Mirador: TENSIONES PELIGROSAS

Juan Ramón Martínez

Solo los ingenuos creyeron que era fácil pasar del “proyecto” de Mel Zelaya al reencuentro con la vía democrática y la recuperación de las alianzas internacionales. Los que lo creyeron, ahora se dan cuenta de las dificultades que tiene un gobierno de minorías –aunque “controle” los otros dos poderes del “estado”– para enfrentar las demandas populares que por las desatenciones del populismo ineficiente del PLR, están muy urgidas de resultados. Asfura y el Partido Nacional no estaban preparados para asumir y manejar el reto de calmar las ansiedades y menos para neutralizar las contradicciones que provocaría el regreso a la normalidad democrática, sin cambiar el “modelo” de gobierno usado desde 1982.

Fue un error hacer creer a Asfura que las cosas serían fáciles y que, trabajando a su estilo, podría reencausar el régimen; y, además, calmar las ansiedades populares sin un pacto social y económico para avanzar.

La visión fue muy limitada. Los asesores lo engañaron cuando le dijeron que bastaba con asegurar el control del Congreso. Y que para ello solo había que pactar con el Partido Liberal. Esto es parcialmente cierto. Pero incompleto. No solo se trataba de sustituir a Luis Redondo y recobrar la lucidez y honorabilidad del Congreso, sino que de impulsar a la administración hacia un nuevo dinamismo. Y que era suficiente para empujar al régimen hacia una mayor eficiencia, permitiéndole a los líderes que acompañan a Asfura asegurar los términos para pensar en la sucesión presidencial, sin un pacto global; y sin cambiar el modelo de gobierno que no solo es incompetente, sino que estructuralmente corrupto.

Zambrano cree que solo es cosa de tiempo. Que, controlando el Congreso, se asegura la candidatura del Partido Nacional y el triunfo en las próximas elecciones. Esto es angelical y falso.

La insatisfacción popular está aumentando. Probablemente el gabinete no es el mejor. Pero el problema es que las urgencias del país son inmanejables sin un pacto entre las fuerzas democráticas, un gobierno de integración nacional, que reforme de la administración publica y permita el reencuentro positivo y ordenado con las demandas populares, para recobrar el tiempo perdido; y lograr resultados. Asfura ya entendió que no tiene mucho tiempo.

Además, aunque estamos en la ruta de los huracanes, los optimistas asesores de Asfura no anticiparon el efecto Trump, la guerra contra Irán y menos la posibilidad que los demócratas recuperaran el control de las dos cámaras en Estados Unidos, trabando la actual administración republicana. El precio de la gasolina se ha disparado, la inflación general se ha incrementado –afectando a los más pobres– y el precio del dinero ha aumentado. Lo peor es que la población pobre empieza a dar señales de incomodidad. Algunos observadores dicen que hay más conflictos ahora que hace un año. Y que la incomodidad popular está aumentando.

Además, Asfura descontinuo los programas sociales de JOH y suprimió los de Xiomara, con lo que el nivel de esperanza de la población más pobre, -acostumbrada a depender del gobierno- empieza a incomodarse. La última noticia, indicativa de la tensión en la estructura social: una marcha de inmigrantes ha empezado a moverse hacia Estados Unidos, confirmando que el gobierno se ha equivocado; y que, además, debe urgentemente hacer rectificaciones.

Asfura todavía tiene tiempo. Puede pactar con los liberales, controlar al PN; y desde un “Acuerdo para Avanzar” con los grupos disidentes frenar la escalada de tensión señalada. También puede ralentizar el activismo político de Zambrano que incomoda a los líderes del PN que no están de acuerdo en la forma como se dirige el gobierno. El activismo político es distractor. Si no se corrige las tensiones escalarán.  

La Prensa, SPS, 24 de septiembre de 2026.

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