Cuento: FUSILES BRUÑIDOS DE ESCARLATA
Ximena Raudales
SEUDÓNIMO: NOCTURNA,
Era una madrugada
de enero, y tras una sórdida pelea con su mujer Crescencia, Eusebio preguntó: ¿Quién
vive? Era común que con vientos de guerra los vecinos del oriente hondureño
protegieran su vida preguntando:” ¿Quién vive? Repreguntó, Eusebio. “Somos Nicas
Señor, por La Purísima déjenos posar en su casa, vera que la compañera mía
está esperando” –“¡Sos de la contra verdad?”.
-“Somos buenas
personas”—
“Hay que tener
temple para venir a molestar a esta hora “agregó Eusebio.
Don Eusebio
suspendió la tranca que aseguraba la pesada puerta de cuatro hojas de madera de
laurel que conectaba al exterior de la casona. . Para ser enero la noche
carecía de estrellas y más bien se dejaba envolver por hedor obscuro y rancio.
-Decime una cosa:
¿Quién te platicó de mí?
-Por ahí en
Ocotal dicen que usted es bueno con los Nicas-contestó Luis el visitante de la
guerrilla que en pocas horas esperaba un muchachito a quién ensenaría las
andanzas del combate, le regalaría su fusil y le contaría como conquistó a una
mujer como Tarcila, si es que Eusebio dejada de enrollarse los bigotes
cavilando entre socorrerlos o mandarlos al Padre Agustín párroco de la Medalla
Milagrosa que así se llamaba la iglesia del pueblo.
-Anda Eusebio-
intervenía Crescencia
-a esa pobre
gente le ha llovido sobre mojado-
-Calla mujer,
calla que por eso te va mal. ¿Decime otra cosa, cuando pare tu mujer? -
-Pues no lo sé
Señor, pero trae un mal sangrado-
- ¡Jesucristo!
exclamó Crescencia abrí esa puerta Eusebio. Y así fue Eusebio los hizo pasar,
Eusebia acomodo a Tarcila que así se llamaba la infeliz madre, en una especie
de diván de cuerina justo al par del estante con la escopeta de Eusebio.
Adelante Señor, quítese las botas voy a atizar el fogón para calentar la leche.
Quédate con ellos Eusebio ordenó Crescencia Cual es el nombre de ustedes pues,
replico Eusebio. Ella es Tarcila mi mujer y yo soy Luis Zeledón.! Ajá!,” mira
no te andes creyendo esas historias que cuentan en este pueblo sobre mí. Yo
tengo corazón de acero, eso sí, tampoco voy a dejar morir esta cipota ,y pues
si vos sabes trabajar y te dejas de cuentos chimbos con eso de la contra acá
pueden acomodarse en el cuarto de atrás”.
Crescencia
regresó con dos jarrillas de barro llenas de pinolillo y en una mantilla pan de
yema. Come mamita que la carita ajilada. Tarcila y Luis intercambiaban miradas
,cuando la jarra de barro empinada a toda prisa les descubría los ojos
,llevaban días que sin probar la última nota a manteca de cerdo y huevo de
amor que deja el pan de yema cuando la levadura es reposada y si era en la
cocina de Crescencia, mejor.Tarcila limpió graciosamente sus dedos en la fatiga
militar ,vestía un pantalón holgado ,acomodado entre las botas militares ,una
fatiga un cinturón con proyectiles, un yatagán y un sombrero de camuflaje ella
por más que quiso no pudo ocultar la gracia de sus caderas, prodigios que el
ojo centinela de Luis vigilaba con más recelo que el fusil. Moribundos pero orgullosos
de Edén Pastora se echaron el rifle a tuto, ya estaban por retirarse
cuando Eusebio interrumpió:
“Momento, el
fusil, el yatagán y todo lo que traigan encima me lo entregan”, ambos sonrieron
pero así lo hicieron.
Cargaban un cajón
de cedro fragante que hizo cosquilla en los cornetes de Crescencia haciéndole
estornudar y como le ganara la partida su especial curiosidad, hincó a su
marido para husmear más a gusto en los secretos del pesado cajón:
“Un momento,
traes armas aquí”, dijo golpeteando la tapa. “No señor”, respondió Luis
sonriente “son mis libros favoritos temiendo que la polilla de la ignorancia
terminara por devorar los libros que aún conservaba”, aquél era hombre
instruido, abrió la tapa sin prisas dejándola caer nuevamente. El resto de
cachivaches venía envuelto en un manteado bordado de mil colores.
