Los nuestros: RAMÓN OQUELÍ, HISTORIADOR Y GRAN MAESTRO DEL SIGLO XX
Juan
Ramón Martínez
Ramón Oquelí Garay, nació en Tegucigalpa el 10 de julio de 1934. Concluidos sus estudios secundarios en el Instituto Central de Tegucigalpa, viajo a Madrid, España, donde realizo estudios de Derecho en la Universidad Complutense. Al regresar a Honduras fue nombrado Juez de Letras de Comayagua. La práctica del derecho y el ejercicio de impartir justicia, en un país complicado como Honduras, no le vino bien a Ramón Oqueli. Prefirió la enseñanza universitaria a la que consagro su vida. Desde aquí, cultivo su pasión: la historia, convirtiéndose por su dedicación, las metodologías usadas y la visión del relato histórico, en el gran historiador de Honduras, sucesor de Vallejo, Martínez López, Medardo Mejía, Rafael Heliodoro Valle, Víctor Cáceres Lara, Gustavo Castañeda Batres y otros. Divulgo en Honduras la filosofía de José Ortega y Gassett, del que fue discípulo. Evito la influencia de la sociología positivista sobre la historia, la que más bien ilumino con las luces de la filosofía. Enseño que la historia humana no puede someterse a guías e incluso conducirla, orientarla como si las sociedades humanas fueran festivales de muñecos. Más bien creo una escuela histórica en Honduras en que acepto los hechos, los sometió a examen; y puso los procesos históricos del país en manos de los actores y sus circunstancias. Distante del mecanicismo marxista – aunque las ideas de Marx, en el plano económico le resultaron familiares y las considero oportunas para explicar el desarrollo del capitalismo y los movimientos laboristas mundiales – no creyó en el materialismo histórico; y, más bien, se inclinó por la historia como una ruta hacia la libertad. La enseñanza y la investigación histórica, la búsqueda de documentos y la animación de las personas con vocación hacia la investigación y el análisis histórico y político, fueron sus grandes pasiones. Y en las que aporto sus más valiosas contribuciones a Honduras. Sus publicaciones, constituyen por su variedad, número y profundidad posiblemente la mayor incursión de un hondureño en la tibias entrañas de Honduras en la mitad del siglo XX. Por ello, le dio continuidad al trabajo de Mariñas Otero, estudio varios gobiernos del siglo XIX, con metodologías basadas en la atención de lo cotidiano, en el registro de la nota periodística y en el informe público; e hizo de José Cecilio del Valle, el centro de sus preocupaciones e investigaciones, convirtiéndole en la piedra angular de la investigación científica hondureña.. Su “Antología de Valle” no tiene parangón. Pero además Ramón Oquelí incursiono en el análisis político, escribiendo editoriales para diarios hondureños, donde puso en alto su capacidad para entender el fulgor de lo momentáneo, tratando de encontrar vinculaciones, distanciamientos e identificando líneas del proceso histórico nacional. Formo la penúltima generación de historiadores y analistas políticos del país y desde la catedra divulgó, todo lo que le llamaba la atención y que creía que debía ser objeto de la atención de los hondureños. Fue posiblemente el único historiador que entendió que Honduras no era una isla, por lo que algunas de sus investigaciones las vínculo con el tiempo histórico “exterior” y con la preocupación de los líderes de otras sociedades. Volvió contemporáneos los hechos históricos nacionales. Por ello, las lecturas de Oquelí, no se frenan en la escasa velocidad de los hechos del pasado, sino que mas bien, tienen velocidad en la dinámicas mundiales señalando las influencias que los hondureños recibieron, los momentos en que los atendieron y le dieron seguimiento; o los otros momentos, en que le dieron la espalda al mundo y el país se encerró a sí mismo. No hizo moral. Enseño los hechos y busco que al rodearlos los hondureños pudieran encontrar motivaciones para la acción. Animo a la juventud y estimulo a los que descubrió que tenían talento para que se consagraran a sus tareas. Compartió documentos y ánimo tertulias para encontrar salida a algunas encrucijadas de la historia nacional.
Aunque
asumió claras posturas políticas en favor del cambio de las cosas en Honduras,
jamás acepto cargos, posiciones o premios. La excepción fue el Premio de la
Embajada de España por sus compromisos con el país donde había hecho sus
estudios universitarios. No acepto ningún otro premio nacional en una muestra
de humildad y entrega al estudio que no se repite.
Falleció
en Tegucigalpa el 18 de agosto de 2004. Tenía 70 años de edad. Ya había muerto
su esposa Rina Turcios, con la cual procreo a Álvaro, Pablo y Dolores. Sus restos
mortales descansan en un cementerio privado en la ciudad de Tegucigalpa. Un
poeta hondureño, diez años después de su muerte publico unos versos que
explican los sentimientos que provoco Ramón Oquelí sobre las vidas de las
generaciones coetáneas: “ Y ahora que
hago yo solo/ en esta habitación, aquí donde/ lo inesperado y las rosas/
mezclan sus facultades”( José Adán Castelar, “Continuo tránsito”: Homenaje
a Ramón Oqueli, Editorial Universitaria, 2014) . Oqueli, nos habría respondido,
apurado y sudoroso, con un manojo de papeles antiguos bajo el brazo, caminado—a
las cuatro de la tarde-- hacia su catedra en la UNAH: ¡Pónganse de pie¡ y caminen, indagando y respondiendo a las preguntas de
la vida. Porque Oquelí fue, sin duda alguna, el gran maestro del siglo XX. Nuestro maestro inolvidable.
Tegucigalpa
7 de agosto de 2026.

Comentarios
Publicar un comentario