LA CARTA ROLSTON Y LUIS MELARA: UNA REVISION DE FUENTES PARA LA HISTORIA (II)
Anales Históricos
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(Segunda Parte)
A: Juan Ramón Martínez
Por Miguel Rodríguez A.
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El relato de Pompeyo continúa. Buscó a Miguel Cubero pero no llegó a nada. Le dijo este que una señora en Puerto Cortés tenía la carta original en su posesión y era “quien cuidaba el documento como si se trata de algo de extraordinario valor, pues le habían metido en la cabeza que los “gringos” podían aflojar muchísimo dinero por el documento…” Continúa Pompeyo:
“De nuevo fui a la Lima… la Tela ya no tenía el menor interés por la carta, porque investigando en los Estados Unidos se había podido comprobar que casi tres meses antes del 20 de julio de 1920, fecha del documento Rolston, el señor Sam Caruthers -a quien en la carta se hacía aparecer en Honduras- se hallaba en los Estados Unidos de donde no vino sino a fines de año. Rolston, quien se encontraba en Honduras el 20 de julio de 1920, tenía que saber forzosamente que en -ilegible- Caruthers se encontraba en -ilegible- porque este último era subalterno suyo y por lo tanto, no -ilegible- a redactar una carta designando portador de un mensaje escrito dirigido a San Pedro Sula, desde Puerto Cortés, a una persona que se hallaba a tres mil kilómetros de Honduras. Con esto, pues, se probaba que la carta era apócrifa...”
La compañía proveyó de documentos que probaban tal planteamiento, cuales fueron entregados a Pompeyo Melara:
“Precisamente fundándome en tales documentos acusé criminalmente al licenciado Antonio Madrid h., a sabiendas de que la carta que había publicado en “Vanguardia”, que él dirigía, era a todas luces falsa. El Lic. Madrid puso pies en polvorosa. Sin embargo, en las actuaciones judiciales que se siguieron aquí en San Pero Sula, el señor Cubero declaró lo mismo que me dijo a mí, y no como dice Javier Márquez, que no era tonto, iba a cometer la estupidez de declarar que él se había introducido en altas horas de la noche en casa del licenciado Melara para robar, ya fuera testimoniando ante un juzgado o simplemente ante un particular.
Por supuesto que se puede argüir que la Tela, haciendo uso de sus millones, ordenó de inmediato una fidelísima falsificación de la firma de Caruthers, para lo cual se puede haber contado con la aprobación del gobierno yanqui. Lo que no se puede negar, porque todavía hay testigos vivos, es que la oficina de Rolston estaba separada de la del Lic. Melara por una pared de madera, que ambos se miraban con mucha frecuencia, ya que el Lic. Melara viajaba por lo menos dos veces por semana a Puerto Cortés, por lo cual no encaja dentro de la lógica que aquel dirigiera una carta a este. H. V. Rolston hablaba mal el castellano, y lo escribía peor, así que no estaba en capacidad de redactar un documento como el que se le atribuye. El licenciado Melara no hablaba ni escribía el inglés, muy a pesar de que hizo varios viajes a Estados Unidos. Rolston fue un BUSSINES MAN o un MANAGER, pero nunca un intelectual preocupado por cuestiones ideológicas. A este gringo lo único que le preocupo fue el NETPROFIT; y en la práctica ocurrió al revés: en lugar de pergeñar BORDEREAUX dirigidos al licenciado Melara insinuándole la adopción de determinada línea política, con gran frecuencia le pedía consejo sobre problemas legales, sociales, etc. Que la implantación del enclave bananero llevaba aparejados. De suerte que la línea política de la Empresa la fijaba el licenciado Melara y de manera casi indefectible esa línea tendía a embrutecer a los hondureños, pero no porque el señor Melara así lo propusiera, sino porque su trabajo de abogado se encaminaba a propiciar la ampliación operacional de la Compañía, de afianzar su basamento económico, apartando cualquier posible escollo jurídico. Y es bien sabido que la mentalidad servil hunde sus raíces en el terreno de las relaciones económicas feudales, así como la mentalidad propia del esclavo proviene de las relaciones de producción esclavistas. Por el mismo camino puede explicarse la mentalidad opacada y embrutecida de los neo colonizados por las transnacionales.
Javier Márquez afirma que el nunca vio el original de la Carta Rolston. Y agrega que quien si la vio fue el licenciado Antonio Madrid h. Yo he interrogado al Lic. Madrid y él me ha manifestado que no puede afirmar categóricamente que la firma que vio era de Rolston.
