Cosas del español (100): ESTRUCTURA MATERIAL DE LAS PALABRAS

Domingo Cultural
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Toda lengua consta de palabras diversas, llamadas también dicciones, vocablos, voces. Cada palabra es un signo que representa por sí solo alguna idea o pensamiento, y que, construyéndose, esto es, combinándose, ya con unos, ya con otros signos de la misma especie, contribuye a expresar diferentes conceptos, y a manifestar así lo que pasa en el alma del que habla.

Si atendemos a la estructura material de las palabras, esto es, a los sonidos de que se componen, veremos que todas ellas se resuelven en un corto numero de sonidos elementales, esto es, irresolubles en otros. De estos los unos pueden pronunciarse separadamente, con la mayor claridad y distinción, y se llaman VOCALES: los representamos por las letras a, e, i, o, u. De los otros ninguno puede pronunciarse por sí solo, a lo menos de un modo claro y distinto; y para que se perciban claramente, es necesario que suenen con algún sonido vocal: llamándose por eso CONSONANTES. Tales son los que representamos por las letras b, c, ch, d, f, g, j, l, ll, m, n, ñ, p, r, rr, s, t, v, y, z, combinados con el sonido vocal a en ba, ca, cha, da, fa, ga, ja, la, lla, ma, na, ña, pa, ra, rra, sa, ta, va, ya, za. Tenemos pues cinco sonidos vocales y veinte sonidos consonantes en castellano; la reunión de las letras o caracteres que los representan es nuestro ALFABETO. La h, que también figura en él, no representa por sí sola, sonido alguno; pero en unas pocas voces, como ah, oh, hé, que parecen la expresión natural de ciertos afectos, pues se encuentran en todos los idiomas, pintamos con este signo la aspiración o esfuerzo particular con que solemos pronunciar la vocal que le precede o sigue. La q, usada solo antes de las vocales e, i, vale lo mismo que la c antes de las vocales a, o, u. La x, otro signo alfabético, no denota un sonido elemental, sino los dos que escribimos con g s, o con e s, como en la palabra exámen, que se pronuncia egsámen o ecsámen. Y, en fin, la k y la w (llamada doble v) solo se usan en nombres propios tomados de lenguas extranjeras, como Franklin, Washington.

Aunque letras significa propiamente los caractéres escritos de que se compone el alfabeto, suele darse este nombre, no solo a los signos alfabéticos, sino a los sonidos denotados por ellos. De aquí es que decimos en uno y otro sentido las vocales, las consonantes, subentendiendo letras. Las consonantes se llaman también articulaciones y sonidos articulados.

Combinándose unos con otros los sonidos elementales forman palabras; bien que basta a veces un solo sonido, con tal que sea vocal, para formar palabra; como a cuando decimos voy a casa, atiendo a la lección; o como y cuando decimos Madrid y Lisboa, va y viene.

Cada palabra consta de un o mas miembros, cada uno de los cuales puede proferirse por sí solo perfectamente, y es indivisible en otros en que puede hacerse lo mismo; reproduciendo todos juntos la palabra entera. Por ejemplo, gramática consta de cuatro miembros indivisibles, gra-má-ti-ca: si quisiéramos dividir cada uno de estos en otros, no podríamos, sin alterar u oscurecer algunos de los sonidos componentes. Así del miembro gra pudiéramos sacar el sonido a, pero quedarían oscuros y difíciles de enunciar los sonidos gr.

Llámense SÍLABAS los miembros o fracciones de cada palabra, separables e indivisibles. Las palabras, según el numero de sílabas de que se componen, se llaman monosílabas (de una sílaba), disílabas (de dos sílabas), trisílabas (de tres), polisílabas (de muchas).

Cuando una consonante se halla en medio de dos vocales, pudiera dudarse con cuál de las dos, forma sílaba. Parecerá, por ejemplo, que pudiéramos dividir la dicción pelo en las sílabas pel-o, no menos bien que en las silabas pe-lo. Pero en los casos de esta especie, nos es natural referir a la vocal siguiente toda consonante que pueda hallarse en principio de dicción. La l puede principiar dicción, como se ve en laud, león, libro, loma, luna. Debemos pues dividir la palabra pelo en las sílabas pe-lo, juntando la l con la o.

