MANUEL DE JESÚS VALENCIA, FIGURA NEFASTA EN LA HUELGA OBRERA DE 1954
Oscar Aníbal Puerto Posas
Andrónico
Espinal,
In
memoriam.
EXORDIO
El mundo se dio cuenta que existía Honduras, gracias a la “Huelga monstruosa de 1954”, entrecomillo porque así la calificó don Eliseo Pérez Cadalso (1920-1999), hombre de derecha; pero, sin duda, un varón ilustre. La huelga obrera de 1954, tuvo una repercusión mundial. Muchas personas desenrollaron sus atlas para saber dónde quedaba Honduras. Ocupamos, durante 69 gloriosos días, el centro del escenario de la humanidad. Fue un suceso sin precedentes. Los actores: obreros bananeros. A la huelga de 1954, debe Honduras: Código de Trabajo, Seguridad Social, sindicatos (si bien algunos fueron cooptados por el Imperialismo). Reforma Agraria (hoy día alicaída). Pero, sobre todo: la confianza que unidos somos indestructibles. Manuel de Jesús Valencia, rompió la unidad de la clase obrera. A este vil hondureño hacemos referencia en este artículo. Perverso, cual pocos. Se infiltró en el movimiento obrero, sin ser obrero. Rigoberto Padilla Rush, le da el calificativo perfecto: era “un profesor bohemio”. Al estallar la huelga, estaba suspendido a causa de sus frecuentes cultos al dios Baco, de sus funciones como profesor de la escuela “Esteban Guardiola”, en La Lima, departamento de Cortés. Tuvo un fin trágico. Trágica fue su existencia.
La huelga de 1954, dio héroes, que oculta la historia oficial: Julio César Rivera, Dionisio Ramos Bejarano, Rigoberto Padilla Rush, Ventura Ramos Alvarado, Juan Pablo Cardona, Teresina Rossi, Francisco Ríos y otros y otras. Pero siempre habrá una antítesis. Un canalla, un traidor. En esta historia, la tipifica Manuel de Jesús Valencia.
1. ¿QUIÉN ERA VALENCIA?
Nunca supo del hambre, de los malos tratos, del real vivir de los “campeños”. Era maestro y, como tal gozaba de privilegios. Un sueldo mejor que los trabajadores. Dos meses de vacaciones al año. Casa de habitación en vez de “barracones”. Y otras canonjías.
Manuel de Jesús Valencia, se graduó de maestro de Educación primaria en el “Instituto La Independencia”, de los más antiguos de Honduras; fundado por Marco Aurelio Soto (1846-1908); cuyo primer director, a falta de maestro fue el general Luis Bográn (1849-1895), al paso del tiempo, presidente del país.
Valencia, pertenece a la promoción de 1947. Fueron sus compañeros: María Zenovia Castillo, Mariano Licona, Lily Amparo Ayestas, Antonio Castro B. y Jorge Alberto Molina. Ellas y ellos, hicieron del magisterio un apostolado. Con sueldos raquíticos inundaron de luz las aulas. No le hicieron mal a nadie. Al contrario, desde el anonimato, fungieron en favor de Honduras. Seguramente ya ni existen. Valencia fue la excepción. No me explico, como un egresado de un colegio de tanto prestigio, se inclinó hacia el mal. Es probable que de haber hecho magisterio en un municipio o en una remota aldea de Santa Bárbara, su destino hubiera sido distinto. El ambiente bananero, le impregnó de maldad la conciencia. No vio en la huelga de 1954, una reivindicación social, sino más bien, la oportunidad de sobresalir. Cual buen oportunista que él fue.
No tengo a la vista su partida de nacimiento. Supongo que nació si no en la cabecera, sí en algún municipio del bello departamento de Santa Bárbara. ¿Qué pasará con el departamento “del junco y las mujeres bellas”, como se le conoce a esa franja occidental de Honduras? ¿No era suficiente que fuera la patria chica de Plutarco Muñoz; para serlo también de Manuel de Jesús Valencia?