La gracia del
jardín de la Crescencia solo se comparaba con las mejillas de la Tarcila, las
celosas azucenas bicolores parecían derretirse en los labios de aquella
muchacha. El pertrecho arrebolado de los sendos crisantemos explotaba en sus
senos temblorosos, reflejados en la miel de girasoles que alaciaban las verdes
pupilas de sus ojos. Del casorio entre las verbenas y la hierbabuena que
colgaban de los cuencos de barro destilaba un brebaje de sensualidad y coraje
que golpeaba entre las venas de la guerrera, Del ignoto carmesí de las
gladiolas se formaban el sereno mentón de la criatura, suspendida en un
interminable cuello solo subyugado por el peso de Nicaragua oprimida. Luis erra
la tierra negra que le dio vida a tal edén.
Casi a las dos de
la mañana Eusebio advirtió “hombre pasemos a ver la pieza pues” .
“Voy a acomodar
estos almohadones acá muchachita”, indicaba tiernamente Crescencia,” los hago
yo misma, pronto vamos a necesitar unas pequeñas almohadillas de guate para el pipito”.
(así denominan en Nicaragua y algunas regiones fronterizas de Honduras al
niño pequeño. “Mira muchacha estas cobijas son hechas de retazos buenos, de la
tienda del Turco para que no pasen frío, y pues acá hay una basenilla
,les pido por favor no salir a hacer aguas afuera ,así no tropiezan con tanto
animal de corral.”
“Así va ser Doña
Crescencia”, respondió Luis al ver que su mujer parecía haber perdido el habla.
“También hay agua fresquita en ese apaste, dice Eusebio que nomás que pase la
guerra me va comprar una refri”. La economía de subsistencia de aquél
matrimonio ,la improvisación de una Reforma Agraria corrupta ,las políticas
neoliberales promovidas por Suazo Córdova y el radio marca Phillips que
no paraba de explicar que el pisto de Honduras no valía, les impedía comprar un
artículo como ese.
Los ochentas eran
años difíciles por la guerra, el arribo al poder del Presidente Roberto Suazo
Córdova tenia a Honduras en un vaivén de políticas económicas crueles para
familias como la de Eusebio y Crescencia cuya subsistencia se resumía en una
cultura de agricultura sostenible a pequeña escala, la crianza de especies
menores, mientras el lempira se desplomaba semana a semana frente al dólar, se
esfumaba también la esperanza de Crescencia de mejorar su vida.
Con el sudor ya
seco y el pecho aún apretujado Tarcila y Luis rezaron por Nicaragua libre. Los
corredores modestísimos blanqueados a pulso velaron el descanso de aquéllas
cuatro almas, dos de ellas, sueñan con una milpa despoblada e infértil y las
otras dos sueñan con la espléndida trinchera que es la milpa cuando estas en el
combate, de hecho, dentro de los brotes de la guerrilla antisomozista se derivó
un grupo subversivo denominado Los Milpa cuya ideología se nutría de
corrientes comunistas y un poco yankees.
“Muchacha decime
una cosa”, insiste Crescencia,” ¿qué andas en la cabeza, que no has dicho
palabra, decime, seguís enferma? déjame saber madrecita, mira que la Angelina
es sobadora y no han apagado el quinqué. ¿Vos querés que venga a revisarte?”.
Las lágrimas de
Tracila precedieron a las palabras,” estoy bien, solo muy cansada”.
“¡Si muchacha si
no es para menos, esos cerros que cruzaste son para morir, para morir!”
. Esta devoción
de Crescencia no era otra cosa que el regocijo de estar acompañada de otras
gentes, diferentes a Eusebio quien determinante dijo: ,”ya basta Crescencia vos
sos peor que guacamaya en estaca, deja en paz estos muchachos, recemos pues y
vámonos.”
Luis desconocía
por completo a la Tarcila como doméstica, a la mujer que traía una criatura en
su vientre. Ella nunca dejó de extrañar su natal Somoto además parecían
fastidiarle las caricias y galanteos de su marido.
Los amaneceres en
El Porvenir que así llamaremos este pueblo del oriente hondureño siempre
eran exquisitas: esas pequeñas ventanas de pinabete tenían el tamaño perfecto
para asomar el alma y para repeler a los malos espíritus .Encumbradas por
horcones perfectamente moldeados hacían magistral comparsa con los entramados
de barro que nosotros llamamos bahareque que en prolongadas jornadas
nuestros antepasados daban forma a milenarios sufrimientos y remendaban los
destrozos del alma en un solo bloque de barro.
