BORGES, CUATRO DÉCADAS DESPUÉS. ENTREVISTA CON MARTÍN KOHAN
Mario Bravo
Este año se cumplen cuatro décadas del fallecimiento de Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986). Cuentista, ensayista y poeta, el escritor argentino legó una obra tan vasta como extraordinaria, que vista panorámicamente constituye un universo literario en sí mismo. Con motivo de este aniversario, “La Jornada Semanal” charló con el docente universitario, ensayista y escritor Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), autor del libro “Lo que entiendo por Borges” y uno de los lectores más perspicaces y minuciosos de la obra entera del autor de “Ficciones”, “Siete noches”, “El Aleph”, “El libro de arena” y tantos otros.
Fama
y disuasión
–¿Por
qué la figura literaria de Borges permanece tan vigente, a pesar de que han
transcurrido cuatro décadas desde su muerte?
–En la década de los cuarenta quedó en
evidencia que la literatura argentina había producido, por fin, un verdadero
genio. En esos años publicó sus libros más significativos: “Ficciones” y “El
Aleph”. En un ámbito más amplio, durante la década de los setenta, Borges
alcanzó una notoriedad muy fuerte. No es exagerado decir que era famoso,
con una presencia asidua en los espacios masivos de comunicación, no sólo en
zonas de la crítica cultural o literaria, sino también en medios populares de
difusión general. Daba entrevistas a quien las pidiera. Esa notoriedad y el
tipo de admiración que fue suscitando (no necesariamente en correlación
proporcional con la lectura efectiva de su literatura) produjeron una rara
discordancia: se activó una veneración cargada de solemnidad que provocó un
efecto inhibitorio e intimidatorio. La figura mayúscula de Borges, en lugar de
invitar a leerlo, disuadía por un efecto de inhibición, pues en torno a él se
creó la idea de que su literatura era demasiado difícil, demasiado compleja,
demasiado exigente; una literatura para la cual muchos de sus admiradores no se
sentían listos. También aparecieron las posiciones políticas predominantes en
Borges. Digo predominantes porque sostuvo posturas políticas
distintas y, en algún sentido, incluso contradictorias en diferentes etapas de
su vida. En muchos casos, esos posicionamientos llevaron a desistir de leerlo
por razones ideológicas. En la pregunta, vos formulas cómo, a pesar de los años
transcurridos, se sigue leyendo a Borges… Y yo diría: gracias a los años
transcurridos se lo sigue leyendo.
Universo
Borges
–El
periodista Juan Forn expresó que el antídoto para la escritura compleja de
Borges es Roberto Arlt, bastante leído por los sectores populares argentinos,
aunque “escribiera mal”, tal como se decía en tiempos del autor de El
juguete rabioso. ¿Cómo ha envejecido la contradicción Borges vs. Arlt?
–Marcas un aspecto clave. El hecho de que
Borges haya vivido tanto (hasta los ochenta y seis años) se combina con el
hecho de que Arlt murió joven, a los cuarenta y dos. A veces, eso hace perder
perspectiva de su estricta contemporaneidad. Ambos fueron escritores disímiles
y contrastantes. Arlt funcionó como una irrupción al desacomodar los parámetros
del valor literario, desde donde se consideraba que escribía mal.
Alguien dijo, cierta vez, que cualquiera podía corregir una página de Roberto
Arlt, pero sólo él podía escribirla. La incidencia de Roberto Arlt es
enormemente poderosa y, en algún punto, ha funcionado de manera antinómica con
Borges.
Una literatura como la de Borges produce
un efecto de totalidad. Cuando esa totalidad se activa, parece no
haber otra literatura que no sea borgeana, en cierto modo. Los intelectuales
nucleados alrededor de la revista Contorno, tales como David Viñas,
Noé Jitrik, Juan José Sebreli, Óscar Masotta y León Rozitchner, acertaron al
abrir un universo literario distinto al de Borges y matizar el efecto abrumador
de su obra. Así, se afirmó que existía otra literatura posible, otra relación
con la lengua, con los saberes y con lo social: Roberto Arlt. En realidad, esto
fue una contraposición de imaginarios de la literatura. Vos pones un pie en una
página de Borges y toda la literatura parece estar ahí. Y, en cierto modo, lo
está. ¿Cómo abrirle una brecha a eso? ¿Cómo abrirle una alternativa a eso?
Situar a Arlt, remitirse a Arlt, empezar con la legitimación de esa mala
escritura de Arlt; no para trasladarlo a la buena escritura,
sino para desestabilizar un orden de valores que alteraba también los
parámetros del universo Borges. Fue fabulosa esa
intervención por la cual, al situarse allí, se rearmaba un mapa de la
literatura argentina sin desalojar a Borges, pues habría sido una torpeza
desacreditar su legítima centralidad.
Antiperonista
–¿Cómo
explica los discutibles y criticables posicionamientos políticos de alguien tan
intelectualmente brillante como Borges? ¿Ingenuidad, torpeza o ante qué
estamos?
