Contracorriente: FIDEL: “SÍNTESIS DE DICTADOR” E INCOMPETENCIA
Juan Ramón Martínez
“Pedro Páramo” es en la novela homónima de Rulfo, “la síntesis del rencor”, Fidel Castro es la “síntesis del dictador y la incompetencia”. Antes el poder necesitaba ser competente para justificarse. En Fidel, dictadura e incompetencia conviven armónicamente. Su voluntad de poder, su necesidad de llamar la atención; y buscar desde sus años universitarios ser el centro de las miradas —propio de personalidades egocéntricas— concentró el poder, como nadie lo ha hecho jamás en el continente, incurriendo en la mayor incompetencia de un hombre que en vez de usarlo para construir, destruye todo. Mostrando que no pudiendo ir hacia adelante, aprovechando la incompetencia de sus adversarios –a los que provoca para justificarse– destruye todo. Convirtiéndose en el más incompetente de los dictadores de América Latina. Tuvo más poder que nadie. Pero ninguno hizo más daño a Cuba y América Latina. También a los países subdesarrollados del mundo.
Porque ningún político de América Latina ha tenido, -durante más tiempo— más fuerza personal para imponerse y eliminar a sus adversarios. Para Fidel el poder fue una enfermedad, una droga, una necesidad existencial. En 1953 cuando asaltó el Cuartel Moncada ejecutó una acción inútil y estúpida. No era posible lograr éxito militar. Buscaba llamar la atención. Sentar las bases de un relato genial: su liderazgo insuperable, anuncio inevitable de éxito inevitable. Desde allí construyo un relato con el que dio curso a su voluntad de poder imponiéndose sobre todos. Destruyó a sus adversarios, a sus amigos. Solo al Che lo eliminó vicariamente. Por ello en Fidel Castro la ideología es secundaria. Nunca fue marxista. Era fidelista sin titubeos. La idolatría a Martí, el fetichismo de la revolución, la constitución de 1940, la lucha contra la corrupción y la democracia, fueron excusas para lograr su meta personal. Fue el poder por el poder dominado por una conciencia inestable que siempre, una vez que supo que podía hacerlo, usó metódicamente para destruir.
Cien años después en Castro destaca el fracaso: prometió hacer la revolución en América latina, convirtiendo a los Andes en la Sierra Maestra continental y no pudo, en ninguna parte repetir la “hazaña”. Fue incapaz de demostrar como quería nuestra generación que con la revolución podíamos construir y transformar nuestras sociedades desde la infamia hasta la gloria.
En 1967, el Che con su muerte confirmó que la guerrilla cubana había sido militarmente un invento. Nunca derrotaron a Batista. La “batalla” del Ubero tuvo 7 muertes. La única “batalla” -la de Santa Clara- no la dirigió Fidel. Habría perdido. Porque carecía del coraje mesiánico del Che. Batista se rindió cuando los americanos le negaron la continuidad del apoyo. Castro nunca doblegó al ejército cubano.
En 1979, la derrota de Somoza confirmó que el “foco guevarista” era inaplicable. La guerrilla solitaria, -unos pocos aislados de las masas— no podía derrotar a un ejército profesional. El “foco” fue el ataúd donde enterraron varias generaciones que pagaron con su vida creyendo –a partir de la idealización de Debrey sobre Guevara— que podían derrotar a los militares. En El Salvador el FMLN arrinconó al gobierno salvadoreño; pero no lo derrotó porque Estados Unidos lo respaldó. El talento militar de Castro, fue la capacidad de construir desde el fracaso un relato de idealismos y éxitos inexistentes, colocando el poder como fin. Y los medios, -objetos manipulables- a su gusto y satisfacción.
Fidel deja como enseñanza, su enorme capacidad para inventarse. Para concentrar el poder. Eliminando a sus compañeros con la misma saña que a sus enemigos; y convirtiendo la dependencia en virtud cardinal. Usando a los enemigos como “aliados” para justificar los errores y disimular sus incompetencias. Como hombre ambicioso, no podía dejar de ser el poder mismo. Fue el mejor ejemplo del maquiavelismo, en que el poder se defiende, no se entrega; y se amarra incluso –en tiempos de tormenta— en la falda compasiva de los otros. Sin los errores de Estados Unidos, el apoyo de la URSS y Chávez, Fidel no habría sobrevivido. Jamás tuvo éxito. Fue maestro en la conservación del poder unipersonal. Nunca le interesaron los resultados. Y cuando aceptó los errores, fue para defenderlo.
Fidel dañó a la revolución en América Latina. Su “éxito” militar en Cuba fue un resultado del oportunismo. Nunca hizo una contribución teórica significativa. Y dejó una mancha indeleble: hizo de la crueldad una marca revolucionaria. Contrario a Martí que soñaba con una “Republica del Amor”, Fidel cultivó el odio e hizo de la incompetencia una virtud. Fue el más grande e incompetente de los caudillos de América Latina.

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