Contracorriente: LA CALIDAD DEL PUEBLO HONDUREÑO
Juan Ramón Martínez
Lo recuerdo ahora porque aunque repetimos que el Estado está conformado por la población, el territorio y el gobierno, no le damos atención a la primera y tampoco al segundo; y todo se lo traga el tercero. El gobierno se come todo -- y a cambio ---exige idolatría. Al pueblo no se le dispensa mayor atención. Se pasa por alto – de allí la oportunidad de la anécdota de Mao – que puede ser mejorable y por esa vía, el Estado nacional, ser más efectivo y gozar de mayor respetabilidad.
La población ha crecido en forma visible. En términos de calidad, no hay constancia de mejoría. La que creíamos y nos llenaba de orgullo Daniel Esponda ha dicho que estamos equivocados. Imaginábamos que más hondureños sabían leer. Pero el ex burócrata educativo, ha escrito que los niños de sexto grado no saben leer. El sistema educativo que ha sido objeto de reformas. Pero no ha producido un hondureños más despierto, que entiende lo que le dicen; y que lea y aplica las instrucciones contenidos en las cajas de los productos. Porque no sabe leer. Casi no habla. Y cuando lo hace, usa expresiones sin sentido y algunas salpicadas de vulgaridades y agresiones al español.
En términos de antropología física, no sabemos si la estatura promedio del hondureño ha mejorado. Tampoco hay indicación que el tamaño del cráneo – y con ellos las circunvalaciones del cerebro – sea mayor que antes. Tampoco tenemos indicación que el peso de los niños al nacer sea mayor que hace 25 años. Tampoco sabemos si la dieta alimentaria, desde el primer día de nacido hasta los cinco años que son cruciales para obtener resultados, haya mejorado en términos reales, más allá del aumento de carbohidratos y la sustituían del café para calmar a los niños pobres, haya disminuido. Porque igual que los jóvenes, la sociedad hondureña cada día sabe menos de sí misma. Los educadores no escriben. No nos dan lecciones fuera del aula – donde tampoco son muy creativos – sobre como ha mejorado la calidad de los hondureños.
Por ello no encontramos ninguna evidencia que el espíritu critico se haya impuesto y que ahora las nuevas generaciones tengan un mayor espíritu de libertad e independencia que antes. Como en el anécdota de Mao, estén depuesto a ver a los ojos de los extranjeros, con confianza, sin perruna adulación; o sin ánimo de engañar o hacer trampas a los extranjeros que muchos odian, en forma por lo demás infantil. No sabemos si estamos mejorando o no.
Apenas, tenemos los datos electorales poco estudiado por los sociólogos; o por los burócratas electorales. Una rápida vista a la forma de votar, indica que tienen más libertad para hacerlo, en las zonas en donde hay mas empleo, más riqueza y más bienestar. La forma de votar en los departamentos de más desarrollo capitalista es diferente a los afectados por la pobreza. Cortes, Atlántida, Yoro y Colon, votan diferente a La Paz, Lempira y Valle. Los jóvenes de los departamentos norteños son más libre, menos subordinados. En Olancho y en Comayagua, todavía les cuidan la montura a los caudillos.
En fin, hay que decir que no habiendo hecho nada en favor del mejoramiento de la población, no debemos esperar que el hondureño sea mejor. Ni ahora y menos en el futuro. Seguirá creyendo en Mel, Nasralla y Zambrano. Inútiles, como ellos. Porque como dicen en los pueblos, “tal para cual”. Los presidentes cada dia serán mas inútiles.

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