Reseña de libros: EL REY QUE CUENTA SU HISTORIA Y PIDE PERDÓN

Juan Ramón Martínez 

Resulta muy agradable y aleccionador leer “Reconciliación” (Planeta, 2025). Ningún miembro de la monarquía europea habría emprendido la tarea de expresar sus sentimientos, contar su historia, justificar sus actos, reclamar el reconocimiento de su liderazgo en la transición democrática, en la modernización de España y en el éxito económico alcanzado por una de las economías más sólidas de Europa; y al final, pedir perdón. Nunca antes un Rey había contado sus cuitas y dolores. Eso requiere mucho valor. Obligado a abdicar como Rey de España después de 39 años de liderar al país como Jefe de Estado, reclama respeto recordando que es un ser humano; y que al final, aunque ha cometido errores por los que pide disculpas, exige que el “gobierno deje de desacreditar mi persona (porque con ello) debilita nuestra Constitución y pone en entredicho los logros de la transición y nuestra reconciliación. Para no dejarle la última palabra en su revisionismo histórico, he querido  dar mi versión de la historia, la que viví y la que forje” concluye en las últimas páginas del libro que comentamos. Lo que es  un acto de grandeza y de enorme humanidad.

En efecto, fuera de sus preocupaciones por no ser propietario de nada, lamentando que siempre anduvo corto de dinero, cosa que al aceptarla lo debilita frente a algunos lectores muy materialistas,-- poco a poco--, en la medida en que nos adentramos en la lectura de este libro, apreciamos los valores del personaje y le vemos, en las buenas y en las malas, tomando decisiones valientes que fueron en efecto, la solución de los graves problemas que creo la muerte de Franco y la naturaleza de los españoles, que no siempre han estado dispuestos, según su fama, a negociar y pactar. Honraban más bien, en principio esa capacidad suya, reconocida irónicamente por el Canciller alemán Bismarck, que reconocía que solo la fortaleza de España, había hecho imposible que los españoles, que llevaban 200 años tratando de buscar su propia ruina, sin conseguirlo pudiera destruirla.

Bajo el liderazgo de Juan Carlos I, pactaron, se calmaron, controlaron a los más exaltados; e hicieron una impecable y ejemplar transición que es ejemplo para todo el mundo. Y por supuesto regresando nuevamente al modelo monárquico, pese a que una gran sector de los españoles, todavía recordaban con nostalgia la república de 1932, y  creían que no era el modelo adecuado para asegurar la paz, facilitar el desarrollo y garantizar el éxito de España y el futuro de los españoles. El Rey Juan Carlos I, recuerda con enorme precisión que pese a las dificultades y tensiones, lo lograron. La Constitución de 1978, constituye un monumento que Juan Carlos I celebra y resalta, confirmando que detrás de su surgimiento está su figura unificadora.

Desde esta perspectiva es obligado aceptar, en efecto, el valioso papel protagonista de Juan Carlos I. Es probable que con otro personaje, las cosas no se habrían logrado; o se habrían tardado más tiempo en tener el éxito que han conseguido. Porque un hombre diferente, menos tranquilo, menos dialogal, más interesado en servirse a sí mismo; y menos enterado de las dificultades y el rechazo que la monarquía producía en parte de los vencidos en la guerra civil de 1936, la transición habría sido más difícil o incluso imposible.

El golpe de estado del 28 de febrero de 1981, con una conducta diferente a la que asumió el Rey, habría permitido que los militares que se oponían a la consolidación de la democracia se salieran con la suya. Juan Carlos I aclara que no participó en el golpe; que Armada utilizó su nombre; que su liderazgo, una vez que se dirigió a los españoles por medio de la televisión, logró frenar el más fuerte intento de destruir la transición democrática española. Aquí, según narra el Rey de España Juan Carlos I, logró imponer su capacidad de mando, sus conocimientos de los líderes militares y sus contactos inteligentes que le permitieron tomar las decisiones en el momento correcto.

Reclama con mucho dolor –con bastante razón– que el gobierno le ha tratado muy mal. Se queja de su vida solitaria, del distanciamiento de los funcionarios en su obligación de reconocer su calidad de Rey porque lo será hasta que muerte y aun después –en que incluso el embajador de España en Abu Dabi, lo evita. También se duele del distanciamiento del Rey Felipe VI, su hijo del que esperaba en algunos momentos que le llamara y que no se incomunicara tanto como lo ha hecho. Es un ser humano, -- dice -- reclamando que lo traten como tal. No ignora que su comportamiento, tanto los líos de faldas como los problemas de intermediación con empresarios, los regalos recibidos de los potentados del desierto y la actitud suya en la casa de elefantes en Botsawana, no fueron correctos, pero cree que se merece ser perdonado. Que sacrificó todo para salvar a España y a la Monarquía; y que se merece un poco más de respeto. Sabemos que “Reconciliación” no le sentó muy bien al gobierno del PSOE.

He conversado un par de veces con el Rey Juan Carlos I. Es un hombre cercano, afectuoso y con gran interés en los demás. Muy afable. A mis colegas alemanes en 1976 después de referirles que le había conocido en La Zarzuela, no les parecía un hombre con el carácter para superar la dictadura de Franco. Y se equivocaron. Uno de ellos me preguntó: ¿qué te dijo el “Reyecito”? Entonces la mayoría de las Cancillerías europeas no le daban mucho futuro a su liderazgo. Les parecía por su rostro y sus balbuceos, eran propios de una persona insegura Tiempos después conversamos en Medellín, Colombia sobre la situación de Europa y sus relaciones con América latina. Me lució un hombre bien enterado, con conocimientos y habilidades para la toma de decisiones. Y muy afectuoso con América Hispana

La lectura del libro –que algunos creen fue una imprudencia escribirlo y publicarlo, porque un Rey no se excusa y nunca pide perdón- permite comprender al ser humano. Valoró la obra que dirigió; y el derecho que tiene de recibir perdón de sus compatriotas. Nosotros, que no somos más que granos de arena cósmica, le comprendemos, los valoramos; y al final de las 489 páginas de su alegato, lo absolvemos. Estamos seguros incluso, que el libro que publicó contra todos los consejos de sus asesores, los historiadores del futuro lo apreciaran como la acción de un hombre generoso, que incluso se arrodilló ante su pueblo, no tanto para que solo le perdonaran a él, sino para que no le faltaran el respeto a la Monarquía por los actos humanos en los que se vio involucrado. Y que la justicia, le ha dado la razón. En la mayoría de los incidentes que sus compatriotas le señalan como errores y fallos inconsecuentes con su carácter de líder de una España nueva y democrática, ha sido absuelto. Bien por el Rey Juan Carlos I.

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