Contracorriente: EL DERECHO A EQUIVOCARSE

Juan Ramón Martínez

 


El regreso de Mel a Honduras, después del “exilio” en República Dominicana, no tuvo las repercusiones que ha tenido el de JOH. Zelaya regresó después de haber sido sancionado por la Corte Suprema de Justicia y expulsado del país el 28 de junio de 2009. Honduras, estaba de rodillas, ante la comunidad internacional –había sido expulsada de la OEA, varios países habían suspendido sus relaciones diplomáticas y teníamos cerradas las puertas del financiamiento internacional- y el precio para el “perdón” tuvo tres condiciones básicas: 1. Regreso de Mel, sin que se le siguiera proceso alguno; 2. Se le concediera amnistía por los delitos cometidos en el 2008; y 3. Que para que retornara plenamente a la vida política, se le entregaba, sin condiciónes, un partido político. Todos –o la mayoría– creímos que no teníamos alternativa. Por ello no la emprendimos en contra del Presidente Lobo; ni acusamos de tontos, e insanos a los compatriotas que recibieron con alegría el regreso del “caudillo” de Lepaguare.

El retorno de JOH, es diferente. Fue extraditado a petición de Estados Unidos. Sometido a un juicio en una Corte de Nueva York. Condenado por un jurado y el Juez Castell le impuso 45 años de cárcel. Juan Orlando, no se declaró culpable y más bien, proclamó su inocencia y anticipó que algún día se conocería la verdad. Trump lo perdonó, en el ejercicio del poder que tienen los gobernantes estadunidenses. La Corte de Apelaciones de Nueva York, a petición de los abogados de JOH, anuló el juicio. Además creemos que el juicio fue muy irregular. No se  respetaron todos los derechos del enjuiciado y ni siquiera se le permitió presentar sus testigos, en la forma adecuada para defender sus derechos. La republica de Honduras, no se ha inclinado ante el presidente Trump; y este no le ha reclamado al gobierno de Asfura ninguna prerrogativa especial para el ex presidente que, según la forma como fue recibido, cuenta con un elevado respaldo electoral. Mucho mayor que el que exhibió Mel en su regreso de Republica Dominicana.

Son dos hechos que aunque tienen protagonistas del mismo nivel, el regreso se produce en condiciones diferentes. Lo más obvio: la declaración de Gabriela Castellanos, en el ejercicio de una tendencia que hay que prestarle atención y que tiene como característica el cambio de sujetos de la política, en que los líderes son sustituidos por los jueces; y en vez de derrotar a los políticos en la calle –como pregonaba Mel– se les castiga e inhabilita en los tribunales donde según Castellanos, JOH tiene que pagar. Las habidas y las que tienen carácter de haber. Nicaragua es un modelo de esta tendencia Pero lo más ridículo: la acusación del Sacerdote Católico Ovidio Rodríguez, que le reprocha al pueblo hondureño, su masoquismo al mostrar -una parte tan solo de los hondureños del Partido Nacional y algunos independientes por supuesto– por haber ido al aeropuerto a recibir a JOH. La frase de Rodríguez, cayó como un bombazo. Representa la primera nota desde la sociedad civil –Castellanos no lo es porque dirige una entidad semi gubernamental especializada en la lucha contra la corrupción— por lo que llama mucho la atención. En las dos expresiones, de Castellanos y de Rodríguez, hay una descalificación antidemocrática y un embiste contra la soberanía popular. Muy cercano al pensamiento de Daniel Ortega.

Vargas Llosa, más ordenado, cuando comentó la forma de votar de comunidades latinoamericanas, uso la expresión “votaron mal”. Calificó el acto. Pero no desautorizo al actor. Ni al sistema. Castellanos y Rodríguez, si descalifican la democracia y desprecian la soberanía popular. En democracia, -hasta Borges- que no le gustaba mucho admitió que aunque sean los tontos los votantes, gana quien tiene mayoría. Es el pueblo el soberano. De modo que se le puede criticar porque vote en tal o cual dirección; o que prefiera a un político en vez de otro. Pero nunca jamás se le puede negar el derecho de equivocarse. Castellanos y  Rodríguez no aceptan la soberanía popular que incluye esa posibilidad.

En las pasadas elecciones Mel recibió el 19% del voto. Ninguno nos parece tonto, “masoquista”; o estúpido. Votaron en dirección a sus intereses y algunos, sin caer en masoquismo, lo seguirán haciendo, porque hay con Mel, una cercanía de la misma naturaleza que la animó a más de 10.000 hondureños a recibir a JOH en Palmerola.

Castellanos y Rodríguez se equivocan. Le dan la espalda a la democracia. Lo que no es bueno para ellos. Tampoco para los hondureños que nos merécenos  respeto, mientras vivamos en democracia.

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