Los verdaderos revolucionarios no tienen necesidad de levantar infundios para probar la sujeción a leyes de sus presupuestos científicos. Afirmar que las compañías bananeras nos idiotizan por medio de un plan Rolston, lleva a perder de vista el hecho incuestionable, innegable, de que es la explotación económica de los grandes monopolios foráneos uno de los grandes pilares en que descansa nuestra ignorancia, nuestro atraso y el envilecimiento generalizado de la población. Atentamente. Pompeyo Melara.
P. S. Dice Gregorio Selser, refiriéndose a la carta Rolston: “Si la hubiera amañado algún izquierdista para denostar al malhadado capitalismo, no habría estado mejor escrita”. Y digo yo: No será que efectivamente la escribió algún izquierdista? No se me escapa que la carta Rolston puede correr el mismo destino que los famosos “protocolos de los Sabios de Sión”, que aunque se probó que fueron redactados por orden de la policía zarista, todavía hay ignorantes que creen a pie juntillas en su autenticidad.”
La defensa que hace Pompeyo me parece que se inclina más a la defensa de su familia y relativamente el punto sobre la verdad histórica de los hechos. Naturalmente como hijo de un difunto profanado por cuanta persona leyeron la carta en el siglo XX e incluso hoy en pleno curso del siglo XXI, defendida por una izquierda totalitaria. A pesar de la percepción de la carta. Pompeyo siguió su réplica y defendió hasta su muerte (2003) su planteamiento de la falsedad de dicha carta. En 1996 en una entrevista realizada por Diana Salazar y publicada planteaba que “La Carta Rolston es un mito” (El Nuevo Día, 1 mayo 1996, 10-A;).
A mediados de 1975 después del soborno bananero conocido como Bananagate, Pompeyo volvió a hablar sobre la carta. Fue el escándalo ampliamente reproducido en la prensa. Un profesor de Tela, Nicolas Urbina se remitió a la carta Rolston e relación al escándalo de soborno . Sin embargo, Melara y su posición correspondía relativamente con Antonio Madrid en el que las empresas fruteras subyugaban la economía de Honduras. Comentó que se volvió a encontrar a Antonio Madrid h., en el que este último le expreso que la carta era autentica, basada no en hechos reales sino en expresiones aprioristas del hondureño. Es decir en el imaginario nacional y el papel que han jugado las compañías Fruteras en el sentido de su intervención en la vida y pérdida de la soberanía nacional .
Aunque no es sino hasta ahora que se ha dilucidado un tanto el asunto con las investigaciones históricas del Dr. Dario Euraque. En su obra biográfica sobre Rafael López Padilla, el autor empieza a estudiar las relaciones entre Rolston -hijo de Hillyer Vaughan muerto en 1937 . Mismo que le dejaría considerables propiedades en Puerto Cortés al Rolston de la carta- Euraque estudia a Luis Melara en relación con su biografiado, López Padilla con quienes compartían amistad y vecindad. Euraque si bien comenta la carta como infame defiende la posición de Pompeyo a calificarla como ficticia (Euraque, 2025, 67). Pero no será sino hasta el segundo tomo de esta biografía que dedicará especial a este documento de la historia de Honduras.
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
Vanguardia. (1949, 20 de octubre). Número 182. San Pedro Sula.
Medardo Mejía. (1969). La Carta Rolston. Ariel, año XI (14), p. 13.
Laínez, V., & Meza, V. (1973). El enclave bananero en Honduras. Nueva Sociedad, (6), 21–43.
El Comercio. (1923, 30 de mayo). Año XV (núm. 557), p. 1.
/ “No fueron palabras, pero si, obras. El señor licenciado don Luis Melara entregó al señor Alcalde don Salomón G. Cuadra el documento que a continuación publicamos. Puerto Cortés, abril 26 de 1923 Por la presente se certifica que ha sido depositada en la Auditoria de esta Compañía el señor Samuel Zemurray la suma de % 15.000.00 oro a favor de la Honorable Corporación Municipal de San Pedro Sula.”
Euraque, D. A. (2022). Un hondureño ante la modernidad de su país: Rafael López Padilla (1875–1963). Tegucigalpa: Editorial Guaymuras.
/ Ver paginas 116-121. El autor continuara su dialogo sobre la ficticia carta Rolston en el segundo tomo de esta biografía. CARPETA 10
El Pueblo. (1931, 18 de abril). Más de mil personas en el entierro del doctor Luis Melara. Vol. I(39), p. 1.
/ Ver CARPETA 9
Bobadilla, P. (1936). Monografía geográfica e histórica de San Pedro Sula. IV centenario de su fundación. San Pedro Sula: Talleres de la Compañía Editora de Honduras.
