Contracorriente: HONDURAS COMO PROBLEMA Y LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS COMO SOLUCIÓN (4/4)

Juan Ramón Martínez (*)


La calidad del pueblo que tenemos. Si el rey Juan Carlos de España vincula la operación democrática con el bienestar económico de los ciudadanos, yo quiero relacionar sus posibilidades con la calidad del pueblo. Ya dijimos que la democracia no nace con las personas y que más bien se aprende en la convivencia familiar, en la vida educativa y en la convivencia ciudadana. Un pueblo que surge de familias patriarcales, dentro de la arbitrariedad del más fuerte que exige preminencia y ejerce el poder dentro del universo familiar, no crea ciudadanos capaces de reclamar derechos, cumplir obligaciones y exigir tomar participación en el manejo de los problemas de la sociedad en la que vive. Cuando deja el hogar y forma su propia familia, repite el modelo autoritario y en la escuela – hasta poco por cierto – el autoritario sistema educativo lo preparaba para vivir en sociedades autoritarias. Hasta hace pocos años los alumnos se formaban en el conocimiento de sus derechos y responsabilidades y en las formas de operación del sistema público o gubernamental. La asignatura se llamaba Educación Cívica. Arbitrariamente se suprimió y aunque hemos hecho esfuerzos para que el tema se tome en consideración actualmente, no encontramos eco ni en las autoridades educativas, en los dirigentes políticos y mucho menos entre los intelectuales hondureños. Con lo que se confirma que el sistema de caudillos que opera en el interior de la vida política, es necesario contar con un pueblo que no valora la democracia, no la exige y tampoco la aprovecha.  

Ahora nuestro problema. ¿Es posible hacer políticos democráticos confiables en las universidades? Esta es una universidad católica. En el pensamiento católico tenemos en la Doctrina Social de la Iglesia suficientes elementos para forjar una visión democrática de mayor confianza y estabilidad como un medio para lograr una ciudadanía que vea en los nuevos políticos formados aquí, opciones confiables para entregarles –en forma cociente y deliberada- el voto en las elecciones municipales o generales. En 1968 intentamos y creamos el PDCH, inspirados en el evangelio. La Iglesia conservadora de entonces, no nos brindo apoyó. La Matanza de los Horcones, retrajo las relaciones de la Iglesias Católica como fuerza reformista y la recluyo otra vez en el conservatismo. Contrario a Roma y a Pio XII que si apoyaron a los católicos para que enfrentaran al comunismo soviético y se constituyó como fuerza política y de gobierno durante bastantes años la Democracia Cristiana. Los políticos nuevos, forjados en las universidades –especialmente en esta la nuestra, la UNICA– ¿provocaran la confianza necesaria en los electores? Es útil, para su uso futuro, observar como votan los hondureños. En la zona de desarrollo capitalista, los hondureños son más ciudadanos y son más libres y menos obedientes de las arbitrariedades de los caudillos. En las zonas de pobreza – Olancho, La Paz, Valle y Lempira--, el voto de los pobres favorece a los caudillos. Allí hay más caudillos por kilómetros cuadrados que en el resto del país. En cambio en Cortes, Atlántida y Yoro, los caudillos no tienen tierra fértil para sus pesuñas. 

Y la pregunta final, tal como la que nos planteamos inicialmente estas palabras ligeras y muy preliminares: es posible hacer democracia con un PIB de menos de 2 mil dólares. Y con una población que todavía no se siente ciudadana y por ello, fuente – en el ejercicio de su voluntad al votar y participar – del poder de los políticos, para construir una democracia esperanzadora? ¿Tienen libertad los pobres para votar? No son esclavos de los caudillos, dominados por debilidades espirituales congénitas u obligados dependientes de sus favores, sin los cuales a cambio del voto, no pueden enfrentar las emboscadas de la vida: la enfermedad de un familiar, la urgencia de dinero para iniciar la siempre o recursos para enterrar a sus familiares o casar a su hija mayor favorita. Fácilmente se puede concluir que la democracia hondureña requiere resolver el problema económico antes y no como algunos hemos creído que, la sociedad democrática modifica obstáculos y facilita el desarrollo económico. Este es un dilema que requiere un poco más de reflexión. Y en otros momentos por supuestos.

Una reflexión final. No habrá que hacer las dos tareas juntas. Hacer ciudadanía y formar políticos universitarios, con misión de sacerdotes y no como camino para salida la pobreza o para satisfacer sus complejos mentales irregulares. Al tiempo que buscamos mejorar el PIB de los hondureños. La tarea es enorme; pero interesante, sugestiva y tentadora.

Tegucigalpa 9 de julio de 2026.

(*) Conferencia dictada en la Universidad Católica de Honduras, Tegucigalpa en la inauguración de las clases de la carrera de la Facultad de Ciencias Políticas.

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