–Borges mismo se presentaba como alguien que no
profundizaba las cuestiones políticas en demasía. Se pronunciaba fuertemente
sobre un asunto en el que no le interesaba tampoco matizar ni ahondar
demasiado. Cabe hacer una salvedad: sus posiciones de juventud no fueron
iguales a las que expresó a partir de las décadas de los treinta y cuarenta.
Incluso, en algunos aspectos, tuvo una tesitura muy contrastante, por no decir
opuesta con los posicionamientos que tendría años después. No existe un solo
Borges políticamente. Sí hubo una postura dominante, más duradera y
reconocible; pero no fue la única que tuvo a lo largo de su vida. Respaldó el
golpe militar y a la dictadura [1976-1983]. Además, aceptó un encuentro con el
dictador Jorge Rafael Videla, a quien dispensó elogios. Sin embargo, también
conviene recordar esto: cuando se publicó la primera solicitud de adhesión a la
lucha emprendida por las Madres de Plaza de Mayo, entre las firmas de adhesión
estuvo la de Jorge Luis Borges. Asimismo, hacia 1985, poco antes de su muerte,
Borges asistió a una de las sesiones del juicio a las Juntas Militares. Hechas
estas distinciones, es cierto que existe un Borges dominante, de posiciones
abiertamente conservadoras, que saludó fervorosamente al menos dos de los
golpes militares producidos en la Argentina a lo largo del siglo XX. Y lo hizo
porque fueron intervenciones del autoritarismo militar contra la democracia;
pero contra una democracia sostenida, en ese momento, por un gobierno
peronista. Una clave: Borges fue inteligente y brillante para detectar
contradicciones, matices y gradaciones. Dislocó binarismos rígidos cuando
escribió sobre el tema del traidor y del héroe, así como cuando trabajó el
texto Historia del guerrero y la cautiva. Fue tan brillante como
para advertir que las rigideces de las antinomias se pueden desestabilizar y
complejizar. Pero fue esquemático en el reduccionismo binario del
antiperonismo. Y no se movió de ahí. En la radicalidad de su fervor
antiperonista, si aquello que se desencadenaba contra el peronismo era un golpe
militar y una dictadura, sólo por el hecho de desencadenarse contra el
peronismo para Borges era loable.
Reescribir
lo leído
–Para
escribir lo que Borges escribió hay que leer bastante. ¿Existe un método
Borges encausado a ser lector?
–Es crucial lo que decís. Él mismo anteponía su
condición de lector. Con ello, hizo toda una concepción de la literatura, no en
desmedro de la escritura, sino como concepción de la misma: la escritura es
reescritura de lecturas. No existe una disyuntiva entre escribir o leer
porque, en la concepción borgeana, la |de que algunos de sus textos sean
reescrituras de textos anteriores, fundamentalmente dos cuentos en los que
reescribe dos episodios del Martín Fierro, de José Hernández,
clásico argentino del siglo XIX: El fin y Biografía
de Tadeo Isidoro Cruz. En ambos, la escritura es reescritura; es decir,
elaboración de una lectura. En Borges no existe la intención de descartar
la tradición para dar lugar a lo nuevo: lo nuevo
se hace con la tradición y no contra ella. Pienso en el cuento “Pierre Menard,
autor del Quijote”, ese juego prodigioso mediante el cual alguien aparece como
el autor de un texto ya escrito. Borges no modifica una sola palabra: reproduce
el documento tal cual es y, sin embargo, ese mismo texto se convierte en otro,
hasta el punto de que Pierre Menard puede ser declarado su autor. Cada texto,
siendo el mismo, es nuevo en cada lectura. ¿Qué hace Pierre Menard con el Quijote?
¡Lo lee! Y el hecho de leerlo en Francia y en otra época hace que ese texto
adquiera sentidos que el original no tenía.
Diseccionando…
–Finalmente,
¿cómo operó la maquinaria de escritura del autor de Funes el memorioso?
–A menudo, estos procedimientos producen efectos
de lectura. Borges recurre con frecuencia al procedimiento de remitirse a
una escritura previa y decir: “En el artículo de la Enciclopedia
Británica, aparece tal cosa…”. Ahí está el gesto empírico de volver sobre
textos anteriores y reescribirlos. Pero también echa mano del recurso de
producir la impresión de que una escritura viene de otra escritura.
A veces esa escritura anterior es inventada, porque él no hacía siempre lo
mismo. En ciertos casos sí estamos ante la reescritura de un texto anterior
constatable: Cruz es un personaje de Martín Fierro, de José
Hernández. En otros, en cambio, Borges inventa esa fuente previa para
producir el efecto de que toda escritura procede de otra escritura. En
Borges no siempre la escritura viene de otra escritura; en ocasiones proviene
de un relato oral. En “El cautivo”, breve texto del libro El hacedor,
escribe: “Esta historia me la refirieron en Junín o en Tapalqué.” Ahí incorpora
a la escritura una historia transmitida oralmente, sin recurrir, por ejemplo,
al artículo sobre Berkeley en la Enciclopedia Británica. Así como
en algunos casos toma datos precisos, a veces los inventa para producir el
efecto de la precisión bibliográfica. También recurre al efecto
propicio de la indefinición propia del relato oral.
(Fuente:
La Jornada, Semanal, México).

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