/ Ver CARPETA 11
El Pueblo. (1931, 16 de abril). Ayer por la tarde murió a balazos don Luis Melara. Vol. I(37), p. 1.
/ Dice otra luctuosa en la misma plana: "En estos momentos frente a las Oficinas del Telégrafo y Teléfonos Nacionales, después de acalorada discusión en el Cabildo Municipal, donde discutíase el asunto de la luz, el regidor José María Zepeda descargo 6 tiros en la persona del Lic. Luis Melara, quien falleció instantáneamente. Pueblo consternado ante trágico fin de uno de los más ilustres hijos del foro hondureño. Nuestro Criterio." CARPETA 9
El Pueblo. (1931, 20 de abril). Arreglo entre la municipalidad de San Pedro y la Empresa Eléctrica. Vol. I(40), p. 4.
El Pueblo. (1931, 20 de abril). Declaraciones del Dr. Luis Melara. Fue partidario de hacer la revisión de las concesiones… Vol. I(40), p. 1.
/ CARPETA 8
La Gaceta. (1914, 23 de mayo). [Se aprueba una contrata]. Año XXXVIX(4305), pp. 433–434.
/ En La Gaceta abunda su firma en diversos espacios. Años antes según la sección de “Avisos”. Luis Melara ya hacia 1913 era Juez de letras y Notario Público. Este aviso corresponde su firma en la venta de una propiedad del señor Francisco Brocato al señor Cobos A. en Puerto Cortés, en el lugar de la Chivana, jurisdicción municipal de Omoa, cultivada de bananos. La Gaceta. (1913, 26 de julio). Avisos. Año XXXVII(4182), p. 606. CARPETA 6
Diario Comercial. (1938, 26 de agosto). Aviso. Año VI(1721).
Tiempo. (1975, 13 de mayo). Pompeyo Melara habla sobre la carta Rolston… Año IV(1255), pp. 14–15.
/ Carpeta 1
Tiempo. (1975, 20 de junio). El apriorismo y la carta Rolston. Tiempo, Año IV(1288), pp. 6 y 26.
/ “El sábado 17 de mayo charlé brevemente con el licenciado Antonio Madrid h., en horas de la mañana, en la tercera calle, frente al almacén comercial Marinakis. Me manifestó que “no puso pies en polvorosa” cuando le procesé judicialmente por la publicación de la Carta Rolston; que una enfermedad de su señora madre le obligó a salir intempestivamente de San Pedro Sula cuando el juicio se iniciaba…” CARPETA 3
Euraque, D. A. (2025). Capítulo 2: Orígenes y evolución de la relación entre Policarpo Bonilla y Samuel Zemurray ante la guerra civil de 1924 en Honduras. En Y. Martínez (Ed.), La guerra civil de 1924 en Honduras. Editorial Sedesol.
Defunción Luis Melara 16 de abril de 1931. "Honduras, Registro Civil, 1841-1968", FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:X79J-SFC8 : Wed Dec 17 04:39:03 UTC 2025), Entry for Luis Melara and Toribio Melara, 16 de abril de 1931. CARPETA 7
Selser, G. (1975, 26 de abril). Historia del “Documento Rolston”. Tiempo, Año V(1241), pp. 15 y 24.
/ Carpeta 2
Urbina, N. (1975, 13 de junio). Breve historia de la industria bananera en el puerto de Tela. Tiempo, Año IV(1282), p. 22.
/ “Breve historia de la industria bananera en el puerto de Tela. Por el profesor Nicolas Urbina, una de las personas más queridas y respetadas de Tela…” CARPETA 5
Melara, P. (1975, 12 de agosto). A Honduras, nosotros tenemos que hacerla. Parte I. Tiempo, Año IV(1424), p. 7.
/ “A Honduras, nosotros tenemos que hacerla. I. De donde viene cierta tendencia a la vagancia del espíritu que, a la hora de señalar los aspectos más sobresalientes de una caracterología del hondureño, en tanto pueblo, figura como dato siempre a mano, constante e invariable; como línea siempre tendida a todo lo largo de la personalidad popular? Por qué, si hemos martillado mil veces en la suela no hemos dado, una sola vez, en el clavo? Es el hondureño, que duda puede caber, un pueblo saturado hasta en los pliegues y repliegues más recónditos de su conciencia, de una espesa carga negativa; un conglomerado que, en el transcurso de su proceso histórico, no ha podido afirmarse así mismo; una colectividad que nunca ha tenido la coherencia y la fuerza unitaria que solo pueden dar la práctica permanente de propósitos y tareas comunes…” CARPETA 4 A
Melara, P. (1975, 13 de agosto). A Honduras, nosotros tenemos que hacerla. Parte II. Tiempo, Año IV(1425), pp. 7 y 17.
