geográficas y culturales es el occidente de Honduras donde más se sigue recurriendo al consumo de plantas, semillas, flores, hojas y frutos, bien como ingredientes o utilizadas en la preparación de platillos únicos; otras como alternativas en la práctica medicinal en la cual se valora mucho la raíz de zorro o 

epazote para el constipado y para controlar los parásitos. 

Los cocimientos de llantén se utilizan en infusiones para dolores estomacales o cólicos. El uso de hierbas originarias de otras latitudes como la albahaca, manzanilla, orégano y romero para mencionar algunas, se han asumido como propias, tanto que parte de las referidas se utilizan de forma reiterada, para disminuir los malestares de las féminas, en sus períodos menstruales.

Honduras como mosaico cultural 

En el occidente hondureño con mayor incidencia, se siguen consumiendo las flores de izote, ayote, pito, loroco, macuses y chipilín entre otros. Las hierbas como el llantén, verdolaga, yaguiriles, hierba mora, cilantro, guates, quiletes, juniapa, tallos e inflorescencias de pequeñas palmeras como la pacaya, palmiches, capucas, chicuilotes y saisocos. Los frutos como anonas, zuncuyas, güiras, masicas, sunzapotes, zapotes, zapotillos, nísperos, mameyes, matasanos, paternas, pejibayes, jocomicos, nances, manzanitas rosadas o pedorras, son parte de Bueno para comer…

Hierbas y salud, como ejemplo el epazote de zorrillo, hierba originaria de México y Centroamérica, crece de manera silvestre en campos y jardines. Es una planta pequeña de hojas color verde oscuro y aroma muy intenso. El consumo de brebajes previos o durante el periodo menstrual, es una práctica muy frecuente, el mejunje a base de (orégano, la manzanilla, romero y llantén). El occidente del territorio hondureño comprende los departamentos de Copán, Lempira y parte de Santa Bárbara. Gran parte de esta región comparte frontera con Guatemala y El Salvador, situación que permite un intercambio constante de prácticas culturales, desde tiempos memorables como parte de lo cotidiano. Cáscara de árboles como la quina, el challón y las hojas del árbol de pimienta se utilizan en infusiones con fines medicinales. Del madriado o cacahuananche se aprovechan sus flores rosadas como alimento, pero de su cáscara se hacen pesticidas naturales para el control de roedores, esta misma planta se utiliza para cercos o como sombra benefactora de otros cultivos como el café y el cacao en las fincas para la protección de suelos. Los mercados de Honduras siguen siendo esa algarabía de colores, sabores y olores e incluso espacios donde la convivencia es notable. 

Plantas foráneas, ya forman parte de lo cotidiano.

No todas las plantas, flores, semillas y frutos que consumimos corresponden a nuestra área geográfica, debemos de entender el papel que han jugado los procesos migratorios a lo largo de la historia, más la ampliación de tratados de libre comercio ahora podemos encontrar un sinnúmero de alimentos extra fronteras. Lo curioso es que nuestra población las ha asimilado como propias, ejemplo de ellos son las especias, albahaca, romero, cilantro, perejil, orégano y ajo, más reciente, moringa, nonis, cúrcuma, neen y tamarindo japonés entre otros se han popularizado. 

Nuestros mercados como expresión de sabores y colores 

A lo largo de esta breve descripción he procurado abordar, los productos más visibles en las esquinas, puestos de verduras, pulperías, vendedoras ambulantes y mercados populares, con mayor hincapié en pueblos y ciudades del occidente hondureño. Se ha procurado recoger relatos, sobre todo de los alimentos tradicionales, cómo se producen, se consumen o se utilizan con fines medicinales, por lo que se ha tomado en consideración conversaciones en círculos de colegas, amistades y familiares. Esta serie de reflexiones no son más que una aproximación a un universo gastronómico amplio, milenario y sorprendente. Es un intento por valorar ese formidable legado, producto de nuestro intrincado y dinámico mestizaje y pretende únicamente abrir espacios de diálogo que nos permitan la reflexión para tomar consciencia, para fortalecer nuestros huertos escolares o volver a esos patios encantados de las abuelas, donde no solo había flores y mariposas, sino alternativas de salud y alimentación. 

Invitar a los lectores a que hagamos, pues, un recorrido efímero de Bueno para comer sin enojos por lo que falte, de lo contrario le pues podemos recomendar yerba buena, tilo, menta, valeriana y, en último caso, la amarga chichimora o la flor de octubre. 

El libro estará en los sitios web de la UNAH y la Biblioteca Cervantes, en formato PDF de acceso gratuito, nuestro interés institucional es compartir nuestras publicaciones sin fines de lucro. En fechas posteriores se presentará en San Pedro Sula, Tegucigalpa y Santa Bárbara. 

Sobre el autor

Rubén Darío Paz . Nació en Santa Bárbara, Honduras. Docente investigador.Ha coordinado suplementos periodísticos, entre ellos Honduras de Punta a Punta, Mi Patria y Mi País. Coordinador de boletines mensuales en diferentes universidades, como Miradas y Página al Viento. Es coautor de los siguientes libros de texto para educación superior; Estudios Sociales, Nueva Geografía Hondureña, Referentes Nacionales e Historia Universal Contemporánea. Responsable de la Antología sobre Lecturas de Historia de Honduras del siglo XX. Autor de Olancho entre Imágenes y Palabras, Crónicas del Bicentenario y Honduras sus manifestaciones culturales. Ha escrito una serie de láminas digitales educativas, entre las que destacan Patrimonio Histórico Cultural, Referentes Nacionales, Extranjeros notables en Honduras. Bueno para comer y Municipios emblemáticos del Occidente de Honduras.Se desempeña como director de Gestión Cultural en Universidad Nacional Autónoma de Honduras Campus Copán, donde coordina la revista Rosalila. Ejerce la docencia en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán en Santa Rosa de Copán.

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