Cosas del español (94): DE GERMANÍA, PERO NO ALEMÁN
Oleo sobre lienzo llamado “Cervantes y sus modelos” (1887)
Con el nombre de germanía (del latín germānus [´hermano´]) se conoce la jerga o manera de hablar de rufianes y maleantes, vinculados entre sí por su actividad y modo de vida en una especie de hermandad (de ahí el nombre), y muy en particular, la forma de hablar propia de los bajos fondos de la España del Siglo de Oro.
El vocabulario de la germanía -compuesto por voces del léxico español cuyo significado se modifica, y a las que se unen otras de muy diversa filiación- aparece con frecuencia en la novela picaresca y en composiciones de tono burlesco y satírico que describen la sociedad marginal de los siglos XVI y XVII. Puede que la más célebre hermandad de delincuentes de nuestra literatura sea la que frecuenta el sevillano patio de Monipodio, escenario en el que Miguel de Cervantes sitúa la acción de la novela ejemplar Rinconete y Cortadillo.
Allí se nos habla de avispones que «servían de andar de día por toda la ciudad avispando en qué casas se podía dar tiento de noche», al tiempo que uno de los protagonistas, Pedro del Rincón, se jacta de su habilidad para hacer verruguetas, la trampa de jugar con las cartas marcadas. En otro pasaje, uno de los rateros informa a Diego Cortado de las bondades del maestro Monipodio, señalando «que en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro mayor y padre, no han padecido sino cuatro en el finibusterrae [´la horca´] y obra de treinta envesados [´azotados´] y de sesenta y dos en gurapas [´galeras´]».
A este ultimo castigo se refiere también don Quijote. En el mismo pasaje -cuando el hidalgo se topa con una cuerda de presos-, recoge Cervantes otra expresión propia de germanía, cantar en el ansia:
-[…] concluyose la causa, acomodáronme las espaldas con ciento, y por añadidura tres años de gurapas, y acabose la obra.
-¿Qué son gurapas?- preguntó don Quijote.
-Gurapas son galeras- respondió el galeote.
[…]
-¿Pues cómo?- repitió don Quijote-. ¿Por músicos y cantores van también a galeras?
-Sí señor- respondió el galeote-, que no hay pero cosa que cantar en el ansia. […] señor caballero, cantar en el ansia se dice entre esta gente non santa confesar en el tormento.
Quevedo, por su parte, expone en las Jácaras las andanzas de algún mandil, nombre que designa al criado al servicio de prostitutas y bribones.
Con el paso del tiempo, algunas voces de germanía se han ido incorporando a la lengua coloquial y aparecen recogidas en el diccionario académico sin la marca de su posible origen: birlar (´robar, estafar´), bufido (´grito´), piltra (´cama´), trena (´cárcel´). Otras, sin embargo, han conservado esa indicación y han llegado con ella hasta el presente.
Son ladrones de poca monta los bajamaneros, hábiles sobre todo distrayendo al otro con las manos, y los caletas, que murcian (´roban´) sirviéndose de un guzpátaro o agujero. En la alegre (´taberna´) y el boliche (´casa de juego´), jayanes (´rufianes´) y pilladores (´fulleros´) se intercambian chirlos (´golpes´) si hacen trampas con la baraja (bueyes) o con los dados (pestes). En la manfla prestan sus servicios las maletas, prostitutas que también se denominan con el muy sonoro hurgamanderas.
(Fuente: Nunca lo hubiera dicho, Taurus, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, págs., 237, 238 y 239).
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