Los nuestros: HERNÁN CORRALES PADILLA, CIENTÍFICO Y POLÍTICO
Juan Ramón Martínez
Hernán Corrales Padilla nació en la ciudad de
Choluteca el 30 de agosto de 1924. Hizo sus estudios primarios en el Instituto
José Cecilio del Valle de su ciudad natal. Y se graduó de Médico General y
Cirujano en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Honduras. Fue
hijo de Cornelio Corrales Moncada y de Rosita Corrales. Tuvo otro hermano,
igualmente médico distinguido, Cornelio Corrales Padilla, un año mayor suyo,
especialista en radiología.
Hernán Corrales Padilla se especializó en
Dermatología en Chile y Estados Unidos. Además de la cátedra, la atención
privada a sus pacientes, se dedicó a la investigación científica en el campo de
la dermatología. Los resultados de sus investigaciones, especialmente sobre el
vitíligo y la influencia de la luz solar sobre la piel, le fueron reconocidos a
nivel mundial por instituciones como la prestigiosa Universidad de Harvard de
Estados Unidos. De forma que su prestigio como investigador y especialista, le
valieron para ser miembro de más de 60 organizaciones Internacionales de
Dermatología. Por sus indiscutibles méritos fue elegido para presidir la Asociación
Latinoamericana de Dermatología. Fue Ministro de Educación y desde ese cargo le
correspondió el honor de firmar el decreto que emitió la Junta Militar de
Gobierno otorgándole a la universidad donde se había graduado en calidad de
Universidad Nacional Autónoma de Honduras, UNAH. Fue decano de la Facultad de
Medicina, y en 1962 Rector de la UNAH. También representó a Honduras en el
exterior, desempeñándose como embajador en Estados Unidos.
Publicó varios libros de su especialidad entre
ellos “Deficiencia Mental y Piel”, “Fotodermatosis” El primero aborda una
cuestión que ningún otro científico se ha ocupado de continuar
desafortunadamente. En 1974 recibió el Premio Nacional de Ciencia José Cecilio
del Valle. Y en 1995 recibió el mismo premio, único caso en la historia
hondureña.
German Espinal, refiere que siendo el
estudiante universitario se reunían en la sede de FECESITLIH con un grupo de
personas que compartían lecturas y hacían juicios sobre la realidad política
del país. “Allí concurría Corrales Padilla. Debió ser el año 1967. En una
discusión, un joven universitario exaltado,-- con una chumpa militar más
grande que su cuerpo discreto en carnes-- en un intercambio de opiniones con
Corrales Padilla, le dijo muy disgustado que esperaba que algún día la
burguesía hondureña se suicidara; y que al día siguiente resucitara sirviendo
al proletario. Que para algunos sería difícil porque eran analfabetos en teoría
marxista. Corrales Padilla se sintió tocado por el agresivo joven cuestionador.
Pero no tomó la alternativa. Dejó pasar el exceso. Pero preparó la respuesta.
Varias semanas después invitó al grupo a su casa en la Colonia La Granja. Allí,
después de degustar algunos licores, llevó al grupo –éramos unas seis
personas–, a su biblioteca. El tamaño y la cantidad de libros
impresionaron a todos. Con naturalidad tomó uno de los textos que editaba la
Academia de Ciencias de la URSS; y abriendo una de sus páginas, las
mostró uno a uno. Era evidente que el libro había sido leído hacía mucho
tiempo. Con párrafos subrayados e incluso con escritura fina, e algunos
tramos se cuestionaban muchas de las generalizaciones marxistas, la
mayoría de las cuales eran panfletarias. El joven marxista intoxicado de
“guevarismo”, no tuvo otra alternativa que bajar la cabeza”.
Por sus prestigios académicos, sus antecedentes
familiares en el interior del Partido Nacional y sus originales simpatías por
su paisano y amigo el general Ing. Abraham Williams Calderón, Hernán Corrales
Padilla ocupó un lugar importante en el Partido Nacional. Era el único a su
nivel que podía disertar con un discurso retórico, bello y sonoro como los que
hacían los oradores liberales como Ramón Villeda Morales, Edgardo Paz Barnica,
Jorge Arturo Reina y Modesto Rodas Alvarado. Le decían el “pajarito azul”
algunos de sus amigos y admiradores. Que creían que era un seguro candidato
presidencial, una vez que el caudillismo conservador del Partido Nacional se
aquietara. Pero Hernán Corrales, en la medida en que pasaba el tiempo fue
descubriendo las debilidades del Partido Nacional. Por su formación humanista y
el conocimiento de la Doctrina Social Cristiana de la Iglesia Católica se fue
alejando del Partido Nacional, sin ruidos y sin berrinches. Se acercó más a las
tareas de la Iglesia Católica, en su calidad de feligrés practicante.
En 1968, emocionalmente estaba distante del
Partido Nacional y de una carrera política exitosa en ese partido político
conservador de Honduras. Por ello fue de los primeros en integrarse
al Partido Demócrata Cristiano, cuya fundación había ocurrido en septiembre de
1968. Lo conocí ese mismo año como paciente suyo en el Hospital Centro Médico
Hondureño en donde tenía su clínica. Era un extraordinario conversador, refería
anécdotas con fluidez natural; y en términos de lecturas era todo un humanista.
Le interesaba además de la medicina la historia, la sociología, la economía, la
antropología y por supuesto las Ciencias Políticas. En el PDCH, Corrales
Padilla en dos oportunidades fue su candidato presidencial haciendo una campaña
decente y colocando a ese partido que pocos conocían a la altura de las
esperanzas populares. En representación del PDCH, Hernán Corrales Padilla
se desempeñó exitosamente como Diputado en el Parlamento Centroamericano.
Posteriormente fue miembro de la Comisión de
Reconciliación Nacional durante los gobiernos de José Simón Azcona y Rafael
Leonardo Callejas. Y como último servicio al país formó parte de la Comisión
que estudió y busco una forma nueva de operación del sistema policial
hondureño.
Contrajo matrimonio con Gloria Álvarez con la que procreó una numerosa familia: Hernán, Gloria María, Rosa María, Lourdes, Patricia, Ana Consuelo, Arturo, Teresa y Pablo. Falleció en Tegucigalpa, víctima de un accidente automovilístico ocurrido en las cercanías de La Venta, Francisco Morazán en la Carretera del Sur, el 16 de enero de 1999. Está enterrado en Jardines de Paz Suyapa, en la ciudad capital de Honduras.

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