AUNQUE PAREZCA INVEROSÍMIL, ADOLFO BIOY CASARES Y JORGE LUIS BORGES, COMENZARON A ESCRIBIR JUNTOS CUANDO LES PIDIERON HACER EL FOLLETO DE UN YOGURT DE UNA IMPORTANTE EMPRESA LECHERA DE PROPIEDAD DE LOS BIOY
Era un folleto comercial, aparentemente científico, sobre los méritos de un alimento más o menos búlgaro.
Por dispares que fuéramos como escritores, la
amistad cabía, porque teníamos una compartida pasión por los libros.
De aquella época me queda un vago recuerdo de
caminatas entre casitas de barrios de Buenos Aires o entre quintas de Adrogué,
y de interminables exaltadas conversaciones sobre libros y argumentos de
libros”, evoca Bioy.
Ya se habían presentado en la casa de Victoria
Ocampo (directora de la revista "Sur"): “Nos divertíamos muchísimo
juntos. Pretendíamos escribir buenos policiales y siempre terminábamos yéndonos
por las ramas. Nos reíamos tanto que siempre terminábamos preguntándonos qué
hacer para darle verosimilitud a los personajes. Nos proponíamos dejar de
bromear y ser sensatos, pero durábamos poco.
Entonces, Borges decía bueno, acabemos con esto
y pongámonos a escribir. Así dábamos fin a un esfuerzo desde todo punto de
vista vano”.
Juntos formaron una de las duplas literarias
más influyentes del siglo XX. Amigos íntimos desde 1932, colaboraron
estrechamente en cuentos, guiones y antologías, a menudo bajo seudónimos como
Honorio Bustos Domecq.
Entre 1940 y 1977, Bioy Casares y Borges
escribieron y publicaron juntos cuentos, traducciones, guiones
cinematográficos, crónicas paródicas, antologías y una casi-novela.
Usaron primero el seudónimo Honorio Bustos
Domecq, luego B. Suárez Lynch y finalmente sus propios nombres.
Una de ellas de corte satírico y policíaco fue
"Seis problemas para don Isidro Parodi" (1942), firmando como B.
Suárez Lynch.
Bioy, cultivó una narrativa fantástica y
romántica, influenciado y a la vez independiente del estilo borgeano.
A raíz de su amistad con Jorge Luis Borges, a
quien conoció en 1932, se convenció de que la eternidad es una de las raras
virtudes de la literatura.
La cumbre de esa manifestación es la
publicación hace años del libro “Borges”, de Adolfo Bioy Casares, cuando ya
estaban muertos los dos.
El texto es un largo y detallado diario que
Bioy escribió a lo largo de décadas desde la segunda mitad de la década de
1940.
Para algunos críticos literarios, ese mamotreto
de 1.600 páginas es uno de los títulos más importantes de la literatura de este
siglo, ya que fue publicado en 2006.
La amistad desde lo intelectual y lo afectivo
se daba pese a las diferencias de edad y de cuna.
Borges había nacido cuando se iba el siglo XIX,
en 1899, y Bioy, en 1915. El primero era tímido con las mujeres y “Adolfito”,
muy enamoradizo. Para Borges, la amistad no necesita de una frecuencia pertinaz
y diaria como el amor.
“La amistad no necesita de la frecuencia. El
amor, sí. La amistad y, sobre todo, la amistad de hermanos puede prescindir de
frecuencia. En el amor, no, el amor está lleno de ansiedades, de dudas, guía de
ausencia. Puede ser terrible, pero yo tengo amigos íntimos a quienes veo tres o
cuatro veces al año.
Por ejemplo, con Bioy Casares nos vemos cuatro
o cinco veces al año y somos íntimos amigos”, detalló en un reportaje de 1980
en "Televisión Española".
Esa relación se desdibujó en los últimos años
de vida de Borges.
¿El motivo fue María Kodama, la asistente y
esposa de Borges?
Así sugirieron algunos amigos de todo la vida y
biógrafos como Alejandro Vaccaro, presidente de la "Fundación El
Libro".
Bioy no supo en el momento de la enfermedad
declarada de su amigo que lo llevaría a la muerte.
Tras casarse, Borges partió a Italia a fines de
1985 y el destino final fue Suiza, donde encontraría la muerte.
Ya enfermo, hizo un llamado telefónico desde
Europa para despedirse. Bioy recordó que le preguntó cómo estaba y Borges le
contestó: “Regular, nomás”. Bioy le contestó: “Estoy deseando verte”. Y Borges
cerró: “No voy a volver nunca más”.
Tras cortar la comunicación, Silvina le hizo
notar a su esposo que Borges estaba llorando del otro lado de línea y Bioy
aseguró que sí, que había llamado para despedirse.
Bioy hablaría de la muerte de Borges el 14 de
junio de 1986, cuando se enteró por casualidad de la triste noticia gracias a
una persona desconocida que lo cruzó en la calle y le dio el pésame. Luego de
esa conversación extraña, siguió caminando en busca de un kiosco para comprar
un libro y se dio cuenta de que había entrado en “un mundo sin Borges”.
Sin su
amigo del alma.
ADOLFO BIOY
CASARES (Vicente Perfecto).
15 de
septiembre de 1914 - 8 de marzo de 1999.
(FUENTE: JORGE LUIS BORGES Vida y Obra, Ana Lía Polti, FACEBOOK).

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