No sucede lo mismo en mora. Ninguna dicción castellana principia por el sonido que tiene la r en mora. Al contrario, hay muchas que terminan por esta letra, como cantar, placer, morir, flor, segur. Por consiguiente, la división natural de mora es en las dos sílabas mor-a.

Cuando concurren dos consonantes en medio de dicción, como en monte, es necesario las más veces juntar la primera con la vocal precedente y la segunda con la siguiente: mon-te. Pero hay combinaciones binarias de sonidos articulados, por las cuales puede principiar dicción, como lo vemos en blason, brazo, clamor, cria, droga, flema, franja, gloria, grito, pluma, preso, tlascalteca, trono. Sucede entonces que la segunda consonante se aproxima de tal modo a la primera, que parece como embeberse en ella. Decimos por eso que se liquida, y la llamamos líquida. La primera se llama licuante.

No hay en castellano otras líquidas que la l y la r (pronunciándose esta última con el sonido suave que tiene en ara, era, mora); ni mas licuantes que la b, la c (pronunciándose con el sonido fuerte que le damos en casa, coro, cuna), la d, la f, la g, la p y la t.

Las combinaciones de licuante y líquida se refieren siempre a la vocal que sigue, como en ha-blar, a-bril, te-cla, cua-dro, a-fluencia, aza-fran, co-pla, a-tlántico, le-tra; a menos que la l o la r deje de liquidarse verdaderamente, como sucede en sublunar, subrogacion, que no se pronuncian su-blu- nar, su-bro-ga-cion, sino sub-lu-nar, sub-ro-ga-cion, y deben por consiguiente dividirse de este segundo modo; lo que podría, con respecto a la r, indicarse en la escritura, poniendo rr (subrrogacion); por cuanto la r, no líquida, pasa, después de toda consonante, como en principio de dicción, al sonido fuerte de la rr.

Juntándose tres o cuatro consonantes, de las cuales la segunda es s, referimos esta y la articulación precedente a la vocal anterior, como en pers-pi-ca-cia, cons-tan-te, trans-cri-bir. La razón es porque ninguna dicción castellana principia por s liquida (que así se llama la s inicial seguida de consonante); al paso que algunas terminan en s precedida de consonante, como fénix (que se pronuncia fénigs o fénics).

Como la x representa dos articulaciones distintas, de las cuales la primera forma sílaba con la vocal anterior, y la segunda con la vocal que sigue (exámen, eg-sá-men, ec-sá-men), es evidente que de ninguna de las dos vocales puede en la escritura separarse la x, sin despedazar una sílaba: ni ex-á-men, ni e-xá-men representan el verdadero silabeo de esta palabra, o los miembros en que naturalmente se resuelve. Sin embargo, cuando a fin de renglón ocurre separar las dos sílabas a que pertenece por mitad la x, es preferible juntarla con la vocal anterior, porque ninguna dicción castellana principia por esta letra, y algunas terminan en ella.

Apenas parece necesario advertir que los caractéres de que se componen las letras ch, ll, rr, son inseparables el uno del otro, porque juntos representan sonidos indivisibles, que se asocian siempre a la vocal que sigue. Tan absurdo sería silabear guer-ra, car-ro, como coc-ke, bul-la. Lo que decimos sobre la estructura de las palabras castellanas, no se aplica a multitud de vocablos extranjeros, en que retenemos la escritura, y, en cuanto nos es posible, la pronunciación de su origen; como Czar, Byron, Cooper.

