LA CARTA ROLSTON Y LUIS MELARA: UNA REVISIÓN DE FUENTES PARA LA HISTORIA

Anales Históricos

---

(Primera Parte)

A: Juan Ramón Martínez

Miguel Rodríguez A.

Licenciado Luis Melara

Luis Melara es el destinatario de la famosa y supuesta carta escrita por Hillyer Vaughan Rolston (hijo) fechada el 20 de octubre de 1920 pero vista a la luz pública, muchos años después en 1949. Cuando se publicó de parte del Partido Democrático Revolucionario Hondureño (PDRH) en " Vanguardia " de San Pedro Sula (núm. 182) causó mucho furor y se ha convertido en un canon de la documentación histórica de Honduras por su generalizada reproducción y por el debate histórico - ideológico de que ha sido objeto de mucha controversia. Aunque no por ello la carta como veremos deja de ser ficticia.

Su reproducción por la academia y la prensa de Honduras ha sido tal que hasta en YouTube se encuentra actualmente. Medardo Mejia la reprodujo en 1969 (Ariel, n. 14) y doña Vilma Lainez y Víctor Meza en <<El enclave bananero en Honduras>> (1973, p. 21-43) desde 1970’s la vienen compartiendo como verdad absoluta de la historia y economía de Honduras. Los debates en la Prensa han persistido también desde muy temprano.

Desde el último cuarto del siglo XX uno de los descendientes de Luis Melara, su hijo menor, el conocido sampedrano Pompeyo Melaya viene refutando y replicando la falsedad del documento. Aquí veremos como en 1975 Pompeyo inició una carrera a la que muy pocos consideraron. Aunque no es sino hasta ahora, con las investigaciones del Dr. Dario Euraque que se constata que la carta es ficticia, con base en argumentaciones lógicas y de inferencia histórica de este autor. Aun así la carta ha tenido una historia particular en el sentido de que, a pesar de su carácter, cobró por sí un espacio en la historiografía de Honduras. Veamos quien fue su destinatario.

No sabemos mucho de la vida personal de Luis Melara. Estudio en la Universidad de Honduras. No era originario de la Costa Norte sino de Tegucigalpa. Se graduó en 1908, según le diría en una entrevista Pompeyo Melara al Dr. Darío Euraque (2022). Pero su personalidad pública a la hora de su muerte fue muy sentida. Mas de mil personas dice El Pueblo -- un periódico liberal de la época---, asistieron a su funeral, donde pronunciaron discursos fúnebres nada menos que el escritor Lucas Paredes y el doctor Presentación Centeno (El Pueblo, 1931).

Luis Melara murió a balazos el 16 de abril de 1931 en la plaza central de San Pedro Sula. Había ejercido una notable carrera como abogado en la Costa Norte de Honduras. Brindó sus servicios a diversas empresas, entre las cuales se destaca su firma, como Notario Público y también representante legal en asuntos relacionados con el banano y la tierra de la Cortés Development Company -subsidiaria de la Cuyamel Fruit Company-, es decir, fue empleado de Samuel Zamurray. Y funcionario público del Estado de Honduras, ejercicio como Juez de Letras en San Pedro Sula, tempranamente en el gobierno de Manuel Bonilla.

De hecho su firma como Juez de Letras ratificó la contrata en el que el Superintendente del Ferrocarril Nacional, el coronel salvadoreño y funcionario hondureño Luis Alonso Barahona y un contratista de Guatemala para que se construyera el puente de hierro sobre el río Ulúa, en el paso de La Pimienta para el Ferrocarril Nacional en 1914 (La Gaceta, 1914, p. 433-434). El puente fue terminado 2 años después y fue causa de mucho furor en el Valle de Sula.

En 1923 lo encontramos a Melara haciendo de intermediario, como empleado -asesor jurídico y representante de la Cuyamel Fruit Company- de Zamurray dando a la municipalidad de San Pedro Sula la cantidad de 15.000.00 pesos oro, en calidad de obsequio o regalo, según fuentes mencionadas en la prensa (El Comercio, 1923). Esta actividad la frecuentó mucho Zamurray “el zar del Banano”, como se le adjudicó en estos años. Existe una considerable documentación sobre Luis Melara ya que era un conocido hombre del “foro hondureño”. Vida y obra que para comprender su recorrido vital es necesario una revisión documental. En la prensa es seguro ha de aparecer constantemente su persona así como en archivos privados como en los archivos oficiales de las Compañías Fruteras, especialmente las relacionadas a Zamurray. En 1928 aparece como negociador en los asuntos de la empresa en Costa Rica. Donde adquiría mucha influencia. El asunto es bien documentado en El Imperio del Banano. (1935, ed. 1949, p. 80 y 81).

