Mirador: SOBRE LAS COSAS SENCILLAS
Juan Ramón Martínez
Las cosas son sencillas. Y tienen explicación. Casi todas. Las más difíciles son las relacionadas con la conducta humana, porque todos –o por lo menos la mayoría– siempre echan la culpa a los demás; y siempre tienen la razón.
El lunes he estado en la Isla del Padre, a 8
kilómetros de mar tranquilo de la Ciudad de Starbase. Entre el duro asiento de
madera y el lugar desde donde arranca el Spacex 14, con un fogonazo increíble y
un estremecimiento que me dolió en el pecho. No me quedo tiempo, porque encima
pasó, como un rayo, una mole de 52 metros de altura y 14 de diámetro que, en
pocos minutos, alcanzando una altura de 270 kilómetros sobre la tierra y
depositó en el espacio 26 satélites de comunicación de alta gama. Nunca había
estado en un lanzamiento donde se prueba el talento humano, se evidencia la
creatividad y el ingenio, en que siempre el hombre se rebela a estar amarrado a
la tierra por siempre jamás. Soy amigo, lo dije al principio, de buscar
explicaciones. Me pregunto porque, en el Golfo de México, hay una sociedad
pujante que hace posible este viaje a los cielos, probando un equipo con el
cual, la civilización humana volverá a la luna y se preparará para el viaje a
Marte. La razón simple, es que esos astros están allí. Y para el hombre son una
tentación.
En el camino de regreso me llama la atención la
amplitud de la carretera. Cuatro vías de ida y cuatro de regreso. Y un derecho de
vía que no encuentro en Honduras. Treinta metros de cada lado. En el
ferrocarril de la Standard, el “límite de yarda” –así se llamaba– era algo
similar. Ya me había llamado la atención Guillermo López. “Al hondureño le
gusta embrocarse sobre la carretera”. Para decir adiós a los que pasan. “O
bolsear a los accidentados” dijo Alfredo Gutiérrez. Todos, ponen negocios allí.
Los viejos comedores, las gasolineras, el vendedor de rosquillas, el vendedor
de café, el que repara llantas. Todos creen que el cliente esta de paso y que
entonces, el que está más cerca de la orilla de la carretera tiene ventaja.
Aunque con ello, viole la ley.
Por ello en Honduras las calles se avergüenzan
en el hilo central, con casas aglomeradas, ventas de todo lo imaginable y
cuando fallan los frenos de los camiones areneros, no hay espacio para la
maniobra última; porque la muerte invita a siete personas que estaban allí. La
carretera hacia Choluteca no se ha concluido porque el derecho de vía está
ocupado por talleres de muebles, ventas de comestibles, restaurantes de bajo
méritos, una garita; e incluso un motel con un desvío frente a un indolente
árbol de mango.
Hace algún tiempo fui a El Salvador. No
recuerdo en qué diligencias. Marito Midence me dio un tour por el país. Tío,
“esto es pequeño”. Basta un día. En efecto, me llevó al Poy, Chalatenango y
dimos vuelta. Y al final, volvimos al lugar de partida. No vi en las carreteras
del norte y el centro de El Salvador, sino una mujer vendiendo frijoles en
bolsa plástica sobre una mesa, que al regresar había guardado fuera del derecho
de vía. Allá es diferente.
Hay que decirlo todos creen que no tienen
derecho de incumplir la ley. El fuerte por fuerte. El débil porque ha creído el
cuento que sus derechos equivalen a sus deseos y orgullos.
La explicación es sencilla. En USA cumplen la
ley. Van a la Luna. Nosotros compartimos con Haití, las miserias y las
pandillas amenazantes bajo la luna. ¿Qué le parece?
La Prensa, SPS, 1 de Octubre 2026.

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