Cuando concurren en una dicción dos vocales, puede dudarse pertenecen a sílabas distintas, o a una misma. Parecerá, por ejemplo, a primera vista, que podemos dividir la palabra cautela en las cuatro sílabas ca-u-te-la; pero silabeando así, la combinación au duraría demasiado tiempo, y desnaturalizaríamos por consiguiente la dicción; porque en ella, si la pronunciamos correctamente, el sonido de la u no debe durar más que el brevísimo espacio que una consonante ocuparía; el mismo, por ejemplo, que la p ocupa en captura; de que se sigue que cautela se divide en las tres sílabas cau-te-la. Al contrario, rehusar se divido naturalmente en las tres sílabas re-hu-sar, porque esta dicción se pronuncia en el mismo tiempo que reputar; gastándose en proferir la combinación eu el mismo espacio que si mediara una consonante. (Miramos las vocales c u como concurrentes porque la h no significa sonido alguno). Esto hace ver que:

Para el acertado silabeo de las palabras es preciso atender a la cuantidad, de las vocales concurrentes, esto es, al tiempo que gastamos en pronunciarlas. Si, pronunciada correctamente una palabra, se gasta en dos vocales concurrentes el mismo tiempo que se gastaría poniendo una consonante entre ellas, debemos mirarlas como separables y referirlas a sílabas distintas: así sucede en ca-ido, ba-úl, re-ime, re-husar, sará-o, océ-ano, fi-ando, continú-a. Pero si se emplea tan breve tiempo en proferir las vocales concurrentes que no pueda menos de alargarse con la interposición de una consonante, debemos mirarlas como inseparables y formar con ellas una sola sílaba: así sucede en nai-pe, flau-ta, pei-ne, reu-ma, doi-te, cam-bio, fra-guo; donde las vocales i u no ocupan más lugar que el de una consonante. Se llama DIPTONGO la concurrencia de dos vocales en una sola sílaba.

En castellano pueden concurrir hasta tres vocales en una sola sílaba de la dicción, formando lo que se llama TRIPTONGO, como en cam-biais, fra-guais. En efecto, si silabeásemos cam-bi-ais, haríamos durar la dicción el mismo espacio de tiempo que combinais, y desnaturalizaríamos su legitima pronunciación; y lo mismo sucedería si silabeásemos cam-bia-is pronunciándola en el mismo tiempo que cambiados. Luego en cambiais las tres vocales concurrentes i, a, i, pertenecen a una sola sílaba: al revés de lo que sucede con las tres de fiais, que se pronuncia en igual tiempo que finais, y con las dos de país, cuyas vocales concurrentes duran tanto como las de París. Así país es disilabo, perteneciendo cada vocal a distinta sílaba; fiais disílabo, perteneciendo la primera i a la primera silaba, y el diptongo ai a la segunda; y cambiais también disílabo, formando las tres últimas vocales un triptongo.

Si importa atender a la cuantidad de las vocales para la división de las dicciones en sus verdaderas sílabas o fracciones indivisibles, no importa menos atender al acento, que da a cada palabra una fisonomía, por decirlo así, peculiar, siendo él a veces la sola cosa que las diferencia unas de otras, como se notará comparando estas tres dicciones, vário, vario, varió, y estas otras tres, liquido, liquído, liquidó.

El acento consiste en una levísima prolongación de la vocal que se acentúa, acompañada de una ligera elevación del tono. Las vocales acentuadas se llaman AGUDAS; y las otras GRAVES. Las dicciones en que el acento cae sobre la última silaba (que no es lo mismo que sobre la última vocal), se llaman también AGUDAS, como varió, jabalí, corazón, veréis, fraguáis: aquellas en que cae sobre la penúltima sílaba, LLANAS o GRAVES, como varío, conáto, márgen, péine, cámbio, cuénto; aquellas en que sobre la antepenúltima sílaba, ESDRÚJULAS, como líquido, lágrima, régimen, cáustico, diéresis; y en fin, aquellas en que sobre una sílaba anterior a la antepenúltima (lo que solo sucede en palabras compuestas, es decir, en cuya formación han entrado dos o más palabras), SOBREESDRÚJULAS, como cumpliéramoslo, daríamostela.

(Fuente: Gramática de la Lengua Castellana, destinada al uso de los americanos, D. Andrés Bello, Sevilla, noviembre 2019, págs. 2, 3, 4, 5, 6 y 7).

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