JOSÉ LEZAMA LIMA: SOBREVIVIR EN SUS DOS ANIVERSARIOS

Se cumplen 50 años de la muerte del autor y, el pasado febrero, 60 años de la publicación de su novela 'Paradiso'.

Norge Espinosa Mendoza

Sepelio de José Lezama Lima, La Habana, agosto de 1976.

El 9 de agosto de 1976 fallecía en La Habana el gran escritor José Lezama Lima. Hace 50 años dejaba de existir el autor de poemarios como Enemigo rumor, y de novelas como Paradiso, de cuya primera edición se alcanzan ahora, además, seis décadas. Quien hojee un ejemplar de aquella edición príncipe, publicada por la Editorial Unión en su colección Contemporáneos, y cuya portada rojiza estuvo diseñada por Fayad Jamís, comprobará que su impresión había culminado el 16 de febrero de 1966. 

Con ese volumen, precisamente ese "ladrillo cuneiforme", como le llamó alguna vez en broma su autor, el nombre y el prestigio de Lezama crecieron en una dimensión inesperada, otorgándole finalmente el respeto y la atención internacional que tanto merecía. Una atención que ahora mismo parece no estar a esa altura, pues hasta el momento, los aniversarios de aquella publicación y de su fallecimiento no han sido destacados en su país del modo en que ambas cosas merecen.  

Una lectura simple de su biografía podría indicar que existen en ella dos grandes etapas: la de su vida como abogado y escritor de poemas herméticos, organizador de revistas como Espuela de PlataNadie parecía y, por supuesto, Orígenes; y una segunda fase marcada por la aparición de esa novela extraordinaria y retadora, que deslumbró a sus contemporáneos, y escandalizó a no pocos.

En 1960, al publicarse la antología dedicada a la novela cubana que preparó Lorenzo García Vega no faltó quien se burlara al encontrar en ese volumen fragmentos de Paradiso, cuyos capítulos, lentamente, Lezama venía adelantando en algunas entregas de Orígenes. Su fama de oscuro, la extrañeza de su literatura, y su más reconocida trayectoria como ensayista y poeta, habrá hecho pensar a algunos desprevenidos que esos capítulos formaban parte de una novela que nunca se terminaría, como una maraña verbal que pocos se animaban a desentrañar.

En 1953, sin embargo, Lezama había publicado en el número 34 de esa revista, a manera de relato, un fragmento de lo que luego se reconocería como el capítulo final de la novela, bajo el título de "Oppiano Licario". Y cuando fallece, en 1976, se encuentra aun trabajando en la continuación de Paradiso, que aparecerá en 1977 justamente bajo ese título, ya de manera póstuma.

Lo que puede contraponerse a esa idea es que en realidad toda la obra lezamiana se intercomunica, y ya sea novela, poema, cuentos o ensayo, se integra toda bajo la idea de su sistema poético, en ese juego de "confluencias" que parte de la memoria y de la experiencia del cuerpo y lo espiritual para ofrecernos una visión inédita de todo lo que en ello se contiene.

El paso a la narrativa, contundente a través de Paradiso, publicado a dos años de la muerte de la madre de su autor, ocurre además en un instante de particular interés hacia Cuba. Lezama, a esas alturas, ha publicado su poemario más portentoso, Dador, en 1960. Y ha sobrevivido tanto a los ataques que desde la revista Ciclón le propinaron viejos y nuevos conocidos, y a los que se publicaron en Lunes de Revolución, como los que firmó Heberto Padilla en el artículo "La poesía en su lugar". Los escritores e intelectuales que visitaban la Isla para ver con sus propios ojos lo que estaba allí ocurriendo desde 1959 se fascinaron con aquella novela que rompía todas las normas, que exigía, a ritmo proustiano, su propia calidad de lectura y respiración, y que imponía, entre sus demandas, sobrepasar también las muchas erratas de la edición príncipe, en la cual las comas parecían dictadas por la respiración asmática de Lezama Lima desde su casa en la calle Trocadero.

A esa edición cubana (la única impresa en la Isla hasta que en 1991 se volvió a publicar la novela por Letras Cubanas), le siguieron casi de inmediato otras, que pirateaban hasta las erratas de la primera. Julio Cortázar, quien anudó amistad personal con Lezama durante su visita habanera de 1963, se ocupó, junto a Carlos Monsiváis, de revisar el "ladrillo cuneiforme" para una edición más cuidada que publicó Era, en México, en 1968. Al saber que el notable traductor norteamericano Gregory Rabassa se encargaría de verter al inglés Paradiso, Cortázar no duda en escribirle: "Me has dado una gran alegría con la noticia de que serás el traductor de Paradiso, porque es un libro tan genial como endiablado y de a ratos mal escrito (el gordo no sabe puntuar, deja cosas en el aire, abre frases que no cierra, y detrás y delante de todo eso hay genio y poesía y belleza a toneladas). (Ojo: Supongo que trabajarás a base de la edición de Era, de México. Esa edición es la única buena, porque la cubana era una mierda, y la de Buenos Aires fue copiada de esa. La edición mexicana la corregí yo mismo, por pedido de Lezama y de los editores, y me llevó dos meses poner a punto los miles de errores y ambigüedades que abundaban por todos lados…" La misiva es de 1969, la traducción de Rabassa aparecería en 1974.