El crujir de la
madera en puerta principal aviso a la pareja que estaba amaneciendo, su sueño
profundo y en resistencia dibujó pálidamente a sus antepasados paseándose en
suelo ajeno.
Tocaron muy suave
la puerta. “Abrí vos la puerta que yo estoy desnudo”, replicó Luis. Sin ningún
afán Tarcila recogió suavemente su larga cabellera pelirroja, cubrió su cuerpo
con un poncho de manta también bordado y descalza abrió la puerta.
- “¡Por Dios
muchacha porque esta descalza, Ay Dios mío si sos bárbara! en tu estado es muy
malo eso!”
“Si señora”
asintió Tarcila.
“Mira ya les
traje su bocadito para que empiecen bien el día. Les traje pinol con leche,
tortilla con cuajada, y además un jaboncito Safeguar para que tomen un
bañito”. Asintieron en vez de las palabras. Tarcila apenas probó bocado y Luis
comió las dos porciones. La idea de atravesar el corredor para tomar un baño
era inaceptable para Tarcila, lo pensó muchas veces y al fin salió de la pieza.
El sol matutino se ensaño con sus verdes ojos sin mencionar que el encalado de
las paredes retrato su piel tan clara. El baño duró largo rato. La Crescencia
aderezó el agua caliente con hojas de romero y manzanilla, ningún sahumerio
mejoraba la mala cara de Tarcila, decaía cada vez. Se vistieron de prisa, con
ropa limpia pero militar. Don Eusebio era madrugador y a esa hora bajaba de la
milpa para tomar su desayuno le sorprendió ver a los allegados en fatiga militar
con sus yataganes al cincho. “Buenos días jóvenes,¿descansaron?” “Si señor
gracias a Dios y a ustedes “respondió Luis. “Hombre si tanto hablas de Dios
porque no guardan esas armas hombre, porque así no nos vamos a entender amigo
“intervino el jefe de familia.
“Disculpe usted
Don Eusebio eso mismo le decía yo a la Tarcila, que guardáramos estas chochadas”
replico Luis. “Hacen muy bien hombre, muy bien” responde Eusebio aliviado.
“Por otro lado
esta muchacha tu mujer de seguro va entrar en la cocina a ayudar a Crescencia y
ni a ella ni a mi nos gustan las empantalonadas. La mujer pierde su gracia con
esas vainas no hay como el vestido, su delantal bordado y su pañuelo verdad
Crescencia”, pregunta a su mujer que está del otro lado de la cocina calentando
el desayuno.
“Mira Eusebio,
has de saber que las gentes como ellos pues, que no tienen paradero creen en
cosas que vos no entendes y esa ropa que usan es la que debe ser…según el tipo
de vida que llevan, no son hijos nuestros. Sabrá Dios porque no los tenemos
.Mira no entremos en una contrariedad por eso. Vení mejor toma tu pinol que
esta espesito” intervino Crescencia. “Entre más espeso el pinol más bueno es,
entre más claras las cosas más se entienden mujer”, aseveró aquel viejo. Este
era un hombre de setenta años cumplidos, sabedor de todas las noticias
nacionales y tras la frontera también leía y escribía bien, buscaba la manera
de leer los periódicos que por aquélla época llegaban al Paraíso, le encantaba
leer un periódico nicaragüense llamado Barricada .Además las baterías
para el radio eran parte de los gastos de la semana .Muchos en la aldea
llegaban a pedir consejo sobre la vida, sobre la muerte y sobre los augurios
políticos de las tan esperadas elecciones nacionales.
“Lo comprendo
bien, no soy un tonto pero ya están en tierra catracha ,no hay que llamar la
mala suerte”.