Si se graduó en 1947, al estallar la huelga en 1954, era un hombre joven. Frisaría acaso en 25 años. ¿Cómo llegó a ser maestro de la entonces reportada como la mejor escuela de Honduras? No creo que por concurso. Creo más bien que por influencias. Tengamos en cuenta que su paisano, el profesor Hernán Danilo Paredes -fue una especie de “ministro de Educación” de la Tela Rail Road Company. Falta saber si el mentor arriba indicado, en forma sigilosa, asesoró a Valencia. Es imposible averiguarlo. Ambos ya fallecieron.
Rigoberto Padilla conoció de cerca a Valencia. Al punto de decirnos acerca de él: “En La Lima, surgió una bicefalia de liderato, que nos causó algunos problemas. Por ahí apareció “un profesor bohemio”: Manuel de Jesús Valencia, que tuvo algunos problemas en la escuela donde trabajaba y lo habían sancionado temporalmente; al parecer se encontraba sin trabajo al estallar el paro. Cuando se unió a la huelga descubrimos que tenía algún talento que necesitábamos en ese momento. // Era un hombre que sabía expresarse en público con cierta facilidad. Es muy desenvuelto y aquello nos dejó impresionados y lo metimos al Comité Local de Huelga de La Lima”. (Rigoberto Padilla Rush, en “El silencio quedó atrás” de Marvin Barahona, Editorial Guaymuras, 1994, p. 215). El testimonio de Padilla Rush, delata su ingenuidad política. El “profesor bohemio”, era un infiltrado. Como tal, cumplió bien su papel. Mucho tardaron los compañeros, auténticos revolucionarios, en descubrirlo. Al enterarse quien era Valencia ya era tarde. Este ya había hecho su labor. En otro capítulo narraremos la repugnante labor del “profesor bohemio”. Tarde, muy tarde, Padilla descubrió al enemigo infiltrado, oigámoslo: “Los problemas en La Lima surgieron con Manuel de Jesús Valencia que comenzaba a convertirse en un hombre muy ambicioso, que hacía demagogia descarada. Este hombre jamás se separó del parlante que habíamos establecido en el campo; estuvo ahí día y noche”. (Padilla Rush, ops. cit.). El dirigente citado, concluyó así su juicio sobre Valencia: “Esto es algo muy interesante de la cultura política de nuestro país, el que habla y habla bien, ejerce un poder tremendo sobre la masa hasta dominarla por completo” (Padilla Rush, ibidem).
2. ASÍ COMENZÓ LA HUELGA
La huelga estalló en Puerto Cortés, el 1 de mayo de 1954. La iniciaron los obreros estibadores. La Compañía, no quería reconocerles las jornadas dobles obtenidas en días de descanso. En la semana santa, solo hubo doble jornal, los días jueves y viernes santo. Para esto hubo que llegar a Puerto Cortés, el ministro de Gobernación, general Antonio Inestroza. Al parecer, también tenía adscrita a su Secretaría, el Despacho de Trabajo. Solo así se explica su presencia en Puerto Cortés. El general Inestroza, dialogó con el gerente de la United, Mr. Aycook. Les dio la razón a los estibadores. La bananera acató la resolución ministerial y, pagó lo que debía a los trabajadores. El 1 de mayo, volvió a manifestarse igual problemas. Esta vez la United, no solo no pagó, sino que despidió a un obrero. “Ahí estalló la chispa que incendió la pradera”. Todos los obreros se fueron al paro de labores. Más tarde, se extendió la huelga a los dominios de la Standard Fruit Company. Paralizó empresas en San Pedro Sula y aun en Tegucigalpa. “La ciudad de las canteras”, tenía empresas de elaboración de camisas; naturalmente, en manos extranjeras. Aquello fue algo descomunal. Una epopeya. La página más grandiosa de la historia hondureña. Tan solo comparable con la Independencia y la revolución del general Francisco Morazán. La huelga duró 69 días, la clase obrera gobernó nuestro país. Y lo hizo de maravilla. No hubo un solo incidente que lamentar. Los huelguistas respetaron vidas y bienes de los norteamericanos, empleados de alto nivel de las compañías fruteras. El presidente Gálvez, tuvo una actuación ejemplar. Lo asediaron los diplomáticos de la Embajada de los EE.UU. Le pedían que declarara la huelga ilegal. El Dr. Juan Manuel Gálvez Durón, era abogado y buen abogado, les contestó: “¿Y por qué es ilegal?”. No estaba tipificado como delito en el Código Penal. “Nullum crimen sine lege”. Y lo tradujo del latín al español: “No hay delito sino está consignado por la Ley”.
