Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Gracias a Dios

(Segunda parte)

Juan Manuel Aguilar Flores

Escudo de la Orden Mercedaria. (Publicación del IHAH.1989).

El Dr. en Historia Mario Felipe Martínez C. refirió, para 1780 en adelante, en ciudad de Gracias, hubo diversas construcciones y reparaciones de edificios civiles y religiosos, luego llegó una merma del tabaco por controles coloniales; el surgimiento de la Villa de Santa Rosa en los Llanos de Copán y la instalación de la factoría de tabaco (1784), centralizando la producción por tenerse como producto estancado. Se suma a esta situación, cambios en la base económica del añil; reducción en la producción de trigo, por apertura de nuevas rutas comerciales con poblados fronterizos con Guatemala, cada vez va aislándose la otrora pujante ciudad de Gracias. El inicio del siglo XIX -en especial tres primeras décadas- fue fatal para la ciudad, además de sufrir el abandono parcial de sus habitantes. Con vigencia de las Reformas Liberales en periodo federal 1825-1840, se extiende la problemática centroamericana. Vecinos pierden sus propiedades al ser saqueadas o incendiadas (haciendas, molinos harineros, tiendas) por cualquiera de las facciones políticas que tomaron la ciudad o por encuentros bélicos entre Honduras, El Salvador y Guatemala. En la administración federal, la iglesia sufre la secularización de sus bienes y restricción de algunos ingresos propios de su naturaleza, incluso fue objeto de préstamos forzosos. Los mercedarios de la ciudad de Gracias -extensiva para los franciscanos en otras regiones-, frente a la situación, decidieron buscar fondos por otras instancias. Las autoridades eclesiásticas de Gracias trataron de obtener permiso del Vicario General de Comayagua Mariano Castejón, vender alhajas de la iglesia, petición denegada. Años después los Mercedarios insistieron en el asunto y en 1836, presentaron al vecindario en subasta pública: “…una lámpara de plata…en benta (sic) para poder edificar aquel templo…y no habiéndose podido lograr que la comprara este vecindario, se presentaron particularmente cinco sujetos, ofreciendo pagar la mitad de su valor…José Pio Meza, Olaya Orellana, Pedro de la Cruz Erazo Enamorado, Isabel López y Pedro Jovel...y faltando la otra mitad, la suplieron Tomás Enamorado, Germán Cisneros, Juan José Orellana, Apolonio López, Tulio Bueso, Nicario Enamorado y Cesilio (Laraco), Rafael Cobos, Isidro Rodríguez, Juan Cruz y Gregorio Erazo. Los mismos compradores de común acuerdo donaron la misma lampara con la condición siguiente: “…que no pueda ni debe ser quitada por ningún otro uso, ni por el vecindario, ni párroco, ni ninguna otra autoridad, pues en tal caso se dan facultades, unos a otros los contribuyentes, y los sucesores de éstos para que cualquiera de ellos pueda quitarla y librarla de pérdida, ynbertir (sic) su valor en la necesidad que tenga esta misma iglesia: así lo dijeron, suplicándome sentarse esta providencia en este libro, como lo ago (sic) firmando por testigos para que conste. Yo, el cura actual (rúbrica) Francisco de Paula Campoy, cura y vicario”. A mi criterio, algunos eran probablemente familiares, en esta singular compra. En la tercera década del siglo XIX, el colera morbo, ocasionó muchas muertes. Fueron creados en el país las “Juntas de Sanidad”, a cargo de los quehaceres preventivos, a manera que la epidemia no se extendiera a otras regiones. De igual manera, creáronse las “Juntas de Fomento” dirigidas por Alcaldes y personas idóneas para velar por el mejoramiento de sus localidades: arreglo del ornato, educación, comunicaciones y otros ramos para el bien colectivo. Estas instituciones en villas y ciudades, llegaron a considerarse estables por muchos años. La “Junta de Fomento” de la ciudad de Gracias, en octubre 1865, en reunión con vecinos y miembros eclesiásticos expuso: “…que las iglesias de esta ciudad carecen de algunas campanas y que aquí se encuentra el Sr. Don María Florentino en disposición de hacerlas…el Sr. Florentino se compromete solamente a fabricar cuatro campanas del tamaño necesario al precio de seis pesos arroba, con tal que la corporación le facilite manutención durante su trabajo en aquellos y demás útiles necesarios como ocote, leña, casa en que poner la oficina de elaboración y mosos (sic) para la ayuda…”. Los grupos reunidos aceptaron las condiciones propuestas, agregando que el Sr. Florentino recibiría la mitad del valor al inicio, el remanente a la entrega de las campanas. Además, se instó a la feligresía a la espontánea ayuda a esta obra y arreglos de imágenes, a cargo del pintor Máximo España a un costo de doscientos pesos. Cuatro años después, fue contratado el artesano Santiago Velásquez vecino de Ilobasco (El Salvador), para trabajos de repellado, blanqueado y aperturas de dos ventanas en la iglesia. Martínez Castillo sobre Gracias refirió, de todos los edificios públicos, la más importante construcción por su antigüedad, belleza arquitectónica y calidad de sus imágenes, colocadas en grandes retablos barrocos, es la iglesia de la Merced, -calle de por medio- con el convento de la misma Orden, hoy completamente transformada, a tal extremo, no queda nada de su planta original. La iglesia es de planta de cruz latina, no muy pronunciada, su interior de tres naves, una central más ancha y dos laterales angostas. En el interior de la iglesia, además del retablo mayor, donde se encuentran la imagen de vestir de la virgen de la Merced, acompañada de otros santos de talla completa, se encuentran otros retablos barrocos de superior calidad artística, seis retablos decorados al interior del templo (desgraciadamente en muy mal estado), sin sus imágenes originales y faltándoles algunas pinturas, producto de robos recientes. De toda la iglesia, lo más importante es la fachada principal, es uno de los exponentes más bellos del barroco centroamericano, no solo por sus proporciones, sino por la finura del acabado de su yesería. Se desconoce cuál fue la decoración de la primitiva iglesia, muy dañada por el terremoto de 1774, talvez anterior a este año, quedaron únicamente la sacristía y las dos portadas laterales de una gran simpleza con sus puertas de arco de medio punto, arco que también se observa en la fachada principal, sobre la cual a simple vista se nota fue reedificada, pues hay una enorme diferencia entre esta puerta con su dovela y el resto de nichos y ventanas del imafronte de la iglesia. La presencia de las columnas almohadilladas nos da evidencia que son el resultado de la reconstrucción sufrida después del terreno de 1774. Frente a la fachada un gran atrio con barda, dando la impresión de ser almenada, cierra todo el conjunto con una gran puerta de ingreso de hierro forjado. De su reloj se tiene publicación oficial de 1880, de su compra: “…el cual se ha pedido a ultramar…vendrá en el mes de abril próximo…será colocado en la iglesia principal…”. Vallejo en 1889, detalló la existencia en Gracias de dos iglesias, la Merced y la dedicada a San Marcos, esta última, su construcción acredítesele finales del siglo XIX e inicios del siguiente, además tiene ermita en ruinas. Lawrence Felman detalló que el 26 de diciembre 1915, se sintieron pequeños temblores y que el 27, 28, 29 del mismo mes, fueron más fuertes, dañando varias casas de la ciudad igualmente las iglesias de la Merced, San Marcos.