Las fuentes indican que su asesinato se dio después de “acalorada discusión en el Cabildo Municipal” sobre el tema de la luz eléctrica de la ciudad, donde se estaba negociando la contrata que la municipalidad estaba por firmar con la compañía de luz eléctrica. Empresa que por una concesión desde hacía 20 años venía ejerciendo los derechos de explotación de la luz en la ciudad y que después de haber cambiado varias veces de nombre - originalmente se le conoció como San Pedro Electric Light and Power Company - para este año se conocía como Public Utilities Honduras Corporación, misma que adquirió los derechos de explotación. Esta empresa, radicada en Honduras y Estados Unidos era subsidiaria de una de las Compañías Fruteras.

Quien asesino a Luis Melara fue el conocido abogado José María Zepeda. Era regidor municipal para este momento. Le disparó 6 veces, muriendo Melara instantáneamente. Refiere -literalmente- el profesor Perfecto H. Bobadilla que su muerte y dicha concesión estuvo directamente relacionada, ya que “después de ser muy discutida -dicha concesión- tuvo un saldo sangriento lamentable, pero paso en la forma siguiente.” (1936, pág. 155-159). Inmediatamente la policía arrestó al abogado Zepeda pero desconocemos su proceso judicial, si es que lo hubo.

La contrata está publicada en la citada obra del profesor Bobadilla. Su acta de defunción no dice mucho sobre el asunto tampoco[1]. Más que mencionar que murió por arma de fuego. El arreglo entre la municipalidad de San Pedro y la empresa eléctrica se concretó el 18 de abril, dos días después del asesinato de Melara:

“En última y acalorada sesión Municipal quedó definitivamente arreglado el antiguo litigio que desde hace 3 años tenían pendiente esta Municipalidad y la Empresa Eléctrica logrando llegar a un avenimiento satisfactorio para ambas partes. Arreglo débese al tino y actividad, desplegada aquí por el apoderado de la Corporación Municipal ante el Ejecutivo, Licenciado Arturo Poneda Arias.”[2]

En este contexto histórico también se deben de considerar un asunto que intuyo explica mucho el suceso de la muerte de Luis Melra. Se trata pues del contexto político. Es de acordarse de que en estos meses marzo -abril de 1931 la costa norte era un hervidero de facciosos, según los denomina la prensa y quienes atentaban el orden público. No es casual que meses después de la muerte de Melara la insurrección frente al gobierno de parte de Gregorio Ferrera acabara con la muerte de este último caudillo en armas en el lugar del río Chamelecón conocido como Bañaderos. Así mismo en este momento, dado la caída de las bolsas de Nueva York y la reestructuración de las compañías fruteras quedaron a cargo monopólicamente de la United Fruit Company. Cómo ya habían pasado dos décadas de las primeras concesiones, estaba a flor de piel los debates sobre estas y su revisión tanto de la parte hondureña como de las empresas.

En una entrevista a un corresponsal de El Pueblo, Luis Melara había respondido en marzo, a diversas interpelaciones que se le hacían a su persona desde Tegucigalpa. En esta entrevista respondió a nada menos que uno de los diputados en el Congreso el sr. Plutarco Muñoz Pineda, en el que se vislumbra la tensión sobre el asunto de la revisión de las concesiones. Revisión concesionaria de la que Luis Melara era partidario. Ya no era apoderado Legal de la Cuyamel Fruit Company, que se había fusionado a la United. Su respuesta a Muñoz Pineda quien lo interpelaba desde El Cronista fue contundente:

“Acabo de leer el artículo del Lic. Muñoz, quien parece obsesionado en sacar mi nombre al debate de los contratos para riego que él esta defendiendo en el Congreso. Tengo que hacer una rectificación al Lic. Muñoz. No es cierto que yo ya haya sido partidario de que no les cobren nada por el uso de las aguas a la Compañías bananeras. Como apoderado de la Cuyamel en aquel entonces, me limité a gestionar para esa empresa el uso del agua de acuerdo con la ley vigente. Por cierto que me divertían los apuros de la poderosa United, cuando no podía cumplir el precepto legal ineludible de presentar los títulos de las tierras que pretendía irrigar, porque esas tierras son las de los famosos lotes alterno y los no menos famosos acuerdos sin firma, así como ahora me divertirán los apuros que han de pasar los defensores de los contratos en el Congreso para orillar esa dificultad. Puede tener la seguridad el Lic. Muñoz de que si la ley hubiese sido modificada mientras yo tenía la representación de la Cuyamel, yo hubiera iniciado una revisión general de las concesiones yo hubiera secundado calurosamente la idea, pues era entonces y soy ahora de la opinión de que a las compañías mismas les conviene iniciar esa revisión. Soy partidario de ella y por ella abogué mientras fui apoderado de la Cuyamel Fruit Company, como pueden informarle al Lic. Muñoz Mr. Turnbull y todos mis compañeros de trabajo en aquella empresa. Sostuve entonces, como sostengo ahora, que estos países tienen pleno derecho al uso de su poder autónomo en materia tributaria y que debe ayudárseles en ese sentido siempre que no se trate de matar las industrias y de que el producto de los tributos sirva para promover el bienestar del pueblo y no para engrosar las entrañas de la pandilla de ladrones y venales que han sido los del mayor provecho hasta ahora”.

