Contracorriente: FALTA DE COMPETITIVIDAD
Juan Ramón Martínez
Hay cosas que no tenemos en cuenta para plantear exigencias. Hay muchos que quieren que florezcan los desiertos sin regar sobre ellos, una gota de agua siquiera. Pasan por alto que antes que confiar en los otros, tenemos que echar mano de nuestros propios recursos e iniciativas. Pasan por alto que no todos los modelos de sociedad tienen éxito siempre y que incluso en las exitosas, los sistemas están sometidos a revisión y ajuste. Usan el olvido, la ignorancia histórica para no asumir responsabilidades.
Casi todas las sociedades modernas y la mayoría
de las antiguas que han tenido éxito, han dependido más de la creatividad
individual y de la iniciativa privada que de la acción gubernamental. Las
excepciones han sido la Unión Soviética (1917-1998), Corea del Norte y
Cuba cuyo fracaso ha estremecido a los que esperábamos que la “revolución”
castrista significaba un paso adelante. Estados Unidos y China -- con un
capitalismo subordinado esta última nación--, son ejemplos a
considerar.
En cambio México, es prueba de lo contrario.
Tiene un modelo centralizado, con una posición gubernamental dominante que
ahoga en cierta manera toda o parte de la iniciativa de los particulares. Los
autores de “Porque fracasan los países” dicen que mientras EEUU tenía a
principios de 1800 más de mil bancos, en México se forcejeaba para permitir la
operación de uno de ellos.
En Honduras tuvimos el primer banco a finales
del siglo XIX, después que el gobierno – no los
particulares – buscará en el exterior quien lo hiciera porque los
hondureños carecían de voluntad, energía y capacidad para hacerlo. El Banco
Central se creó hasta en 1950, mucho tiempo después de la creación del primer
banco exitoso nacido en La Ceiba en 1913, el Banco Atlántida.
Como lo decía Mario Vargas Llosa en una
discusión en el año 2000, el Siglo XX ha sido el siglo más exitoso en términos
de resultados globales. El capitalismo mostró su músculo exitoso, creó empleo y
disminuyó la pobreza como ningún otro sistema, basando su superioridad en la
iniciativa privada y en la no intervención del gobierno en las actividades
productivas, actuando solo como regulador y verificar del cumplimiento de la
ley. Nosotros, acabamos de estar involucrados en una discusión casi enfermiza
sobre la superioridad de lo público y la demonización de lo privado. Asumiendo
que lo primero representa al pueblo y que lo segundo a la maldad de los
extranjeros. Todo basado en una narrativa en que los extranjeros son malvados a
los que hay que cerrar la puerta porque vienen a robarnos nuestras riquezas. Al
grado que algunos intelectuales pese a su consumo generalizado, siguen creyendo
que el cultivo del banano y su exportación a los Estados Unidos, ha sido la
peor operación que hemos tenido, pasando por alto que sin esa industria jamás
habríamos desarrollado la Costa Norte que pasó de tierras inundables e
improductivas a convertirse en el principal polo de desarrollo de la economía
hondureña.
Todos los economistas internacionales que
analizan la economía hondureña dicen que el principal problema es la
productividad. Entendida como “capacidad o grado de producción por unidad de
trabajo, superficie de tierra cultivada, equipo industria y otros”. Y en
términos económicos, “relación entre lo producido y los medios empleados tales
como mano de obra, materiales, energía y otros”. Es decir, la cantidad de
ladrillos que pega un albañil en una hora en comparación con otro. O de un
productor agrícola que cultiva arroz en Tocoa, en comparación con otro que
siembra la misma área en Comayagua. Incluso usando riego. Esta diferencia es la
que hizo que los constructores chinos del hospital de Choluteca hayan traído
capataces chinos porque son más productivos que sus colegas hondureños.
Con Armando Euceda intercambiamos ideas sobre los resultados del sistema educativo. Adicionalmente Mario Membreño nos ayudó mucho a entender el grado de eficiencia del sistema educativo con sus trabajos históricos sobre el surgimiento de la Escuela Superior del Profesorado. Euceda dice que algo “huele a podrido”, para referirse a la debilidad del sistema educativo que debe ser revisado en forma urgente. Hay que ver si es correcto que enseñamos a leer con un método usual para el inglés; y, si los niños al terminar la primaria saben leer o no. Y lo más importante si el instituto secundario, las universidades y el INFOP están formando recursos humanos libres, creativos e innovadores. Con Marco Tulio Medina hemos conversado sobre el número de patentes que se han registrado en Honduras en los últimos diez años y el resultado es para preocuparse. Los sordos que dirigen el país no siempre nos escuchan.

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