Notas de la 2° parte.

-Se solicita aprobación al Vicario General de Comayagua Mariano Castejón para vender las alhajas del curato de Gracias a Dios con el objeto de obtener fondos para la construcción de la iglesia de N. S. de las Mercedes que se halla totalmente arruinada. Archivo Eclesiástico de Comayagua 1836. (AEC)

-Gaceta Diario Oficial del Gobierno de Honduras. Teg. 18 de febrero 1880. Informe del gobernador de Gracias. (ANH).

-Martínez Castillo, Mario Felipe. “Cuatro Centros de Arte Colonial Provinciano Hispano-Criollo en Honduras”. Teg. Editorial Universitaria. 1997.

-Aguilar Flores Juan Manuel “Construcciones Catedrales en Honduras. 1561-1915”. Teg. 2° edición Y ver -Guía Turística de la Ciudad de Gracias. 2005. Publicación del IHAH.

-Vallejo, Antonio R. “Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889”. Teg. Tipografía. Nacional. 1893.

-Álvaro Héctor y Tito Pérez Estrada. “Homenaje a la ciudad de Gracias en el CD aniversario de su fundación 1536-1936”. San Pedro Sula. Honduras. -

-Felman, Lawrence H. “Catálogo de terremotos en Honduras. 1539-1934”. Teg. Revista Yaxkin Vol. XI. No. 2. Julio-Dic. 1988. Instituto Hondureño de Antropología e Historia. (IHAH).

Glosario

Dovela. Piedra labrada en figura de cuña, para formar arcos.

Producto estancado. Articulo sujeto a restricciones estatales en su cultivo y venta. 

Imafronte. Fachada principal, ubicada al pie de la nave central (opuesta al altar), suele ser la más monumental, ricamente decorada y acceso principal al templo.

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