/ “A Honduras, nosotros tenemos que hacerla. II. En esta forma se cierra el ciclo de la fundamentalidad vital negada a un pueblo. En el primero de los casos, el político, se les dice a los hondureños, en general: “Sois, definitivamente, incapaces para los negocios públicos”. En el segundo, el económico, se les gana de manera permanente al rostro, este insulto: “Sois los más perfectos brutos de este planeta; y los más haraganes. Debéis aceptarlo de la manera más resignada, porque para pendejos vosotros los hondureños no tenéis rival”. Y estos dos NOES gigantes, que por fuerza tienen que copar el horizonte intelectual de muchísimos compatriotas, son la piedra de toque para la generación de miles y miles de noes más pequeños que, de las formas y colores más variados o diversos, acechan al habitante típico de este país, le frustran en sus mejores propósitos de desarrollo y le convierten la vida en un constante sentimiento de angustia, de humillación…” CARPETA 4 A
Melara, P. (1975, 3 de noviembre). Honduras, ¡ay! Honduras, honduras. Tiempo, Año V(1494), p. 6.
/ “Honduras, ¡AY! Honduras, honduras. Me cuenta mi alto, grande y fino amigo Adolfo “Fito” Raquel Izaguirre, que allá por el año de 1928, cuando recién comenzaba estudios en la “Commercial and Preparatory School”, situada entre la quinta Avenida y ciento quince Calle de Nueva York, Estados Unidos de América, era frecuente objeto de burlas y puayas? por el nombre de su país de origen. “Bueno, Raquel”, recuerda él que solían decirle sus condiscípulos latinoamericanos, con el ánimo harto preparado para la chanza, “y como va ese nombre tan raro de tu país? Dínoslo hombre”. Y un silencio expectante seguía a la pregunta…” CARPETA 4 B
Melara, P. (1975, 4 de noviembre). Honduras, ¡ay! Honduras, honduras. II. Tiempo, Año V(1495), pp. 6 y 25.
/ “Honduras, ¡AY! Honduras, honduras. II. esto quiere decir, en buen romance, que las palabras “Honduras”, tanto si se analiza desde la perspectiva de la lingüística estructural como de la tradicional, no puede ser desligada de su concepto, de sus significativos. Debe tenerse en cuenta que la lengua castellana se ha formado a través de un largo proceso histórico signado por grandes vicisitudes semánticas, hasta que el mismo paso del tiempo ha producido su estructura actual; y que ese proceso se ha desarrollado con la intervención directa de millones de personas. Por tanto, no puede figurar entre las posibilidades de una masa ciudadana como la hondureña, que no pasa de los tres millones y no ha dado grandes aportes a la cultura universal, cambiar el sentido generalmente aceptado de una palabra. Algo que, por otra parte, implicaría una labor muy parecida a echarse el mundo a cuestas o a caminar siempre contra la corriente; labor que, por añadidura, resulta innecesaria, porque existe solución para el problema. Honduras, gustemos o no a quienes nos hallamos ligados con este país por razones de patriotismo, significa hondonadas, hoyos, y pozos, aunque no precisamente de malacate…” CARPETA 4 B
Melara, P. (1975, 5 de noviembre). Honduras, ¡ay! Honduras, honduras. III [si corresponde]. Tiempo, Año V(1496), pp. 6 y 25.
/ “Honduras, ¡AY! Honduras, honduras. III. He aquí algunas opciones, tan caras a los lingüistas adheridos a la corriente estructural, derivadas de la confrontación de las palabras “alturas - Honduras”, aunque como se verá, no podrá encontrarse en ellas la menos contraposición fonológica: de pie, erguido, despierto, con la frente alzada, los ojos muy abiertos y la mirada dirigida al cielo, arriba; con los pies asentados en lo más alto de la cúspide, acostado, de bruces, agazapado, dormido como un leño, con los ojos cerrados, sin visión, ciego, con los pies pendientes del vacío, y allá en lo más bajo, en el fondo de la sima. Con las alas desplegadas, abiertas y listas para emprender el vuelo, libre y suelto como el viento, vivo dichosamente vivo-plegado, sobre el suelo y junto a una fosa, amarrado, prisionero en la cárcel definitiva de la muerte, en un ataúd con la tapa ya clavada y con todo preparado para echar al féretro la tierra encima…” CARPETA 4 B
Barcelona, España, 27 de enero de 2026.

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