“Un momento Don
Eusebio Usted tiene todo nuestro respeto pues, este es su cantón y yo como buen
soldado cumplo ordenes, desde mañana Tarcila usará vestido y yo pues traigo dos
pantalones jeans. No se diga más Señor”. Tarcila levantó imponente la barbilla
y escucho con desagrado aquel arreglo. “Y vos criaturita dijo Crescencia
refiriéndose a Tarcila, no debes preocuparte porque el turco nos da de fiado,
después del almuerzo voy y me traigo dos buenos retazos de poplin para
una falda, esa máquina vieja da para rato mamita”. Entre hilos y retazos
estaban cuando alguien anuncio su llegada:
“Comadre que tal
amaneció? Era Angelina la inseparable sombra de Crescencia. Todos los
comensales se sorprendieron pero Crescencia era más astuta que el viejo: Acá
felices comadre en recibir a mi ahijada Tarcila y a su marido que vienen de
Olancho por el cumpleaños, mío” “¡Ahhh! responde pero en Olancho la gente es
prieta y ellos son cheles”. Todos ríen a carcajadas hasta Tarcila.
“Mándese sentar
comadre, preparé una sopa de gallina que no hay comadre .Vea compadre las cosas
amanecieron calientes en la frontera, Horacio subió a aguar las bestias y se
encontró un muertito y eran copos de humo que se venían para la casa Esto esta
feo. Dicen que de Ocotal para acá se acabó la comida. Horacio va ir a pasar
unos quesos, de contrabando ¡pobre esa gente!, si no mueren a bala, mueren
por hambre y esta vieja Crescencia tamaña olla de sopa la que va comer”. Ríe a
carcajadas. Las gracias de Angelina perturbaron a Tarcila quien abandonó el
corredor y regreso a su pieza seguida de su marido.
“Ve Angelina ya
días quiero decirte que refrenes tu lengua hombre, esto por acá está muy
peligroso, tene cuidado, no comentes con nadie que el compadre pasa alimentos
para Nicaragua. No ves que nos metes a todos en un problema aconsejo el viejo”.
“Problema? Ese es el que tienen ustedes ayudándole a los contras, o es
que vos crees que me trago el cuento de que son ahijados de la Crescencia, chocho
vos si me crees bien bruta. Solo basto ver sus uniformes, mira Crescencia
yo respeto mucho tu vida, pero es mejor que despaches esa gente, esos contras
andan luchando solos, a saber, si son peligrosos” insistió. “Más peligrosa es
tu lengua mujer y aún te cuentan años”, sonrió Eusebio.
“Bueno ,bueno
,bueno no más pleito Angelina vas a prometer guardar silencio de lo contrario
tendré que contarle al compa Horacio aquella cosita que ocultas, vos sabes
cuál”, advirtió Crescencia mientras sujetaba con vigor las orejas de una enorme
olla de barro ,especial para el cocimiento de la sopa de gallina ,y en la otra
hornilla ardía un comal también de barro para el cocido de las tortillas de
maíz nuevo .Mientras Crescencia texturizaba la masa ,pensaba en las formas de
apaciguar la lengua de su comadre .”Vea señora ,venga y colabóreme con las
tortillas a ver”. Angelina ayudó a su comadre a echar tortillas.
Tarcila prolongó
su ayuno, su marido salió de la habitación en pantalones de jeans, camisa a
cuadros, botas y sombrero llegó hasta la cocina para devolver el azafate y
agradecer a Crescencia “Mi Señora muchas gracias, siento pena, pero Tarci no se
siente bien”, disculpose el hombre. “Mire Luisito de mi vida esa muchacha o
esta empachada o tiene mal de ojo, ya es demasiado, cuidá la casa Eusebio voy a
buscar a Lenchita la sobadora. Fijáte que es buena pensada Crescencia
esa muchacha se puede morir tiene los ojos hundidos y ni le busques gota de
color en la cara. Apuráte más bien mujer, cuanto antes le pongan mano, mejor
pues”, razona Eusebio.
Una vez que
Angelina abandonó la casa entro la sobadora en aquella pieza. “¡Caramba
muchacha! ¡vos lo que tenés es una posesión de los mil demonios, Madre de
Dios!” dijo mientras se persignaba. “Gracias a Dios traje el santo Rosario,
agua bendita y ruda. Usted muchacho sosténgale la cabeza y siéntela en la
cama”. Luis obedeció sostuvo su mano izquierda y en la otra mano el escapulario
de La Purísima, pero además aclaro: “Señora yo no creo en estas cosas, no
tienen ningún fundamento. Estamos perdiendo el tiempo en vez de llevarla al
pueblo con un médico”.
“¡Ave María
Purísima!” exclamó Lenchita, “eso que dice ofende a la madre de todas
las madres Maria Santísima y entiendo que esta mujer está esperando, mejor
salga de aquí amigo porque incrédulos no necesito”. Luis salió al corredor
dejando a Tarcila, Crescencia y Tenchita en aquél ritual que le
devolvería la salud a su mujer.
