Mirador: HAY QUE REVISAR EL PAPEL DE LAS UNIVERSIDADES
Juan Ramón Martínez
En España y Estados Unidos, egresarán de las universidades los primeros graduados que hicieron estudios apoyados por la IA. Algunos profesores se han preguntado qué ha cambiado en estos últimos cuatro años. Y centran las interrogantes en la calidad de los egresados, el papel de los docentes; y el lugar que ocupan las universidades. Las primeras conclusiones no son buenas. Hay duda de la capacidad crítica de los egresados y de la libertad para pensar y encontrar caminos nuevos, porque dependen mucho de la IA. Los profesores parece que avanzan hacia la obsolescencia, sustituidos por el internet, los celulares y la IA. Y las Universidades, según los educadores entrevistados, tienen que volver a los orígenes: al libro, los ensayos en papel y el trabajo de grupo, para que el estudiante, no solo descubra el mundo con sus ojos, sino que también comparta las visiones que tienen del planeta otras personas.
En México, los administradores universitarios han descubierto que los exámenes de ingreso han sido sustraídos; o los informes enviados para lograr admisión en una u otra universidad elaborados con IA. Aunque en México están curados de espantos – porque la corrupción hace bastante tiempo se aquerenció en sus lares y bajo sus climas – no dejan de preguntarse sobre la forma para impedir los engaños. Para diferenciar lo que es la verdad del invento o mentira sabiamente elaborada. Aquí está el corazón del asunto. No se puede ignorar la IA, sus posibilidades en el aligeramiento de algunas tareas; pero tampoco su uso para hacer algo incorrecto; o falso totalmente.
En Honduras siempre caminamos muy atrás. La UNAH no se ocupa de estos temas. La Vice Rectora de Asuntos Académicos cree que no se debe editar libros. Hay que ahorrar papel. Y que la UNAH no se proyecte y haga extensión mediante la edición de libros. Dejando que el mercado reaccione y dé las respuestas. Este pragmatismo cínico no anda solo. Pero hay otros profesionales que han leído a Yuval Harari y aceptan que la IA es más que una herramienta, un “agente” que puede – desde su capacidad de “aprender” – determinar cursos de acción en contra de los procesos educativos. Los alumnos pueden aprender a delinquir, a mentir; y a engañar, con enorme facilidad a sus maestros, sus clientes y a sus familiares incluso. En México en la UNAM, el 98% de los aspirantes a Medicina aprobaron su examen de ingreso.
Hay excepciones. Formo parte de un jurado --junto otros profesionales--, para valorar cuentos y poemas escritos por estudiantes. Y la instrucción que he recibido, además de apreciar los valores literarios de las obras, es identificar si el concursante ha usado IA para producir sus tareas. Es decir, ha empezado a producirse la duda y la inquietud. Es un buen principio. No todos están deslumbrados con la tecnología. Valoran sus riesgos. Saben del peligro del distanciamiento con la ética. Les preocupa la cuestión de la verdad.
Porque si las universidades están formando profesionales sin ética, sin compromiso con el oficio o las tareas; sin respeto por la verdad, -- dispuestos a usar cualquier vía para lograr resultados--, la sociedad está en peligro. El enfermo no estará seguro con el médico. La personas con dificultades con el abogado que tiene enfrente; y lo que es peor, como podrá el sistema financiero – que ha estado siempre muy abierto a la introducción de la tecnología – controlar a la IA. Ella puede identificar debilidades y construir procesos para aprovecharlas, defraudando los intereses institucionales. Este es un problema serio. Más que los intentos de hablar con el “alma” de los muertos como predica Odir Fernández. ¡Mucho más¡
La Prensa, SPS Honduras, 30 de julio de 2026.
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