Contracorriente: DESDE ADENTRO

Juan Ramón Martínez

McAllen, Texas. Quien llega a los Estados Unidos –aunque venga desde las “orillas” como es mi caso– no tiene una vista fácil de esta sociedad. Es muy compleja. El país es enorme. La población muy grande. Y su institucionalidad, pese al deterioro de los últimos años, sigue siendo modelo de la concepción liberal y del capitalismo occidental. 

No hay que olvidar que la Constitución de Estados Unidos no se emitió para delinear la organización del estado; o para determinar sus funciones como servidor de las necesidades de los ciudadanos, sino para protegerlo de los excesos del gobierno cuando atentara en contra de su libertad. Puede percibir lo físico, su movimiento económico, su vida cultural; pero la relación entre los ciudadanos y el gobierno, es más difícil de verificar. Las apariencias pueden inducir al error. No hay un espacio vacío dejado por el gobierno. Esta allí; pero sin dominar. O hacer ruido. Tampoco se impone en contra de los ciudadanos. La libertad es más importante porque sirve al ciudadano. No los gobernantes, aunque algunos de aquí y de allá no lo crean.

Repitamos no es que el Estado este ausente. Es la forma como opera, la actitud del ciudadano; y su independencia frente al gobierno lo que llama la atención. El sistema es diferente. Por ello es obligatorio hacer comparaciones. 

En Honduras la figura central es el gobierno, el gobernante y los políticos. Aunque se diga que el pueblo ha creado al gobierno para satisfacer sus necesidades, ahora el gobierno es la figura dominante. Es el más grande empleador, el objeto de la disputa y al que se le atribuyen todas las esperanzas y posibilidades. Los ideólogos políticos lo colocan en el centro de la vida social, de forma que, aunque el discurso sea contrario, en realidad estamos pendientes no para que nos sirva, sino para ratificar nuestra voluntad de rendirle méritos, porque lo consideramos superior. Los intelectuales han elevado lo público al mismo nivel de lo patriótico. En la celebración de la independencia, las dudas no son si lo somos; sino si el gobierno lo es con respecto a los Estados Unidos. Nadie le da importancia a la independencia ciudadana con respecto al gobierno. Olvidándose que para que haya democracia hay que controlar al gobierno y ponerlo al servicio del ciudadano. Lo que requiere que los ciudadanos sean independientes y desde la distancia vigilan y lo controlen. 

Este concepto de control no existe entre nosotros. En Estados Unidos, tienen claro que el ciudadano es superior al gobierno; que Trump es poderoso e influyente; pero limitado. Y que el sistema -pese a los ataques- se defiende. Porque está llamado a sobrevivir en vista que es el precio de la libertad.

Y aquí lo policial es lo más evidente. Pero con discreción. El aparato policial no está para desalentar a los ciudadanos, sino que para protegerlos; y por ello, tiene una vigilancia superior a la nuestra, sobre las conductas irregulares o ilegales. Aquí es más eficiente la policía. Detiene a más infractores de la ley y el edificio más importante de esta ciudad de no más de 300.000 habitantes, ubicada en el sur más pobre del país, en la zona de menores ingresos de la sociedad estadounidense, es precisamente el edificio más importante en donde están las cortes o los juzgados como decimos en Honduras. Aquí hay más ciudadanos procesados y juzgados que en Honduras. Allá nunca tenemos información de casi nada.      

Me llama además la atención porque en los Estados Unidos hay menos vías férreas de alta velocidad que en el resto del mundo. Me explican: lo que ha prevalecido son las carreteras. Se acomodan mejor al concepto de libertad ciudadana. Me sorprende la respuesta. “Con el ferrocarril el gobierno establece los horarios, determina las rutas. Con las carreteras cada quien se va para donde quiera, en la hora que quiera y por donde quiera”. Nunca lo había pensado. Me queda claro que el gobierno chino no está al lado de la libertad, porque es el que tiene más kilómetros de alta velocidad en el mundo. España es la excepción. Tiene una sociedad democrática, con una monarquía constitucional y el ciudadano entonces reserva su poder. “Pero los ferrocarriles los construyo la dictadura de Franco” me recuerdan.  

Y al final, descubro lo que otros nos han dicho. “Aquí se pagan menos impuestos que en Honduras”. “Un ciudadano le paga a la ciudad mil dólares; y recibe en servicios más de mil dólares”. Esto en Honduras es imposible, tanto por ineficiencia como por la corrupción. Pagamos más y recibimos menos. Duro reconocerlo. Pura ineficiencia.

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