Los días que
siguieron a ese Tarcila recobraba poco a poco el color. Usaba unas hermosas
faldas hechas por Crescencia, eso sí nunca cambio sus botas militares. Se
levantaba muy temprano a rajar leña con su marido, a aporrear frijoles con el
viejo Eusebio, a encalar las paredes exteriores del rancho. Lavaba porquerizas,
juntaba los hermosos huevos, naranjas, mangos y guayabas que después Crescencia
transformaba en almíbar. Su porte y tareas eran bastante varoniles. Su
conversación breve, gentil y muy elocuente. Tarcila aprendió a amar a
Crescencia en mudo lenguaje, pero lo hizo. El matrimonio parecía amarse a
veces, pero las más de la vez había en ambos una inexplicable recriminación.
Hasta que Eusebio no soporto la curiosidad y pregunto a Luis:” Hombre Luis
ustedes llevan varios meses en esta casa, que también es de ustedes. Ni Crescencia
ni yo tenemos queja alguna… pero que es lo que hay entre su mujer y usted, yo
los observo, se quieren bonito, pero algo muy feo debió pasar para que Tarcila
te desprecie tanto”. “Usted si es bueno con el ojo Don Eusebio, más allacito le
cuento”. Respondió el hombre entre sorprendido y molesto. “Mejor vamos a ver el
frijolar hombre así arrancamos las primeras vainas”. Se adentraron en el
frijolar que estaría a unos 1,000 metros de la casa, iban siempre en compañía
de colita y nabo, un par de Pastor Alemanes, cachorros aún, pero cazadores como
ninguno.
Colita
revoloteaba al tiempo que retozaba muy inquieto. Luis y Eusebio advirtieron
algo extraño y desenvainaron velozmente el machete. Caminaron con sigilo
separándose de esquina a esquina hasta que Luis anunció: “y de ahí pues, María
Purísima es un muertito”, con la velocidad que los años le permitían Eusebio se
acercó a confirmar tal horror, si, así era una cabeza humana ensangrentada más
un letrero de cartón cuya leyenda escrita en sangre se leía a los enemigos de
Somoza. Regresaron presurosos y atemorizados, en el camino hablaron poco del
tema y cuando recuperaron el aliento regresaron al rancho,
“Hombre Luis hoy
ví a un hombre sensible y no de sangre fría como creí” .”¡Claro que no!”,
aclara Luis, ”soy combatiente y soldado de honor, no asesino a sangre fría”. Ya
camino a la milpa dijo Luis a Eusebio:
“Siéntese hombre,
conseguí una pacha de guaro para contarle mi cuento amigo, hoy es el día aclaró
Luis empinando la pacha de guaro”.” Decime pues” respondió con dulzura el viejo
que ya estaba encariñado con el muchacho. “Vea Don Eusebio yo a Tarcila la amo,
ella es la luz de mi vida, es todo y no es nada al mismo tiempo”. “Chocho vas
a hacer poesía a esta hora”,” No, no tranquilo no me interrumpa” dice Luis.
Figúrese que la Tarci como le digo yo, es hija y nieta de diplomáticos
nicaragüenses fieles a Somoza es gente que tiene plata. Pero ella me amo a mi,
antes que a mi ideología y pues con el tiempo entendió que mi causa es genuina.
Vea viejito esa mujer es un ángel, habla idiomas, toca el piano, borda de
maravilla. Nació en cuna de oro pues y yo tuve que poner mis ojos tan alto, si
soy el más penco de la contrarrevolución nicaragüense. Ni volviendo a nacer
alcanzo la estirpe de esa mujer. “Muchacho pues no te des tan poco valor, es
muy fina y especialmente hermosa, pero vos no sos tan feo hombre”. Ambos ríen a
carcajadas. “Debo decirle a usted que yo me la robé sin tener más bienes que
mis armas y mi fatiga y que la primera noche de amor con ella casi me muero de
la emoción”. He leído tanto en mi vida, pero esta confusión en mi cabeza yo no
la aguanto. Ella y yo somos padres de un chavalito que ni nombre llegó a tener,
de dos meses, se nos murió al llegar al hospital, ella me culpa porque me faltó
velocidad para hacerle remedios” .”¡Caramba muchacho y donde está enterrado!”
increpó Eusebio.