Para ese momento, Lezama vivía en otras contradicciones. Tras el I Congreso Nacional de Educación y Cultura y la autocrítica que escenificó Heberto Padilla en la Sala Villena de la UNEAC, hechos casi coincidentes a fines de abril de 1971, Lezama cayó en un index que lo ubicaba junto a otros artistas sospechosos, acusados de desleales y malagradecidos con las bondades revolucionarias. En su caso, los extraordinarios pasajes eróticos de Paradiso también lo habían marcado ya, para escándalo de pacatos y funcionarios.

A las celebraciones en 1970 que saludaron a Lezama Lima en sus 60 años (edición de su Poesía completa, y de La cantidad hechizada y otros homenajes), se opondría la desaparición de su nombre de antologías, eventos y otras publicaciones. Aquel veto silenció también a varios de sus fieles, los colegas que lo acompañaban desde los días de Orígenes, y a no pocos de quienes le atacaron.

Hombre generoso, se había reconciliado con algunos de esos enemigos, como el propio Padilla, a quien diera su voto en 1968 como jurado del Premio Julián del Casal a favor del poemario Fuera del juego, donde se incluye un texto que Padilla le dedicó antes de la crisis de 1971 que acabaría por hundirlos. O Virgilio Piñera, quien tras leer Paradiso puso fin a años de tensiones y rivalidades, uniéndose ambos en un diálogo que perduraría hasta la muerte de Lezama. "Lo hiciste con el arma Paradiso/ golpe maestro, jaque mate al hado", afirmó Virgilio, reconociéndole a Lezama su grandeza, en su soneto "El hechizado".

Por supuesto, también esa época marcó el distanciamiento, respecto a Lezama, de quienes prefirieron no seguir visitando a un autor caído en desgracia. La contradicción fundamental radicaba en que mientras su nombre se ausentaba de coloquios y ediciones en Cuba, Paradiso seguía siendo admirado, estudiado, publicado y traducido fuera de Cuba. En 1976, cuando muere Lezama en el Pabellón Borges del Hospital Calixto García, está empezando a desmantelarse el aparato de censura y parametración impuesto por Luis Pavón y sus acólitos desde el Consejo Nacional de Cultura. Se funda el Ministerio de Cultura, se crean nuevas instituciones. Se intenta reparar a toda prisa la censura que pesó sobre el maestro de Trocadero, y se imprime de inmediato Fragmentos a su imán, su poemario final. La injusticia cometida contra su renombre trata de ser disimulada, y Lisandro Otero llegará a justificar la imposibilidad que sufrió Lezama para acudir a eventos internacionales hablando de "su miedo a viajar".

Las cartas enviadas por Lezama a su hermana Eloísa hablan de esas privaciones, de otros maltratos y carencias. Cuando Manuel Moreno Fraginals regresa a La Habana con ejemplares del primer tomo de las Obras completas que Aguilar ha publicado en México, ya es demasiado tarde. Cuentan que ante el revuelo provocado por el fallecimiento del poeta, su viuda, María Luisa Bautista dijo: "Si no me ayudaron con el vivo, déjenme en paz con el muerto". Y que ante ella, al regreso del entierro, las puertas de la casa de Trocadero se vino abajo.

Aunque en 1977 se imprime la inconclusa Oppiano Licario, el mito de Paradiso se tardará en regresar a los lectores cubanos. Para los poetas de la Generación de los 80, Lezama y Orígenes son un referente al que se acercan con curiosidad y con el anhelo de encontrar en esas figuras otras claves que se alejan de la visión estrecha de la literatura y la identidad de lo cubano. Paradiso, en su reto, es una bitácora desafiante e imprescindible en ese trayecto, y sus raros ejemplares pasaban de mano en mano como quien intercambiaba un peligroso talismán. Un acto de rebeldía y de libertad que incluso quienes no se han atrevido a leerla o confiesan no haber podido cruzar ese inclasificable océano revuelto de palabras y deseos, señalan con respeto.

Entre otras ediciones útiles de la novela, señalo la de la Colección Archivos de la UNESCO, preparada por Cintio Vitier, y la que más me gusta, a cargo de Eloísa Lezama Lima, publicada por Ediciones Cátedra, y que me recomendó y prestó Abilio Estévez, a quien tanto le agradezco. Aunque tras aquella edición de Paradiso en 1991 esta novela y la mayoría de los textos lezamianos han circulado y se venden en la Isla, en Cuba se echa de menos una edición crítica de su obra más estudiada, como aquella de la UNESCO. Y también se añora la intensidad con la cual volvimos los ojos a Lezama y a su mundo, en una época en la cual encontrarlo nos identificaba como parte de una literatura que también quiso romper tantas brechas.

En la Cuba tan compleja de hoy, debería estar más presente el recuerdo de uno de los escritores más extraordinarios de nuestra memoria cultural, quien desde las páginas de su primera novela nos sigue recordando lo que afirmaba al inicio de uno sus ensayos: "Solo lo difícil es estimulante”. 

(Fuente: Diario de Cuba, Facebook).

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Contracorriente: ¡MEL NO ENTREGARA EL PODER!

Contracorriente: ¿QUIEN DIJO QUE SERIA FACIL DERROTAR A MEL?

Contracorriente: OTRO CONGRESO, ¡POR FAVOR!