Cedió a la propuesta de enviar tropas al escenario primordial de la huelga. La ciudad de El Progreso, Yoro. El resultado fue conmovedor y hermoso. Los soldados confraternizaron con los obreros. Era un clima sin paralelo en Honduras y en el mundo. Los huelguistas cerraron cantinas y lupanares. No solo se elevó un canto a la vida. También al decoro moral y a las buenas costumbres. Los obreros enseñaron que estaban preparados para gobernar. Lástima que la intención no era política. Sino de reivindicaciones económicas y sociales. ¡Honduras sería distinta si la clase obrera hubiese asumido el Poder!
3. ASÍ TERMINÓ LA HUELGA
El 1 de junio, por la noche, César Augusto Coto, secretario general del Comité Central de la Huelga. Un mozalbete de 22 años, obrero ferrocarrilero y otros miembros del CCH, se trasladaron a La Lima para dialogar con Valencia. Iban en pos de la unidad. Según dice el profesor Longino Becerra (“Evolución Histórica de Honduras”). “Valencia acusó públicamente de “comunista” a Coto y lo hizo encarcelar, esa misma noche, juntamente con Manuel Sierra y dos ayudantes: Rubén Portillo y Modesto Rubio”. Así terminó la huelga. Coto y sus amigos fueron trasladados a la Penitenciaría Central en Tegucigalpa. Sin causa o proceso en su contra. Bastó un “habeas corpus” presentado por el entonces bachiller Alberto García Bulnes, para ponerlo en libertad. Por esas ironías de la Historia, el general Tiburcio Carías, quien controlaba la Corte Suprema de Justicia, dio el visto bueno para la liberación de los obreros auténticos. Al parecer, el general Carías no perdonaba la intromisión de los yanquis que lo obligaron dejar el poder el año 1948.
4. COTO Y VALENCIA, DESTINOS DIFERENTES
Coto, se casó con una copaneca, hija del antropólogo suizo Rafael Girard. Se instaló en Guatemala, ciudad. Se dedicó a la literatura y a la música. Construyó una familia feliz. En Guatemala, lo sorprendió la muerte. No volvió a Honduras. Le puso un candado a su pasado.
Distinta fue la suerte de Valencia. “Mal paga el diablo a quien bien le sirve”, reza el refrán. La United no lo reconoció como líder. Al contrario, formó a otros líderes, con el apoyo de la AFL/CIO. No vale la pena nombrarlos. Ellos constituyeron la “aristocracia sindical” como la denomina el recio escritor Víctor Meza. Herido en su amor propio, Valencia, se quitó la careta y enseñó su verdadero rostro: fue un bandido. Organizó una banda de maleantes para asaltar comisariatos. En una de esas aventuras, el ejército hondureño, lo liquidó. El lugar en que cayó, los “campeños” irónicamente, le denominan: “Lo de Valencia”.
5. INTELECTUALES DESAFECTOS A HONDURAS
Algunos intelectuales, se identificaron con las compañías bananeras; es decir, contra sus paisanos, los obreros en huelga.
Carlos Izaguirre (1895-1956). Uno de los ideólogos de la facción cariísta del Partido Nacional. Célebre por un bodrio literario: “Bajo el chubasco”. El 11 de junio de 1954, Izaguirre dio unas declaraciones en Chile, que fueron reproducidas por “El Excelsior” de México. En estas, el escritor sostenía que el 75 por ciento de los trabajadores en huelga en la Costa Norte de Honduras eran extranjeros que habían sido “reclutados entre la escoria humana de Centroamérica y las Antillas; forajidos, rateros, asesinos, vagos y malvivientes” (sic). El licenciado Oscar Flores (1912-1980), a la sazón director del diario “El Pueblo”, no vaciló en reproducirlas (16 de junio de 1954, pp. 1-41, bajo el título inocente: “Profesor Carlos Izaguirre hace declaraciones en Chile”.