“Ahí está bajo su
techo viene entre mis libros envuelto en mil harapos que yo mismo preparé con
mucha cal con formalina y ruda por los espantos”.
“¡Que caballada
hiciste muchacho, camina vamos a preparar todo para darle terraje, camina!”.
Ya conocida la
noticia, Tarcila desfallecía contemplando la pétrea mortaja de su hijo muerto.
Extrañamente el cadáver había adoptado una maravillosa forma entre yeso y cera
que impresionaba, parecía un pequeño ángel de yeso. El pequeño fue enterrado
junto al pozo de agua zarca, el más apetecido para llenar los apastes, para
aquella gente el reservorio tenía propiedades curativas, la gente estuvo de
acuerdo. Crescencia no salía de su asombro, pero alcanzó la luz del día para
preparar el pan de muerto, trajo Eusebio de El Paraíso dos quintales de harina
y 300 huevos de amor y la manteca de cerdo la consiguió en una hacienda
en la frontera de Las Manos famosa por la crianza y sacrificio de cerdos de
buen calibre, La gente corría alborotada por toda la casa, unos preparando el
altar a Felipe se le encargo el ataúd y a Angelina la novena. Entre el olor que
despedía el pan y el tueste de cincuenta libras de café que alternados entraban
al viejo horno de Crescencia hasta dejarlo de un marrón barnizado de cobre, Tarcila
contenía a cada instante las náuseas pero al mismo tiempo experimentaba el
alivio que solo ofrece el secreto revelado. Ya no había más que ocultar. Los
rezos del muchachito sin nombre transcurrieron sin más sobresaltos que
la prominente lengua de Angelina quién aseguraba que la criatura ya llevaba un
año de muerto, que ella misma le acomodó las alas porque en el cautiverio el
muchachito se convirtió echó alas y que, además, limpió los pecados de sus
progenitores, con la señal de la cruz aseguraba que el hijo que Tarcila llevaba
en el vientre estaba maldito.
Transcurridos los
nueve días de rezos un inusitado evento despertó la alarma en el pequeño
pueblo, el sepulcro de la criatura sin nombre se había convertido en una
impresionante caída de agua de colores escarlatados más aguamarina que otra
cosa ,el color que más resaltaba era un verde acuoso como los ojos de Tarcila,
era difícil apartar los ojos de aquella maravilla ,extasiaba al tiempo que
tranquilizaba .Todos estaban idiotizados con el suceso ,los progenitores del niño
sin nombre estaban absortos y envueltos en una nebulosa de dudas, Más tardo
Eusebio en platicar a sus más cercanos el suceso que Angelina en propagar la
noticia. Nadie, jamás imaginó el alcance de los hechos tras correr como la
pólvora que usaba la revolución y que trataremos de resumir: de todas
partes de Honduras llegaban romerías y peregrinos a beber de aquella agua, los
nicaragüenses en el exilio estaban convencidos que aquel manantial era una
señal divina de cese al fuego y hasta el fin del conflicto, este líquido
limpiaba la sangre de los caídos en la guerra según ellos, que por cierto ya se
contaban por decenas. Llegaron prostitutas, los sin tierra, las estériles, las
solteronas, los enfermos: cojos, ciegos y mudos, los errantes, las viudas y
desempleados, las mal casadas y divorciadas ,los mercenarios y homosexuales
,las novicias y forajidos, los sin patria y los apátridas ,los clérigos y
protestantes ,las horneadoras de pan y las rezadoras los espías de Somoza y los
mandaderos de Suazo Córdova, las prominentes damas de Tegucigalpa, las amantes
y esposas de jerarcas militares se desplazaron al lugar buscando remendar los
desarreglos que dejara en sus rostros las caras cirugías de Miami, habían
poetas, escritores y trovadores. Bien se contaban unas 100,000 personas. La
ayuda del país del norte no se hizo esperar los milicos gringos traían sendas
coronas para el niño sin nombre que así le llamaba la muchedumbre, su
misión era alimentar aquella marea humana. Trajeron sus regimientos disfrazados
de refugios desde Jacaleapa y Yamales Trojes hasta el pie del mágico manantial,
montaban guardia de día y de noche, traían toda clase de víveres como: leche
,harina, pan, trigo, carnes enlatadas, chícharos, soya, vegetales, pastas, galletas,
coca-colas, chocolates, almendras y nueces aspirinas y condones. Además de esta
tarea más importante era construir una fuente de mármol que atrapara el agua
bendita y rezar el rosario con la gente. Mrs. James era el facultado para
sentar al pelotón y comenzar a rezar. El fenómeno desató tal convulsión en la
región que líderes comunistas visitaron la fuente divina para bautizar el 3 de
marzo como el día de los mártires de la Revolución comunista. El Diario Barricada
y otros tenía por titulares UNA FUENTE DIVINA ES ENVIADA DE LO ALTO PARA
ACABAR CON LA GUERRA. El Papa Juan Pablo Segundo que para esos días
viajaría a Honduras envió una misiva a los padres junto con una botella de oro
macizo para conservar el líquido sagrado.
