Contracorriente: EL ODIO A LOS INMIGRANTES
Juan Ramón Martínez
Parodiando a Karl Max, podemos escribir: “un fantasma recorre al mundo, el odio a los inmigrantes”. El odio a los extraños forma parte de la conducta “reptiliana” del cerebro humano. El diferente, el desconocido siempre se ha visto una amenaza por neutralizar, rechazar, combatir; o matar. En nuestro tiempo el rechazo a la migración está cargado ideológicamente: la “derecha” la ha convertido en el centro de una campaña electoral – defensiva-- en donde la preservación integral de la nación, la defensa de la raza, la protección de los sistemas electorales y la integridad de las fronteras, son “ejes” patrióticos.
Casi nunca los inmigrantes han sido bien recibidos. Excepto por parte de sus paisanos; o por almas compasivas. El fenómeno es tan antiguo como la vida humana. Hay ejemplos de nobleza junto a vergonzantes acciones que deshonran al género humano. En la cultura religiosa occidental destaca la huida de José, el obrero de la carpintería que emigra con su esposa y su hijo Jesús para evitar el odio de Herodes que quiere matar a todos los niños –y entre ellos al niño– que le han dicho que ha nacido “Rey”. Y que lo despojara del trono.
La historia de occidente reboza de relatos de persecución y expulsión de las poblaciones enemigas. Hitler hasta ahora tenía el dudoso honor de ser uno de los gobernantes que en forma deliberada monto la “operación final” para expulsar a los judíos. Estos se volvieron emigrantes y se instalaron en muchos países del mundo. Incluso Honduras tiene el honor de haber contribuido con el esfuerzo movilizador y de haber recibido algunos que llegaron e hicieron fortuna gracias a su dedicación al trabajo, sus virtudes éticas y austera dedicación al logro de sus fines.
Pero no siempre los inmigrantes fueron mal recibidos. Estados Unidos es el país que descubrió que la inmigración podía ser una de las fuentes originarias para convertirse en una gran nación. Por ello en la Isla Ellis, se alza una Estatua de la Libertad que durante muchos años recibió millares de hombres y mujeres que siendo rechazados en sus países de origen o de residencia se convirtieron en la fuente y el origen de su extraordinario desarrollo, dentro de un esquema de libertad religiosa, económica y política.
Estados Unidos es la nación que más se ha enriquecido con la emigración. Sus universidades fueron donde los mejores buscaron descubrir la verdad y enriquecer el conocimiento. La mayoría de los premios nobel del mundo son emigrantes o hijos de emigrantes. Cuando escogieron una lengua, eligieron entre el alemán y el inglés. Por poco se impuso este último. Pero se construyó siempre una sociedad basada en la diferenciación y el aislamiento construyendo el “gueto” como forma de vida social. Fue siempre un país de diferentes que se aceptaban; pero que se sabían como tales.
Las guerras europeas provocaron la más elevada movilización de población de la historia. Detrás de todos los conflictos hubo muertos en los campos de batallas y emigrantes que huyeron del conflicto para evitar la muerte. Y en estas guerras -- no hay que olvidarlo porque no somos la excepción--, todos han pecado. Hermano contra el hermano. Durante las guerras civiles los perdedores huyeron a El Salvador, Nicaragua, Guatemala o Costa Rica. Y en 1969, hicimos como nación lo peor: expulsamos ingratamente a los salvadoreños que tenían años de vivir pacíficamente entre nosotros, por falsas razones patrioticas. Para afectar a los militares salvadoreños, castigamos injustamente a los civiles salvadoreños. Ese pecado hay que tenerlo presente parta evitar el riesgo de convertirnos en el ridículo de los que saben que somos--como todas las sociedades-- también en algún momento enemigos de los emigrantes.
Pero ahora, además del odio natural al extraño, el rechazo al emigrante tiene una base política e ideológica. Trump ha hecho del rechazo una exitosa estrategia electoral. Millones de estadounidenses le han votado respaldándole sus dos éxitos, pasando por alto consideraciones elementales e incluso sin respetar valores morales y más bien rechazando a los emigrantes pobres algunos ilegalmente establecidos, produciendo acciones dolorosas en conductas injustas contra los ilegales por el ICE.
Marruecos usa la emigración como Trump anticipó: como acción contra fuerza invasora. Por ello la derecha española ataca a Pedro Sánchez. Una diputada a viva voz, rechazó las formas como se tratan a los inmigrantes. Primero como “extraños”, después “invasores” y al final como enemigos. Sus palabras dice Pablo Ordaz “sonaron como puños”. Hicieron que todos supieran que estaba ofendiendo a otros humanos, viéndolos como enemigos a exterminar. Desafortunadamente Los “políticos” no siempre escuchan estas voces.

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