Julián López Pineda (1882-1959). El gran Medardo Mejía (1905-1981), lo caracteriza así: “Allá por 1917, López Pineda fue socialista, y quiso fundar este partido con unos artesanos. Después fue girando la rueda hasta caer al servicio de las compañías, que es lo triste. Porque las compañías pagan bien a sus sirvientes. Y el gobierno se queda con la mitad”. Ironizó. No obstante, el autor de “Los diezmos de Olancho”, le reconoce sus méritos al escritor graciano. “López Pineda escribió versos, ensayó muchos géneros. Pero nada de eso. López Pineda fue periodista y buen periodista, con una ilustración poco común”. Es lamentable -agregamos nosotros- que, al estallar la huelga obrera de 1954, don Julián, desde su diario “El Día”, atacó con golpes mortales a los obreros en huelga: sus compatriotas sedientos de justicia, sus hermanos. Si bien no utilizó el bajo vocabulario de Carlos Izaguirre. Hay que considerar que un abismo cultural los separaba. Don Julián, murió en La Haya, defendiendo los intereses de Honduras, en el conflicto limítrofe con Nicaragua. No era abogado internacionalista; pero ahí lo había enviado Villeda Morales, para que no lo fastidiara.
Como estos dos hubo otros. No los menciono. Fueron intelectuales de menor cuantía.
6. INTELECTUALES QUE APOYARON LAS REIVINDICACIONES POPULARES
Alejandro Castro h. (1914-1995). Perteneció a la llamada “generación de la dictadura”, como lo califica Oscar Castañeda Batres. Alejandro, trabajando para “Prensa Libre”, órgano del Movimiento Nacional Reformista (MNR), escribió la mejor crónica de la huelga de 1954, que yo haya leído. No fue sancionado con el despido laboral. En el MNR, había una juventud inquieta. Además, luchaban por llevar a la presidencia al ingeniero Abraham Williams Calderón. Williams, siendo diputado por el Partido Nacional se opuso firmemente a las concesiones de aguas nacionales a la United Fruit Company. Tenía un pasado antiimperialista. Pudo haber sido un buen gobernante. Las compañías bananeras, le cerraron el paso.
Volviendo a Alejandro Castro h., exhortó a la juventud a investigarlo. Es una figura interesante. Uno de sus hijos se llama Lombardo Castro Alemán. En homenaje a Lombardo Toledano, el marxista mejicano. De paso, fue una pluma estupenda. Vivió del periodismo exclusivamente. Con ese oficio –“el mejor del mundo”, dice García Márquez- educó a sus hijos: Alejandro y Lombardo, médico y cirujano. Éste último, se abrió paso en Estados Unidos de América.
Pese a su extensible simpatía por la huelga obrera, Alejandro Castro h., no fue despedido de “Prensa Libre”, ni sustituido como corresponsal del magno evento obrero. “Prensa Libre”, era el vocero del Movimiento Nacional Reformista (MNR), facción del Partido Nacional que apoyaba las aspiraciones presidenciales del general e ingeniero Abraham Williams Calderón (1894-1986). Williams, en el gobierno del Dr. Vicente Mejía Colindres (1876-1966), se opuso enérgicamente a la concesión de aguas a la Tela Rail Road Company. Tenía en su hacer un antecedente patriótico. Además, Céleo Murillo Soto (1911-1965), ideólogo del MNR, tenía pensamientos políticos de avanzada. Todo ello contribuyó a dejar que hiciera su trabajo. Alejandro Castro h. Los nuevos historiadores deberían fijar su atención en este personaje que vivió del periodismo toda su vida, sin traicionar sus convicciones.
A manera de
ejemplo de la calidad de escritor que era Alejandro Castro h., dejo aquí este
fragmento: “El sol calienta el vale ubérrimo y se filtra en raudales
ardorosos en los corazones y voluntades de estos hombres que luchan por su
verdad y su justicia. Cuando sobrevolamos los tejados de la ciudad, comprendimos
nítidamente que esos seres apiñados allá abajo, en una isla circundada por un
mar de platanares, están haciendo historia…”. Alejandro Castro h., enviado
especial de Prensa Libre a los campos de la huelga bananera, 26 de mayo, 1954.