Con magistral
habilidad Angelina comenzó los rezos frente a la caída de agua santa rezando:
“Cordero de Dios
que quitas los pecados del mundo”: “Perdónanos Señor” respondió la multitud,
sobresalía el atropellado español de los soldados gringos que nunca
comprendieron la misión.
Todos presentaban
su tributo ante la fuente cuando de repente el agua se tornaba en color
escarlata sin embargo cuando la madre se acercaba y metía su mano en la vertiente
el agua se tornada verde aguamarina ,cuando los líderes comunistas daban vivas
o sus dioses, el agua volvía a su color escarlata, todo aquél que andaba
en malos pasos se alejaba de la fuente evitando que cambiara al escarlata ,al
parecer la divina caída de agua no aceptaba la ignominia, la falsedad ni la
palabra maligna ,ningún político visitó el lugar. Acordaron que gringos y
revolucos debían retirarse de la divina presencia del manantial. Todos querían
algo, pero lo primordial era beber un poco del líquido aguamarina que se
ensanchaba en raudales con la presencia transfigurada de Tarcila, quién tampoco
quería apartarse del lugar. Unos la bebían allí y otros la depositaban en
delicados recipientes de vidrio, cristal y bronce. Se celebraron no menos de
quinientas bodas frente al manantial, ambos cónyuges bebían del amor eterno
mientras otros mentirosos veían develados sus obscuras intenciones. El milagro
había devuelto la sonrisa a Tarcila y el color a su meliflua voz, de vez en
cuando humedecía su sien y su barriga con las perlas que salpicaban la fuente.
Sus camaradas no la dejaron ni un momento a solas para ellos el embarazo de su
líder trajo pérdidas irreparables, pocas mujeres como Tarcila en el combate,
aseguraban.
La mágica
vertiente trajo consigo una alerta nacional por brote de cólera pero también
trajo divorcios, reencuentros de familias en la frontera Las Manos, el
primer caso de Inmuno Deficiencia Adquirida se registró en este pueblo, las
toneladas de excretas humanas fueron el abono formidable para los sembradíos
del magnífico café de altura en esta frontera hondureña. Hubo secuestros,
achines iban y venían con decenas de pequeñas botellas de vidrio conteniendo el
mágico elíxir, estampas, medallas milagrosas, pañuelos ungidos que vendían por
cantidades exorbitantes o canjeaban por armas de mediano calibre, se celebraron
guancascos entre la feligresía peregrina de la Virgen de Suyapa y los católicos
del manantial de vida. La vida entre milagros transcurría, y Tarcila no parecía
tan cansada hasta que parió.
cuando la marea
de gentes dormía cansados y borrachos de fanatismo y guaro, Tarcila dio a luz
un hermosísimo varón que llamarían Edén Eusebio ella, admiraba frenéticamente a
Edén Pastora y Eusebio, por el hombre que le recordó que los caídos en guerra
no vuelven jamás. que los mártires siempre son los pobres y que la revolución tiene
mil caras y ninguna forma. Decidió que era hora de parar, de juntar toda el
agua de la fuente que pudieran y pedir ayuda a Mrs. James para viajar en cuanto
el niño botara el ombligo y enterrarlo junto a su hermano el niño sin
nombre. Ayudados por Mrs. James partieron.
Crescencia llora
todavía cuando recibe cartas del enigmático matrimonio. Crescencia le recuerda
a Tarcila que gracias a la divina fuente parió un hijo, que la vertiente se
había secado con su partida, en las cartas que intercambiaron los últimos años,
Crescencia les suplica que le cuiden a su muchacho, que va en camino para la
USA porque en Honduras la cosa sigue jodida.
FIN

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