“Al lanzar esa frase debo hacer constar que me refiero a la generalidad y no a las honrosas excepciones que existen, pues en un país pequeño como el nuestro todos nos conocemos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, y todos sabemos quiénes constituyen esas excepciones. Fueron las concesiones de la United el mayor obstáculo que encontré para esa revisión, con la cual yo buscaba al mismo tiempo que la nivelación hacia debajo de todas las concesiones, con ganancia positiva para el país, el afianzamiento de la competencia bananera en Honduras por quedar garantizada la vida de la Cuyamel, sin cuya garantía fatalmente tenía que ocurrir lo que ocurrió y que ha sido una verdadera catástrofe para el país. No obstante el poder enorme del gran monopolio que constituye la United Fruit creo que esa catástrofe puede servir para que, por todos los hondureños aun los que están al servicio de la Compañía, no procuren conseguir la revisión de las concesiones para garantizar los interés [es] de las futuras generaciones hondureñas y de la vida autónoma de la República, que no deben, si las concesiones se basan en la equidad, ser antagónicos con los intereses de aquella empresa.”[3]

En las actas de la municipalidad de San Pedro Sula, después del asesinato, solo una vez se comentó el hecho sangriento, después no se volvió a tocar el asunto (Euraque, 2022). El caso quedó en la completa impunidad. A pesar de los elocuentes elogios fúnebres publicados por la prensa hondureña:

“El Dr. Melara esa sin duda uno de los hondureños de mayor valía, no solo por su talento y su ilustración sino por su honradez y por su carácter. Su muerte tiene que sentirse con mayor intensidad a medida que pase el tiempo y pueda apreciarse la falta que hará a la patria su cerebro esclarecido. El Pueblo lamenta la trágica desaparición del Dr. Melara y presenta su más sentido pésame a todos los miembros de su distinguida familia y en espacial a sus queridos hijos” (El Pueblo, 1931).

Entre sus hijos se encontraba, aún muy niño Pompeyo Melara quien defendiendo a su difunto y malogrado padre responderá, especialmente desde la prensa la falsedad de la carta firmada por Rolston en 1920. Hay que recordar que Rolston era vicepresidente de la Cuyamel Fruit Company. Y dado el tono de la carta es imposible fuera firmada por este.

Aquí es donde Dario Eurque, haciendo uso de una considerable documentación y análisis histórico estudia el posicionamiento de Pompeyo Melara y correspondiendo al lenguaje de la época y la estructura como el contenido, parece ser imposible que tales palabras salieran del remitente. Quién era ya un delicado funcionario de Zamurray y con experiencia en los negocios del banano en la Costa Norte. Además, nunca se ha sabido del original. Y si fue escrito en inglés, lenguaje interno de la compañía frutera.

Pero aquí es donde inicia la historia de la Carta Rolston. Para el momento de la muerte de Melara se desconocía por completo. Y no es sino hasta la publicación de Vanguardia, el órgano panfletario del Partido Democrático Revolucionario Hondureño que salió a la luz. Ha sido reproducía incontables veces. Hasta Medardo Mejia tengo la impresión creyó ciegamente en esta. Hay indicios de que Pompeyo Melara publicara ya en la década de 1960’s. Fue corresponsal de El Día en San Pedro Sula. Y comentarista deportivo[4]. Aunque su trabajo periodístico sobresalió más en la década de 1970´s. tenemos indicios de que era un hábil narrador. En 1975 publicó interesantes apreciaciones sobre Honduras. Pretendió producir una caracterización del hondureño. Ver notas al final de la bibliografía.  