Entre las plumas que apoyaron la huelga estuvieron Medardo Mejía (1905-1981), desde Guatemala, donde vivía. Ventura Ramos Alvarado (1908-1992), desde las páginas de “Vanguardia Revolucionaria”, Ramón Amaya Amador (1916-1966), desde el periódico citado. Rigoberto Padilla Rush, encubierto en pseudónimos. Padilla Rush (1929-1998). Era un excelente escritor. Pudo llegar más lejos; pero optó por el activismo político. Además, escribieron a favor de la huelga: José León Custodio, Armando Zelaya y otros periodistas de barricada. Pompeyo del Valle (1928-2018). Visitaba las concentraciones de obreros en paro y les declamaba sus versos. Igualmente, el ingeniero Roberto Domínguez Agurcia (2017-1990), violinista, les llevaba el esplendor de Mozart y Chopin. La huelga enlazó a las clases oprimidas con la cultura. De otro modo, los trabajadores manuales no hubieran conocido a los trabajadores del espíritu. Es un ángulo desconocido de la gran huelga de 1954.
7. EN DESAGRAVIO AL INSTITUTO “LA INDEPENDENCIA”
El “Instituto La Independencia” le ha dado a Honduras hombres y mujeres famosos. De sus aulas egresó un Miguel Andonie Fernández, el año de 1939. Se trasladó a Tegucigalpa, donde se graduó de doctor en Química y Farmacia. Empresario exitoso. Aspiró a la presidencia de la República, a través del Partido Innovación y Unidad (PINU). Desistió de sus propósitos y dejó el campo abierto a nuevas generaciones. Fue un modelo de honradez y de patriotismo. De igual manera, fueron las actuaciones del profesor Rafael Bardales Bueso (egresado el año de 1931). Llegó a ser ministro de Educación (1965-1971). Fundó escuelas, institutos de segunda enseñanza y dio impulso a la Escuela Superior del Profesorado (hoy Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”). Efraín Bú Girón, egresó como Perito Mercantil el año 1943. Abrazó la profesión del Derecho. La política fue otra de sus pasiones. Liberal. Ocupó la presidencia del Congreso Nacional. Desde ese puesto favoreció a su Santa Bárbara natal. Virgilio Roberto Gálvez, egresó como bachiller en 1930. Abogado. Diplomático. Ministro de Relaciones Exteriores. En 1969 era embajador de Honduras en El Salvador, previno al general Oswaldo López de la invasión que allá se tramaba contra Honduras. El mandatario no lo escuchó. La primera mujer en desempeñarse como designada a la presidencia de la República. Gobierno del doctor Carlos Roberto Reina (1994-1998) fue Guadalupe Jerezano Mejía. Egresó del Instituto “La Independencia” en 1966. De todos los mencionados ella es la única que alienta vida. Hay muchísimos más, hombres y mujeres que iluminaron el firmamento inmaculado de Honduras. No los menciono por falta de espacio. Desdicen de la actuación de Manuel de Jesús Valencia.
BIBLIOGRAFÍA
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Barahona, Marvin, “El Silencio Quedó Atrás”, Editorial Guaymuras, 1ª.
Edición. Tegucigalpa, 1994.
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Barahona, Rubén, “Breve historia de Honduras”, Tegucigalpa, 1943.
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Becerra, Longino, “Evolución histórica de Honduras”, Editorial Baktun,
Tegucigalpa, 2005.
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Edición Patepluma, Mi Tierra 221, s/f (no sale página en mimeógrafo).
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Espinal Oliva, Andrónico, “Por los Caminos de una Nueva Sociedad
(Testimonios). Imprenta López, 1ª edición, Tegucigalpa, 2013.
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González, José, “Diccionario de Literatos hondureños”, Ediciones
Guardabarranco, Tegucigalpa 2005.
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__________________________ “Diccionario Biográfico de Historiadores
Hondureños”, Editorial Guaymuras, 1ª edición, Tegucigalpa, 2005.
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Mejía Medardo, “Historia de Honduras”, Tomo VI, Editorial Universitaria,
Tegucigalpa, 1990.
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“Padilla Rush, Rigoberto: Memorias de un Comunista” (Marvin Barahona,
recopilación CEHPRODEC y Editorial Guaymuras, 1ª edición, Tegucigalpa, 2001.
Tegucigalpa, septiembre de 2026.

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