Contracorriente: PRESUPUESTO, EGOÍSMOS Y RUINDADES
Juan Ramón Martínez
En la discusión anual del presupuesto nacional, Honduras muestra sus debilidades y falencias. La mayoría del mismo, no es financiado por el sistema hondureño que carece de capacidad para producir lo que necesita para operar durante un año. Siempre es deficitario. Se cubre con donaciones probables, préstamos inseguros; e imponderables. Esto no es de ahora, siempre ha sido así. Solo en un par de casos en el siglo XIX, Honduras tuvo un presupuesto equilibrado, con un leve superávit. Todo ello es el reflejo de la falta de voluntad política de una población que no sabe para qué ocupa al gobierno, cuál es el papel de los políticos; y que debe exigirle a los orientadores intelectuales que anda opinando sobre el mundo.
Pero también la construcción del presupuesto es
una clara indicación de la visión que Honduras y los hondureños tienen sobre el
tiempo. Los literatos y algunos filósofos niegan la existencia del tiempo.
Borges sostiene que solo existe el pasado y desde las ideas de Bergson, dice
que el presente son instantes fugaces y que no hay futuro, porque todo lo que
quedan son recuerdos; nada más. Einstein estableció el espacio—tiempo.
Como los hondureños viajan a contravía del
mundo consciente, creen que solo existe el presente, que no hay pasado; y que
en consecuencia, para que pensar en el futuro si “mañana nos vamos a morir”.
Esto está reflejado en el presupuesto: la casi totalidad, más del 90% es
destinado para el gasto corriente –que cubre las necesidades del “presente” de
los militares, policías, médicos, maestros, docentes universitarios y otros
burócratas– y muy poquísimo para inversión en infraestructura.
Lo poco, son fondos para que los constructores
consoliden “su presente”, descuidando las obras que la sociedad necesita para
avanzar, competir con los vecinos; y aumentar su presencia en los mercados
internacionales y en la entidades mundiales donde se define el futuro
planetario. Las estructuras básicas son en su orden, la retención de las aguas
de invierno para irrigar en el verano, el manejo de basura y aguas residuales,
el mantenimiento de las defensas para impedir las inundaciones, las vías
rápidas de comunicación –carreteras de velocidades cercanas a 100 kilómetros
por hora– , mejora de la generación de energía, construcciones de
edificaciones escolares y sanitarias, la ampliación de puertos y aeropuertos; y
la formación en el exterior de los recursos humanos necesario para mantener un
clima de innovación que permita caminar a la par de otras naciones del mundo.
Nada de esto hay en el presupuesto.
La última carretera moderna se construyó por
donación de la “Cuenta del Milenio”. La represa El Coyolar y el único distrito
de riego –inaugurada en 1950– no ha podido ser replicada en otro sector;
y a nadie le preocupa. El rio Choluteca represable por lo menos en tres
secciones; a nadie se le ocurre pensarlo. Y el sistema de riego que se
diseñó, para aprovechar la Costa de los Amates en Valle, tiene veinte años
paralizados. Mientras el río Goascorán lo inundan todos los inviernos sin que
nadie imagine un muro para controlarlo.
Lo peor: el presupuesto es usado para realizar
una pelea entre grupos, políticos e interesados en dar vida al “capitalismo de
compadres” que opera en el país. La UNAH pelea por el 6%, el Poder Judicial por
el 3%, el Fiscal General por el 2%, los militares por una tajada indefinida.
Cada desgracia un lamento. Valerio Ardón sin rubor, declaró que quiere más para
ayudarnos a evitar las inundaciones. Los médicos hasta el 17%, los burócratas
del ejecutivo 39% y los diputados en el Congreso, el resto para asegurar sus
campañas; y facilitar su reelección.
Porque aquí, todo el mundo anda detrás de lo
suyo. Al país que se lo lleve la mierda. No existe espíritu público.
En presupuesto es una trágica radiografía.
Confirma lo que la clase política piensa sobre el futuro mientras asegura el
atraso, favorece la corrupción y consolida la manipulación mental del hondureño
que atrapado, en la cola de los que se pelean por el presupuesto, que
aumentando sus lamentos, publicitan la adhesión a los caudillos y se suman a la
pelea subordinados a los que se llevan la mejor del presupuesto.
La frase que el dinero ajusta cuando no se lo roban, es cierta parcialmente. Los ladrones afortunadamente son más incompetentes que en otros países. Por ello no solo hay que sacarlos de la fiesta –de la que se han adueñado– sino que además, impedirles que sigan aprovechando la inocencia nacional y de la basura que producimos. Que algunos saben qué hacer con ella.

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