En 1975 el periodista Gregorio Selser de la Inter Press Service publicó en Buenos Aires, publicó en la Argentina la “Historia del documento Rolston”, en donde reprodujo la ya famosa carta firmada en 1920. Me parece que no añade nada al asunto más que referirse a como Vanguardia de San Pedro Sula la extrajo supuestamente de los archivos de la United Fruit Company en los acontecimientos de julio de 1944 en San Pedro Sula. Este periodista careció de muchos datos. Hay muchas contradicciones en su artículo. Se contradice porque en el mismo comenta que fue sustraída de la casa de Luis Melara y de las oficinas de la compañía en la misma ciudad, incurriendo en una indudable confusión. Como el artículo lo reprodujo el 26 de abril de 1975 en diario Tiempo de San Pedro Sula -así como muchos diarios en América del Sur como “El Pueblo y sus Informes de Colombia” (Tiempo, 1975)- Pompeyo Melara no se hizo esperar publicando su réplica. Empezando así la batalla de historia familiar más sobresaliente de su familia y de su vida, en defensa de su difunto padre.

Pompeyo Melara nació en 1924 en San Pedro Sula. Naturalmente estaba muy pequeño cuando asesinaron a su padre en 1931. Fue un hombre interesado en asuntos de la historia y el honor de su familia. Menciona Euraque (2022) que él había adquirido el archivo de Rafael López Padilla, quizá motivado en busca de alguna pista sobre el asunto de Rolston. En réplica al periodista de la Inter Press Gregorio Selser Pompeyo Melara, enviaría a diario Tiempo un artículo donde hablaba de la carta y donde expresa sus en miras a “cooperar en el esclarecimiento de la verdad” añadiendo que la carta era apócrifa.

Cuando Vanguardia publicó la carta a expensas de su director Antonio Madrid h., Pompeyo Melara fue a las oficinas de la compañía en La Lima. Su posición en defensa de su familia incluso llevó a los tribunales de justicia al director de Vanguardia. Donde se replicó la naturaleza apócrifa de la carta. Parece ser que en un momento la publicación llamó la atención de la compañía Frutera en La Lima. Melara comenta que fueron varias la veces que llego a estas oficinas en miras a obtener información. Por su extensión solo trascribimos los que sigue:

“Por los días en que se publicó la carta Rolston en la “Vanguardia revolucionaria” del PDRH, acudí a la gerencia de la Tela Railroad Company en busca de datos e informaciones. El gerente de la empresa por aquel entonces, un señor de apellido Aycock, me manifestó que el señor Miguel Cubero -el mismo que menciona Javier Marquez[5]- había llevado a la gerencia una copia de la carta, exigiendo por el original la cantidad de cinco mil lempiras. Me dijo que él, ósea el señor Aycock, le había dicho al señor Cubero que mostrara el original para cotejar la firma con documentos de la gerencia. El señor Cubero, según mi informante, nada prometió. En esa misma oportunidad le hice ver al señor Aycock que si para los fines que la Tela perseguía daba lo mismo una copia fotográfica de la carta, yo estaba dispuesto a buscar al señor Cubero para convencerlo de que se sacara un duplicado fotográfico, a lo cual el señor Aycock me manifestó que toda vez que la firma saliera con claridad, ellos (los de la gerencia) tendrían una base para juzgar la autenticidad del documento. Hay un testigo de mi entrevista con el señor Aycock y vive en Puerto Cortés.” 

(CONTINUARÁ)

NOTAS

[1] Más que acta de defunción es un registro de defunción. Está fechado el mismo día de su muerte donde también se consigna que era viudo y que tenía 47 años. Ver acta en familysearch.org

[2] El Pueblo. (1931, 20 de abril). Arreglo entre la municipalidad de San Pedro y la Empresa Eléctrica. Vol. I (40), p. 4.

[3] El Pueblo. (1931, 20 de abril). Declaraciones del Dr. Luis Melara. Fue partidario de hacer la revisión de las concesiones… Vol. I (40), p. 1.

[4] Son interesantes sus notas en el contexto del partido de fútbol entre El Salvador y Honduras en 1969, preámbulo de lo que posteriormente se calificó como antecedente de la Guerra entre estos países de América Central. Melara, P. (1969, 25 de junio). El partido de fútbol y las relaciones económicas. La Prensa, primera plana. En Pérez Pineda, C. (2014). El conflicto Honduras–El Salvador, julio de 1969. Instituto Diplomático Manuel María de Peralta. pp. 115–116. San José, Costa Rica.

[5] Javier Marquez era un editor de Vanguardia Revolucionaria pero en el contexto de la década de 1970’s. En 1974 la carta volvió a aparecer en uno de sus números con comentarios firmados por Javier Marquez. Pompeyo también había replicado con este mismo texto que citamos y que había enviado a Vanguardia para su publicación que no fue tomada en cuenta. Hasta que de nuevo cuando fue publicada por el periodista de Inter Press enviado de nuevo este texto y fue publicado en Tiempo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Contracorriente: ¡MEL NO ENTREGARA EL PODER!

Contracorriente: ¿QUIEN DIJO QUE SERIA FACIL DERROTAR A MEL?

Contracorriente: OTRO CONGRESO, ¡POR FAVOR!