Contracorriente: LUIS REDONDO Y SUS 13 “SECUACES”
Juan Ramón Martínez
El ex presidente del Congreso tenía una deuda pendiente. Ahora parece que la sociedad está procediendo a cobrársela. En efecto Luis Redondo, Presidente del Congreso, en evidente obediencia a las órdenes que le impartiera Mel Zelaya, embarco al Congreso al que dirigía en calidad de Presidente de la Junta Directiva, en una serie de acciones ilegales. Las primeras de índole burocrática y las segundas abiertamente ilegitimas.
En efecto, paralizo el funcionamiento legislativo y como nadie en los últimos 46 años, había mantenido inmovilizado el Poder Legislativo. Sin explicación y legitimidad jurídica, dejo de convocar a los diputados a las sesiones que de conformidad a la ley estaba obligado para que cumplieran la totalidad de la legislatura correspondiente. La situación se volvió tan vergonzosa que en dos oportunidades, diputados opositores amparados en la Constitución, convocaron y sesionaran fuera del Palacio Legislativo, tomando decisiones que el Director de la Gaceta – otro de los secuaces-- se negó a publicar pero que fueron de conocimiento general porque se publicaron en sendos desplegados en dos periódicos de circulación nacional.
Tal comportamiento anómalo tenía su justificación en que la bancada oficialista del PLR – apodado Libre – no contaba con los votos suficiente que ordena la ley para elegir a Johel Zelaya como Fiscal General Interino y a Mario Morazán, como Fiscal General Adjunto Interino. Para darle satisfacción a las órdenes del caudillo propietario del PLR, Luis Redondo escucho la recomendación de sus abogados asesores y de por lo menos dos ex miembros constituyentes de la Asamblea Legislativa que voto la Constitución en 1982. Esta recomendación le permitía, -- una vez que se cumplió la fecha para el receso del Congreso – nombrar una “Comisión Permanente”, dándole a la misma, competencias que no tenía para que efectuara los nombramientos señalados anteriormente.
Los diputados opositores, los analistas políticos y los periodistas, aclararon al público y a los diputados oficialistas que la vía que habían encontrado como salida, conducía al abismo de la ilegalidad. Pero como la arrogancia es necia, Redondo y sus secuaces – igual que otros conspiradores contra la soberanía popular y la sucesión presidencial—siguieron de manera obstinada la ruta ilegal, porque era la más expedita para forzar las cosas y alterar el estado de derecho. Confiaban que si ganaban las elecciones del 30--N ratificarían las irregularidades; y que si el pueblo les daba la espalda, tenían otras medidas para obstaculizar la práctica del escrutinio general de las elecciones.
En efecto, Luis Redondo usando la “Comisión Permanente” – integrada por Hugo Noé Pino, Edgardo Cazaña, Fabricio Sandoval, Silvia Ayala, Juan Barahona, Sherly Arriaga, Kritza Perez, Osman Chávez, Linda Donaire, Carlos Raudales, Karen Martínez, Edis Moncada y Angélica Smith – incurrió en acciones ilegales que ahora la Fiscalía, en nombre de la sociedad, le está imputando ante los tribunales competentes. A el a su secuaces.
La Corte Suprema de Justicia, por la gravedad del asunto y porque varios implicados son diputados en el Congreso, ha nombrado una Juez Natural la que pronto hará de conocimiento público sus decisiones.
El delito está suficientemente configurado. Las justificaciones son difíciles. De modo que ya se anticipa incluso el grado de sanciones y los tiempos que les corresponderán cumplir en prisión a Redondo y sus secuaces. Incluso el mismo ex presidente del Congreso Luis Redondo, ha dado una explicación en la que, en vez de defender jurídicamente lo actuado, más bien reclama pagos por favores hechos al Presidente Asfura, en una forma de trueque inmoral de irregularidades y acciones ilegales. Es decir que, igual que como se desempeñó en el cargo, ahora se defiende con torpeza y falta de habilidad incluso para guardar ciertas formas de honorabilidad que entre otros delincuentes se acostumbran y que van desde “yo no fui”, hasta lo que “hice está plenamente justificado por “el interés nacional y los altos interese de la patria”. Nada de eso. Redondo es más burdo y elemental.
Aparentemente Redondo está solo y desamparado. Es fugitivo en España. Sin los asesores que pagaba el dinero público y sin las órdenes de su “patrón” Mel Zelaya, se encuentra prófugo sin justificarse e ignorando como defender acciones ilegales que tenían como objetivo final, alterar la sucesión presidencial y atentar en contra de la soberanía popular.
La acción que ejecuta la Fiscalía General es ejemplar. Igual que la forma como procede la Corte Suprema de Justicia. Están amparadas en el concepto que todos tenemos que cumplir la ley; y que todo lo que hace fuera de esta, constituye un delito expuesto a ser sancionado. Ha terminado la impunidad. Los delitos traen aparejados castigos inevitables.
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